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Por qué los candidatos políticos argentinos ganan elecciones a pesar de sus problemas judiciales

Catalina de Elía
por Catalina de Elía |
Por qué los candidatos políticos argentinos ganan elecciones a pesar de sus problemas judiciales

Un tuit del colega Martín Angulo disparó la inquietud. Es que en la actualidad o en el pasado, un procesamiento por presunta corrupción no ha impedido que importantes candidatos de distintos espacios y escalones políticos ganen elecciones en la Argentina. Aquí no hay grieta. Es cierto que hasta tanto una sentencia firme destruya el estado de inocencia, todo el mundo puede ejercer sus derechos políticos. Pero la ética también cuenta.

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Veamos algunos ejemplos, más allá de la culpabilidad o inocencia de cada uno, para luego analizar los por qué.

El ex presidente Carlos Menem quizás sea el caso más emblemático. Es que ocupa una banca en el Senado desde hace más de doce años durante los que enfrentó acusaciones, procesamientos e incluso condenas. Nada de ello afectó sus chances de ser reelecto.

De un lado de la grieta está el caso de Mauricio Macri que, aún procesado desde 2010 en la causa por escuchas telefónicas ilegales cuando era jefe de Gobierno porteño, asumió como presidente electo por la mayoría de los argentinos el 10 de diciembre de 2015. Igualmente, fiel al estilo Comodoro Py, tan solo unos días después (el 29 de diciembre), fue sobreseído por el juez Sebastián Casanello.

Del otro lado de la grieta, Cristina Fernández de Kirchner que fue procesada en mayo de 2016 por la causa “dólar futuro”, en diciembre de 2016 por “obra pública” y en abril de 2017 en “Los Sauces” ganó las PASO 2017 como candidata a senadora. Aunque todavía no está confirmado si va a competir, encuestadoras como Isonomía, la dan hoy como posible ganadora en un balotaje con Macri a pesar de que tiene once procesamientos, cinco pedidos de prisión preventiva y cinco causas elevadas a juicio oral y público.

La misma situación se repite en todos los estamentos de la política. Tal es el caso del intendente de Cambiemos en Paraná, Sergio Varisco, que ganó las PASO el pasado 14 de abril, a pesar de estar procesado en una causa de narcotráfico desde el 18 de junio de 2018, que incluso fue elevada a juicio oral. Además, Varisco debe declarar mañana en otra causa en el que está imputado por colgarse de la luz durante tres años.

Aunque las razones del voto de los ciudadanos argentinos son múltiples y, muchas veces indescifrables, hay algunos factores que podrían contribuir a comprender por qué la corrupción no determina el voto.

1- En plena campaña 2019, la mayoría de las encuestadoras coinciden en algo: la corrupción no está primera en la lista de prioridades en un contexto de recesión, con un índice de inflación del 4,7%, pobreza arriba del 30% y desempleo que supera el 9%. De este modo, los sondeos de Isonomía ubican a la corrupción recién por debajo de la economía y la seguridad. Management & Fit y Synopsis, luego de la economía.

2- Finalmente lo reconoció el presidente de la Corte Suprema Carlos Rosenkrantz en su primera apertura del año judicial: “Los argentinos están perdiendo la confianza en el Poder Judicial”. Probablemente esta tardía, pero tan necesaria autocrítica, sea de los pocos temas que atraviesan la grieta. Los sondeos de opinión revelan que la gran mayoría de los argentinos desconfía de la transparencia y la equidad del Poder Judicial. A pesar de las buenas voluntades, sobre todo desde Comodoro Py, han hecho mérito para que así sea. El Poder judicial argentino acaricia a los poderosos y aplasta a los débiles. “No hay mejor encuesta que la de los jueces de Comodoro Py”.

Más allá de la culpabilidad o inocencia y que Casación acaba de confirmar que el 21 de mayo arranca el juicio de "Obra Pública", solo basta ver, durante el largo año electoral, qué sucede con los debates orales de Cristina Kirchner y su familia y con las causas que involucran a la familia presidencial.  

A nadie le conviene una reforma integral de la Justicia que cambie todo esto.

3- Pero más allá de encuestadores, consultores, jueces y fiscales hay un dato real e indiscutible: la sociedad argentina tiene una alta tolerancia frente a la corrupción.  La cuestión preocupa en momentos de crisis económica y desaparece en épocas de bonanza. En todas las sociedades existe un hiato entre las leyes y las prácticas. En nuestro país es mayor aún. El filósofo Carlos Nino habló de anomia boba, porque los argentinos tendemos a violar la ley aunque no ganemos nada con ello. Lo hacemos por el solo hecho de violarla.

La política es un producto social. No puede ser diferente a la identidad de quienes la practican.