Con el 4,8% de inflación en marzo, el fracaso quedó claro. Desde entonces surgió la intención oficial de dar de baja Precios Máximos y poner en marcha una canasta de precios congelados hasta noviembre, de manera tal de contener las subas antes de las elecciones.
Para que llegue a los sectores de menos ingresos, Español propuso que los productos tengan el precio en los envases. Un pequeño detalle: los precios de un mismo bien varían de provincia en provincia, de municipio en municipio, de barrio en barrio. Dependen de los impuestos de cada localidad, de los alquileres, de la demanda, de la logística. La idea de manejar los precios desde un Excel en una computadora de escritorio se chocaba con la realidad.
Con todos estos inconvenientes, las empresas no se sumaban mayormente a la canasta de Español. Además entraba en la negociación la liberación de “Precios Máximos” contra la inclusión en la nueva canasta. Mientras, los precios siguen subiendo como quedó reflejado en la medición de abril con el 4,1% informado.
Por ahora no entran en discusión otros factores relevantes en la suba de los precios: la política monetaria del BCRA, las tasas de interés en pesos, la “bola de nieve” que se está formando con las Letras de Liquidez del BCRA (Leliq), las expectativas de devaluación con la brecha cambiaria de 70%, el posible default con el FMI. Lo único seguro es que la inflación marcha segura, sin obstáculos por delante.