La difusión de las últimas medidas (fuertes restricciones a las
empresas, límite de 10.000 dólares mensuales para la compra individual y
extensión del horario bancario hasta las 17 para que los ahorristas puedan
retirar fondos, entre otras) fueron recibidas por los economistas de todas las
extracciones con una insólita coincidencia: todos creen que son necesarias,
aunque en privado muestran un marcado escepticismo.
En un unísono inesperado, liberales y heterodoxos, opinan
que ahora lo único que queda es elevar una plegaria a los mercados para
atravesar de la mejor manera posible la transición de estos 100 días. En una
recurrente y amarga parábola del destino argentino, una vez más hay que citar
aquella frase del ministro de economía Juan Carlos Pugliese, con quien Raul
Alfonsín intento apagar el incendio del fracaso del Plan Austral: “Les hablé
con el corazón y me contestaron con el bolsillo”.
“Tarde, inconsistente y mal”. Así evaluó los anuncios de ayer un economista cercano a Alberto Fernández y que supo tender directa relación con Cristina Kirchner. “Ya no hay credibilidad y la situación se deterioró mucho”, agregó ante una consulta de A24.com. “Hicieron muchas cagadas durante estos años, pero más durante estos días”, remató en forma lacónica.
Otra evaluación que durante las últimas horas se realizó
entre las filas de la oposición peronista es que al Gobierno (a la gestión de
Lacunza en Hacienda) no le quedaba otra opción que llegar a esta instancia y
concretar estos anuncios. Estimaban que sin implementar un control de cambios
fuerte y obligar a los exportadores a liquidar dólares, hoy no podrían haber
abierto los bancos. Creen que la corrida que desató el anuncio de “reperfilamiento”
de deuda sobre los fondos comunes de inversión provocó una crisis sobre la
crisis y el sistema no soportaba más en las condiciones de la semana pasada. El
último viernes los pequeños ahorristas se habían volcado masivamente a retirar
sus ahorros en dólares de los bancos y eso era un indicio de abismo cercano.
Ahora, en la principal fuerza de oposición, a las puertas de
la Casa Rosada, estiman que con estas decisiones el macrismo va a poder evitar
en lo inmediato la “espiralización” en alza del precio el dólar y zafar de una
devaluación que conduzca a una hiperinflación de consecuencias imprevisibles.
Pero descreen de que se pueda parar la sangría del público minorista, que no
hace un análisis tan profundo de la situación y reacciona inmediatamente ante
rumores y dudas. De todos modos, coinciden, en que “la plata de la gente va a
estar”.
En la tarde de ayer, si se hurgaba un poco más profundo
entre representantes del sector bancario (en estricto off de récord, ya que
nadie quería hablar en público) se escuchaban pronósticos mucho mas pesimistas.
Hay que decirlo.
A partir de hoy se espera, sobre todo, una fuerte presión
sobre el Dólar Blue y que los ahorristas hagan filas en sucursales de entidades
bancarias. Y Mauricio Macri tiene una última esperanza: llegar al 27 de octubre
sin verse obligado a implementar un corralito, el estigma que quiso evitar en
2015 y que ha empezado a perseguirlo sin tregua, como el Coyote al Correcaminos.