En conjunto, ambas ampliaciones alcanzan un monto máximo de US$2.000 millones. La resolución establece que los títulos se emitirán por el monto que resulte necesario para concretar la conversión con el Banco Central y dentro de los límites previstos en el Presupuesto 2026.
La cantidad exacta de LELINK que recibirá el BCRA se determinará en función de los precios de mercado de los instrumentos involucrados. Para establecer los valores de la operación, se tomarán los precios en pesos publicados por Bolsas y Mercados Argentinos (BYMA) inmediatamente antes de las 13.30 del día en que se concrete el canje.
Una herramienta para intervenir en el mercado cambiario
La operación forma parte de la estrategia del Gobierno para administrar los vencimientos de deuda del Tesoro y, al mismo tiempo, ampliar el margen de maniobra del Banco Central frente a eventuales episodios de presión cambiaria.
En la práctica, el organismo reemplazará una tenencia de títulos en pesos por instrumentos cuyo capital está vinculado a la evolución del dólar y que tienen vencimientos próximos. De esta manera, el BCRA suma activos que pueden ser utilizados como herramienta de cobertura cambiaria.
A fines de agosto, cuando el dólar mayorista superó los $1500, el mercado ya había registrado distintas señales de una mayor participación del Banco Central para contener la cotización. En ese contexto, el organismo había incorporado nuevas herramientas y el Gobierno había oficializado otro canje de títulos públicos.
Una de las alternativas disponibles para el BCRA es la venta de bonos vinculados a la evolución del tipo de cambio oficial, que permite ofrecer cobertura cambiaria a los inversores que buscan protegerse ante una eventual suba del dólar.
En esos días, además, los operadores financieros habían detectado un incremento tanto del volumen como del interés abierto —los contratos que permanecen vigentes al cierre de cada jornada— en las posiciones más cortas del mercado de futuros, principalmente las correspondientes a agosto y septiembre. El movimiento fue interpretado como una señal de una participación más activa del Banco Central.
Al mismo tiempo, el organismo había reducido el ritmo de acumulación de reservas y el Gobierno había comenzado a tolerar tasas de interés en pesos más elevadas con el objetivo de evitar una mayor presión sobre el dólar.