Es la primera intervención de este tipo en la antesala del invierno, período crítico para el sistema gasífero que va de mayo a septiembre. Aunque aún no llegaron las semanas de mayor consumo, la suba repentina de la demanda ya empezó a poner presión sobre la red.
Suba de la demanda por la baja de temperatura
Los datos de Enargas reflejan el salto en el consumo. La demanda prioritaria —que incluye hogares, hospitales y escuelas— alcanzó los 41 millones de metros cúbicos diarios, muy por encima de los 32,7 millones registrados en la misma semana del año pasado.
El factor clave fue la temperatura: este año promedió 12,5°, contra los 18,6° del mismo período de 2025.
Alrededor del 30% de esa demanda corresponde al AMBA, la región con mayor concentración de usuarios residenciales. De todos modos, los niveles actuales todavía están lejos del pico invernal, cuando el consumo total del país puede trepar a los 100 millones de metros cúbicos diarios.
En este esquema, el tipo de contrato define quiénes sufren los cortes. Las estaciones con contratos firmes continúan operando normalmente, aunque pagan más por esa garantía. En cambio, las que tienen contratos interrumpibles —más económicos pero sin prioridad— son las primeras en quedar fuera, al igual que algunas industrias.
La implementación queda en manos de cada estacionero, pero existen sanciones para quienes superen los volúmenes contratados. En esos casos, deberán abonar una multa equivalente al valor de un litro de nafta súper por cada metro cúbico excedido.
El rol del gas importado
A pesar del crecimiento de la producción local, especialmente en Vaca Muerta, Argentina sigue necesitando importar gas durante el invierno. El principal motivo es la falta de infraestructura suficiente para transportar toda la producción interna.
El gas natural licuado (GNL) que llega en barcos —y se regasifica en la terminal de Escobar— es clave para cubrir los picos de consumo. Se utiliza principalmente cuando aumenta la demanda por calefacción, actividad industrial y generación eléctrica.
Aunque es más caro que el gas local y parte de su costo es absorbido por el Estado, permite evitar faltantes en momentos críticos. En ese contexto, los recortes a contratos interrumpibles forman parte del esquema habitual para priorizar a los usuarios residenciales.
Sin embargo, los datos de Enargas indican que todavía no arribó ningún buque y las importaciones desde Bolivia fueron mínimas.
Para 2026 se prevé la llegada de unos 20 cargamentos de GNL, menos que en años anteriores, en línea con la menor dependencia externa. Aun así, el escenario internacional suma incertidumbre, con precios que se mantienen por encima de los del año pasado tras las subas registradas en marzo.
Frente a este panorama, el Gobierno decidió que la empresa estatal Enarsa continúe encargándose de la compra y logística del GNL para el invierno, luego de suspender una licitación que buscaba transferir esa operatoria al sector privado.
La compañía ya inició gestiones para asegurar los primeros envíos en mayo, con la intención de adelantarse a los meses más exigentes. Sin embargo, la llegada anticipada del frío alteró los planes oficiales y obligó a aplicar restricciones sobre los consumos no garantizados desde este martes.