Tras la votación del 14N

Elecciones 2021: qué va a pasar con el dólar, el peso y la economía después del domingo

Cuatro economistas con distintas miradas dan su opinión. ¿Es posible una devaluación como la de 2014? ¿Habrá un sacudón o un deslizamiento en línea con la inflación?
Carlos Toppazzini
por Carlos Toppazzini |
Según algunos analistas económicos

Según algunos analistas económicos, sin credibilidad al Gobierno se le complicará bajar la inflación.

Por eso, A24.com consultó a 4 economistas para delinear qué podría pasar con las principales variables económicas a partir de la semana próxima, una vez conocidos los resultados formales de las legislativas.

Para pensar el día después de las elecciones, Miguel Boggiano, asesor y CEO en Carta Financiera, imagina un resultado electoral en el cual al oficialismo “le va todavía peor que en las PASO” y considera que habrá “un enorme reacomodamiento de poder interno superior a lo que vimos después de las PASO”.

Por su parte, el economista y docente de la UBA, Agustín D´Attellis, sostiene que “hay un nivel de incertidumbre altísimo en relación a variables como dólar, inflación y medidas, porque se está esperando -y por eso la brecha está subiendo- que el dólar siga este camino alcista”.

El dólar después de las elecciones

Efectivamente, uno de los temas que domina la agenda de cara a las próximas elecciones 2021, es el dólar. En este sentido, Lorenzo Sigaut Gravina, director de análisis macroeconómico y socio fundador de Equilibra, considera que no puede seguir un tipo de cambio oficial que se mueva en torno al 1% mensual cuando la inflación está en 3% mensual, por lo que deberán “levantar el ancla cambiaria”. ¿Qué significa? Que el tipo de cambio oficial se mueva por lo menos en línea con el resto de los precios de la economía.

El problema es que, si la inflación fue 3% con el dólar moviéndose a 1%, cuando “sueltes el dólar, la inflación puede subir”, dice. Pero, repite, “de la otra manera es inviable con precios creciendo al 3%, hay que cerrar esa brecha”.

Según Federico Moll, director en la consultora Ecolatina, “ahora tenemos una movilidad alta con una tasa de interés similar y, en ese marco, si no hay un aumento muy fuerte de la tasa de interés es poco viable una estrategia de deslizamiento cambiario exitosa”.

De todas formas, advierte, “eso no quiere decir que no lo vayan a intentar y, de hecho, nuestro escenario más probable es que lo intenten”. Efectivamente, aporta el economista, “hay un intento de las autoridades por ir moviendo el tipo de cambio por encima de la inflación e ir ganando algo de competitividad. Veremos cómo sale”.

Por su parte, D´Attellis opina que la discusión es “qué decisión tomará el gobierno después de estas elecciones, un salto discreto en el tipo de cambio o si va a acelerar el ritmo de deslizamiento que tiene el dólar y qué margen hay para cada una de estas decisiones”. Su percepción es que “la decisión política en torno a este tema es muy incierta”.

No obstante, cree que se acelerará el deslizamiento y evitarán un salto abrupto en el tipo de cambio porque no hay mucho margen a nivel de estructura social, precios y demás para un impacto devaluatorio como el del 2014, por ejemplo, que muchos citan como antecedente de lo que puede pasar”. De cualquier manera, dice, “hay muy bajo nivel de reservas y evitar ese escenario no es tan sencillo”.

Para Boggiano, en tanto, “una decisión audaz sería terminar con el cepo de cuajo”. Si el dólar fuera libre a $200, “entran dólares en fila, principalmente de argentinos y ni te digo de las empresas extranjeras”. Pero, asegura, es una decisión a tomar porque “sino van a estar siempre corriendo detrás”.

Inflación y el fantasma de la devaluación

Otra inquietud que circuló estos días entre el ambiente financiero argentino era si realmente había posibilidad de una devaluación como la del 2013, cuando después de las elecciones legislativas, en el gobierno de Cristina Fernández, se devaluó la moneda local y la inflación pasó del 20% al 40%.

Federico Moll explica que, en esa oportunidad, “Kicillof quiso acelerar el ritmo de depreciación de la moneda: salto cambiario en 2014, administrar el colchón y llegar a las elecciones de 2015 con el atraso más alto posible”.

En la actualidad, asegura, “no resulta obvio que no vayan a intentar un movimiento similar para acelerar el ritmo de depreciación por encima de la inflación e ir recuperando algo de la competitividad perdida en el período pre elecciones”. Sin embargo, reconoce, “si en ese entonces la posibilidad de éxito era baja, ahora lo es más todavía”.

Para Lorenzo Sigaut Gravina, “la situación social y política es mucho más débil que en 2013, con lo cual una devaluación tendría un impacto mucho más duro porque ya venimos de casi una gran crisis 2018, 2019 y 2020 por la pandemia”.

La pregunta, según el economista, es si el Gobierno puede evitar otro sacudón económico y social para que no pase lo del 2013 que primero se aceleró la depreciación y después terminó con un salto a fines de enero 2014”. En definitiva, habrá que ver si en el acuerdo con el Fondo no se pide algo por el estilo y si el Gobierno está dispuesto a una corrección del tipo de cambio real más fuerte”.

“Posibilidades hay”, dice Agustín D´Attellis, para quien incluso la situación actual es “mucho peor que la de 2013”. De todas formas, no le parece viable la alternativa devaluatoria porque con el “traslado directo a precios y su impacto después de 4 años acumulados de pérdida del poder adquisitivo de los salarios empujaría todo a una situación bastante delicada ”.

Insiste en que la intención del Gobierno será aumentar el ritmo de deslizamiento del tipo de cambio más parejo con la inflación y con medidas que apunten a contener la inflación para llevarla a niveles más bajos. Sin embargo, advierte, “puede pasar algo diferente y que el mercado te empuje en otra situación”.

Más categórico, Miguel Boggiano señala que para bajar la inflación se necesita credibilidad, “algo que el Gobierno no tiene y no sabe qué hacer para recuperarla”. Y agregó: “Si no se toman medidas en ese sentido, no tienen ni una chance de frenar la inflación en el 2022 o 2023, seguirá subiendo”.

Por último, remarca, “soy muy pesimista respecto de la inflación porque es improbable que el Gobierno tome las medidas audaces necesarias para recobrar confianza y seguimos con expectativas inflacionarias altísimas. Salvo que brinde señales claras de que recortará gastos, atacará el déficit fiscal y dejará de imprimir pesos para financiar toda la fiesta de gastos”.

Para el asesor de Carta Financiera, “tiene que tomar medidas que sean mucho más pro-mercado, dejar de perseguir a las empresas, porque los empresarios son los que dan trabajo a la gente”.

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