En San Pablo, el número de muertos por Covid ya superó la cantidad de muertes por asesinatos que registró la principal ciudad de Brasil en todo 2020.
Calles de Brasilia.jpg
Las UTI están llegando al límite en todo Brasil (Foto: AP)
Río de Janeiro, con más medidas de aislamiento
La segunda ciudad del país lleva días con restricciones de movimiento. Tiene impuesto un toque de queda nocturno. Ahora, se prohíbe la actividad en la playa y la venta callejera sobre las mismas. Todo para intentar restringir los contactos estrechos, especialmente en la vía pública.
La crisis sanitaria es tal que la "ciudad maravillosa" superó el 75% de la capacidad hospitalaria. Ya hay 16 hospitales colmados de víctimas de coronavirus.
Ante la llegada de la Semana Santa, el alcalde, Eduardo Paes, planea adelantar los feriados, de tal manera que habría una semana sin actividad comercial o pública en la ciudad. Paes resumió así las nuevas medidas: "Hacemos esto para evitar un bloqueo total de actividades".
La vacunación, otra cuestión en falta
El presidente Jair Bolsonaro inició tarde las gestiones para hacerse de vacunas ante la acotada oferta mundial. Tal vez, por pensar que se trataba apenas de una "gripezinha". Pero luego cambió ante la contundencia de la pandemia en su país: anunció un convenio especial con AstraZeneca (fue, incluso, un país experimental para la vacuna) y tuvo que ceder en su oposición inicial a la compra de la vacuna China. A esta altura de marzo, Sinopharm es la única vacuna con la que cuenta el país.
En números absolutos, es el sexto. país en el mundo con dosis aplicadas. Supera los 13 millones de vacunados. No obstante, representa apenas el 6,12% de su población. Casi el mismo porcentaje que en la Argentina, en donde el presidente Alberto Fernández reconoció la dificultad para conseguir vacunas y cumplir con las promesas hechas a principio de año.
anticuarentena.jpg
Marchas Anticuarentena en Brasil con el apoyo de Bolsonaro. (Foto: AP)
Inconmovible ante la pandemia
El presidente se mantiene en sus trece. No está dispuesto a que algo lo aparte de su oposición férrea a los bloqueos o cierres. Habló entusiasmado en apoyo de una marcha anticuarentena que, por supuesto, convocó a miles de personas que se concentraron sin la distancia mínima prudencial y sin usar barbijos en su gran mayoría.
Envalentonado, Bolsonaro anunció su propósito de pedirle al Tribunal Superior que impida los confinamientos dispuestos por muchos gobernadores.
La gestión de la pandemia es juzgada cada vez con más dureza por los brasileños. El último sondeo muestra que el 79% condena las medidas tomadas por Bolsonaro desde el inicio de esta crisis.
Brasil es el epicentro mundial de la pandemia. Una verdadera amenaza no solo para la región, sino ya para el mundo entero.