Fernando, que cumplió 14 el 24 de marzo en confinamiento, es el embajador de asuntos exteriores de la familia: sale, con el único barbijo con el que cuentan, y baja hasta el estacionamiento del edificio donde les dejan, apoyadas en el piso, las bolsas del súper.
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Tienen 11 hijos, están en cuarentena y todos tienen coronavirus
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Hacer las compras, para una familia de 13, es devastador. Los Cebrián, consumen, por ejemplo, seis litros de leche por día.
Y ni hablar cuando llega la hora de asistir a clase online: “Lo difícil aquí es conseguir una computadora o una tablet. No hay para todos. Nos vamos turnando”, admite Chema, que está teletrabajando desde su casa. Es arquitecto y enseña en una escuela de diseño de Valladolid. “Hemos desenterrado dos tablets viejas, luego, nos arreglamos con el celular de mi mujer y el mío más un portátil y la computadora familiar. Eso sí, si nos quedamos sin wi-fi es el naufragio absoluto.”
Chema cuenta que intentan pasar los días de encierro "con buen humor, con paciencia y rezando mucho, tengo que decirlo".