Rhiley Morrison tiene 12 años y vive en Prestwich, Reino Unido. Su curiosidad por el mundo experimental y fantástico casi le vale la vida, ya que ingirió 54 imanes para convertir a su cuerpo en uno "magnético". Para su suerte, su madre, al enterarse de lo que había hecho, lo llevó al hospital, donde se los pudieron extraer tras 6 horas de cirugía.












