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Aumento confirmado para el Ejército: ¿cómo serán los sueldos en abril de 2026?

El Gobierno Nacional de Colombia implementó durante el último año una medida que continúa generando repercusiones en 2026: un incremento del 7% en los salarios de la Fuerza Pública, que alcanza tanto a las Fuerzas Militares como a la Policía Nacional. La disposición, que ya se encuentra plenamente vigente, impacta de manera directa en miles de efectivos en todo el territorio, desde los rangos más altos hasta los agentes recién incorporados.

Aumento confirmado para el Ejército: ¿cómo serán los sueldos en abril de 2026?

El Gobierno Nacional de Colombia implementó durante el último año una medida que continúa generando repercusiones en 2026: un incremento del 7% en los salarios de la Fuerza Pública, que alcanza tanto a las Fuerzas Militares como a la Policía Nacional. La disposición, que ya se encuentra plenamente vigente, impacta de manera directa en miles de efectivos en todo el territorio, desde los rangos más altos hasta los agentes recién incorporados.

Este ajuste no solo responde a una actualización económica, sino que también refleja una estrategia estatal orientada a sostener el poder adquisitivo de quienes cumplen funciones clave en materia de seguridad y defensa. En un contexto marcado por la inflación y la presión sobre el costo de vida, la medida se presenta como un intento de equilibrar ingresos y responsabilidades dentro de una estructura jerárquica altamente exigente.

Un aumento con base legal y estructura escalonada

El incremento salarial no surge de manera aislada. Está respaldado por lo dispuesto en la Ley 4 de 1992, una normativa que establece los criterios para la fijación de salarios en el sector público, incluyendo la Fuerza Pública.

El principio central de esta ley es la proporcionalidad: los sueldos se determinan a partir de un porcentaje del salario base asignado al rango más alto, es decir, el de general. A partir de allí, se construye una escala descendente que define cuánto percibe cada jerarquía.

Este sistema, si bien ha sido cuestionado en algunos sectores por la brecha entre rangos, permite mantener una estructura ordenada y previsible en la asignación de ingresos, respetando el nivel de responsabilidad y experiencia de cada cargo.

Radiografía salarial: cuánto gana cada rango en abril de 2026

Con la aplicación del aumento, los salarios dentro de la Fuerza Pública quedaron definidos de la siguiente manera para abril de 2026:

Altos mandos militares

  • General: $30.380.009
  • Mayor general: $22.756.645
  • Brigadier general: $20.372.113

Oficiales superiores

  • Coronel: $15.736.402
  • Teniente coronel: $9.143.694
  • Mayor: $4.477.747

Oficiales subalternos

  • Capitán: $3.684.989
  • Teniente: $3.218.909
  • Subteniente: $2.845.907

Suboficiales

  • Sargento mayor: $3.202.367
  • Sargento primero: $3.171.108
  • Sargento viceprimero: $2.490.443
  • Sargento segundo: $2.275.647

Personal de base militar

  • Cabo primero: $2.104.911
  • Cabo segundo: $2.040.492

Escalafón policial

  • Comisario: $5.191.059
  • Subcomisario: $4.407.683
  • Intendente jefe: $4.196.191
  • Intendente: $3.983.234
  • Subintendente: $3.183.010
  • Patrullero: $2.495.458

Agentes según antigüedad

  • Más de 10 años: $1.850.736
  • Entre 5 y 10 años: $1.805.053
  • Menos de 5 años: $1.533.302

Este esquema pone en evidencia una fuerte segmentación salarial, donde los ingresos crecen de manera significativa a medida que se asciende en la carrera.

Primas especiales: el beneficio adicional para la cúpula

Uno de los aspectos más destacados del esquema salarial es la continuidad de una prima adicional del 16,5% destinada a coroneles y generales, vigente desde 2023 y mantenida en 2026.

Este complemento representa un reconocimiento económico a la trayectoria, la experiencia acumulada y la responsabilidad estratégica que recae sobre los altos mandos. En la práctica, eleva de manera considerable los ingresos de quienes ocupan posiciones de conducción dentro de las fuerzas.

Sin embargo, esta política también ha generado debates en torno a la equidad interna, especialmente entre los rangos medios y bajos, que no acceden a beneficios de igual magnitud.

Impacto económico: entre el alivio y la presión inflacionaria

El aumento del 7% llega en un momento clave para la economía colombiana. La inflación y el encarecimiento generalizado de bienes y servicios han afectado el poder adquisitivo de amplios sectores, incluyendo a los integrantes de la Fuerza Pública.

En este contexto, la suba salarial funciona como un mecanismo de compensación parcial, que busca evitar una pérdida significativa del ingreso real.

Entre los principales efectos se destacan:

  • Mejora del poder de compra, especialmente en rangos medios.
  • Mayor estabilidad financiera para familias vinculadas a la fuerza.
  • Reducción del estrés económico en sectores con ingresos más bajos.

No obstante, algunos analistas advierten que estos incrementos deben ser acompañados por políticas macroeconómicas más amplias, ya que los ajustes salariales por sí solos no neutralizan el impacto inflacionario.

Motivación y retención: claves detrás de la medida

Más allá de lo económico, el aumento salarial también tiene una dimensión institucional. Desde el Gobierno, se plantea como una herramienta para:

  • Fortalecer la moral del personal
  • Incentivar la permanencia en la carrera
  • Reconocer el esfuerzo en contextos de alta exigencia

La Fuerza Pública cumple funciones críticas en seguridad, lucha contra el crimen organizado y control territorial. En ese marco, garantizar condiciones salariales adecuadas es visto como un factor clave para mantener la eficiencia operativa y evitar la fuga de talento.

El vínculo con el IPC: cómo se definirán los próximos aumentos

De cara al futuro, el Gobierno ya estableció un criterio para los próximos ajustes salariales: estarán atados al Índice de Precios al Consumidor (IPC) del año anterior, con un adicional del 1,9%.

Este mecanismo apunta a generar una actualización automática y previsible, alineada con la evolución de la economía. En términos prácticos, implica que los salarios de la Fuerza Pública seguirán una lógica de corrección periódica para evitar rezagos frente a la inflación.

Sin embargo, la efectividad de este sistema dependerá de múltiples factores, entre ellos:

  • La precisión de las mediciones inflacionarias
  • La estabilidad macroeconómica
  • Las decisiones fiscales del Estado

Desigualdad interna: una discusión que persiste

Si bien el aumento representa un avance, también reaviva un debate histórico: la brecha salarial entre los distintos rangos.

La diferencia entre lo que percibe un general y un agente con menos de cinco años de servicio es significativa, lo que plantea interrogantes sobre la distribución interna de los recursos.

Algunos sectores sostienen que sería necesario:

  • Revisar la escala salarial
  • Fortalecer los ingresos en los rangos más bajos
  • Ampliar beneficios complementarios

Otros, en cambio, defienden el esquema actual, argumentando que refleja de manera adecuada las responsabilidades y exigencias de cada nivel jerárquico.

Una política que combina economía y estrategia

El aumento salarial en la Fuerza Pública de Colombia no puede analizarse únicamente desde una perspectiva financiera. Se trata de una medida que combina objetivos económicos, sociales e institucionales.

Por un lado, busca proteger el ingreso de los uniformados frente a un contexto adverso. Por otro, intenta fortalecer la estructura de seguridad del país, garantizando que quienes la integran cuenten con incentivos adecuados.

En definitiva, el desafío para los próximos años será lograr un equilibrio entre:

  • Sostenibilidad fiscal
  • Equidad interna
  • Eficiencia operativa

Un equilibrio que, como muestran los datos actuales, aún está en proceso de construcción.

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