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La entrevista de Diego Maradona con Daniel Hadad: "Tengo miedo como todo el mundo. O sea, que el Barba diga te tocó"

La entrevista de Diego Maradona con Daniel Hadad:
Diego Maradona y Daniel Hadad

Daniel Hadad le hizo a Diego Armando Maradona en los estudios de Canal 9 el 24 de agosto de 2004, en uno de los años más difíciles del Diez. Habla de la Argentina, de Cuba, de su enfermedad, de la Justicia, de Guillermo Coppola, su dinero, la familia, Claudia Villafañe, sus miedos, su visita a Néstor Kirchner, las drogas y sus errores,

Contra su voluntad, en mayo de 2004 su familia decidió internarlo en una clínica neuropsiquiátrica de Ituzaingó, en la provincia de Buenos Aires.

La decisión había sido tomada luego de que estuviera hospitalizado dos veces con problemas respiratorios, con su corazón golpeado, otra vez al borde de la muerte.

La situación había llegado a tal punto que las autoridades de la clínica se presentaron ante la justicia para advertir que Maradona estaba allí por decisión familiar, para evitar cualquier acusación de privación ilegal de la libertad. Pocos días después, el juez de familia Norberto García Vedia declaró que el ex futbolista ya no podría dejar la clínica neuropsiquiátrica, sin una orden de la justicia: “Él no está en condiciones por ahora de decidir. Está bajo los efectos de una crisis”, dijo el magistrado en medio de los periodistas que esperaban noticias en los tribunales de Morón.

Luego de tres meses de internación, y con signos de recuperación notorios, Maradona comenzó a pedirle al juez que le permitiera viajar a Cuba para seguir la rehabilitación.

Diego Maradona (la herencia)
Diego Maradona (la herencia)

En ese marco, Diego dio la primera entrevista para mostrar sus adelantos. Durante una hora se confesó con Daniel Hadad en Canal 9. Allí el Diez aceptó hablar de todo, reconocer sus errores y exponer sus miedos.

En ese mano a mano exclusivo, Maradona dejó frases que hoy toman otra dimensión, tras su muerte. Hacia el final de la entrevista, Hadad le preguntó de quién le gustaría despedirse o saludar cuando se fuera para Cuba. Sin dudar, Diego le dijo que a nadie y dio sus razones: “Nunca, nunca me gustó despedirme. Las despedidas son feísimas. Son feísimas. Pero seguramente sin que se den cuenta les voy a dar un beso”.

En una parte de la entrevista, Diego comparó la educación que recibió él y la que pretendía para sus hijas. Y contó, con ternura, cómo comprendía actitudes de sus padres cuando todo escaseaba en Villa Fiorito: “Mi viejo no tenía tiempo para ser amigo mío. Mi viejo se acostaba a las 9 de la noche para despertarse a las 4 de la mañana e irse a la fábrica... ¿entendés? Y no tenía tiempo. Venía a las 6 de la tarde, comía y se volvía a acostar para así seguir la cadena. Y claro, yo rompía las zapatillas y era lo único que tenía, mi viejo no tenía para… Yo rompía las zapatillas y mi viejo me daba... Mi vieja me decía ‘mirá, ahora cuando venga tu papá vas a ver’. Cuando yo veía a mi viejo, veía... ¿Sabés qué? A Freddy Krueger...”

Por otro lado, aunque ya había estado varias veces al borde de la muerte y había salido adelante, Diego admitía temer que “el Barba” (como lo llamaba a Dios) lo señalara: “Sí, tengo miedo. Tengo miedo como todo el mundo. O sea, que el Barba diga te tocó. Y bueno, será porque me tengo que ir. Yo creo que hay un Barba y que es justo y que cuando te toca, te toca”.

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