Cómo sigue la frágil tregua en Medio Oriente tras el ataque de Israel al Líbano: la reacción de Trump
Pakistán espera que Estados Unidos e Irán se sienten el viernes a negociar para mantener el acuerdo. Sin embargo, las acciones de EE.UU., Irán e Israel crean un renovado temor de ruptura del cese del fuego.
La frágil tregua de dos semanas entre Estados Unidos e Irán sigue con más dudas que certezas y con varios frentes todavía abiertos. Aunque el alto el fuego dio algo de alivio a los mercados y abrió una ventana diplomática, el escenario sigue siendo extremadamente inestable: D Trump volvió a endurecer el tono, Israel mantiene sus operaciones militares e Irán amenaza con volver a cerrar el estrecho de Ormuz si continúan los ataques.
El principal foco de tensión está hoy en el Líbano. Israel dejó en claro que no considera sus ofensivas allí alcanzadas por la tregua y continuó bombardeando posiciones vinculadas a Hezbollah, un movimiento que en Teherán fue leído como una violación directa del entendimiento. Esa divergencia es, por ahora, el mayor riesgo para que el cese del fuego se derrumbe antes de consolidarse.
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En paralelo, Trump alternó mensajes de distensión con nuevas amenazas, lo que volvió a sembrar incertidumbre sobre la verdadera consistencia del acuerdo. Irán, por su parte, advirtió que, si Israel sigue atacando, no habrá libre paso por Ormuz, una arteria clave para el comercio mundial de petróleo.
En ese contexto, Pakistán intenta sostener la vía política y espera que mañana finalmente se concrete en Islamabad la reunión entre delegaciones iraníes y estadounidenses. Esa cita aparece hoy como la principal apuesta para evitar que esta tregua, ya muy débil, se convierta en otro paréntesis fallido.
El estrecho de Ormuz y el Líbano, las claves para la paz
En realidad, esta es la simplificación de un problema gravísimo que trae toda guerra. Iniciarlas es muy fácil, aunque nadie sabe qué caminos pueden tomar y, mucho menos, cómo salir de ellas rumbo a la paz.
La situación en el estrecho de Ormuz llevó a Trump a amenazar con la desaparición de una civilización. El “antídoto” para esa medida era la reapertura del paso de los barcos por donde circula el 21% del petróleo mundial. Esa propuesta llegó a 90 minutos del vencimiento del plazo del ultimátum. Aunque el mundo sigue sin conocer cuáles son todos los puntos de la negociación, ni siquiera algo trivial: ¿son 10 o 15 puntos?, ¿hay acuerdos ya consensuados o apenas documentos para confrontar en una negociación en Pakistán?
soldados de israel en El libano
Israel, con ofensivas terrestres en El Líbano. (Foto: Reuters)
El otro punto clave es el Líbano. Un país al que resulta difícil llamar así si por la palabra “país” entendemos una nación organizada, con un poder central que manda, instituciones funcionando, respeto a la autoridad y una autoridad que se proyecta sobre todo el territorio. El Líbano tiene un poder inconsistente. Parte de su territorio está controlado por Hezbollah, la organización terrorista “proxy” de Irán.
Israel, por una lógica de autoprotección, cree que tiene derecho a actuar dentro de otro país. Hace incursiones militares de manera permanente sobre el Líbano. La comunidad de países árabes ya lo asume casi como algo natural y ni siquiera protesta. En consecuencia, Benjamín Netanyahu, el premier israelí, dio dos mensajes claros: el cese del fuego entre Irán y Estados Unidos no los contempla a ellos ni a Hezbollah. Seguirán atacando a esa organización en el Líbano hasta que desaparezca esa amenaza, como hizo con Hamas en la Franja de Gaza.
La postura de Netanyahu es “egoísta”, pero eso no parece importarle. Si Israel se abriera a un amplio plan de paz para la región, tiene tantas explicaciones que dar ante la Justicia -por causas de corrupción y hasta por lo ocurrido el 7 de octubre de 2023 con el primer ataque de Hamas- que probablemente saldría del Parlamento israelí para terminar preso. Por lo tanto, la guerra, que une a los habitantes de un país, lo beneficia también en lo personal.
A Irán también lo “beneficia”. Juega la carta de los ataques sin control de Israel sobre su aliado Hezbollah para forzar una interpretación: dice que quiere negociar la paz, pero que no puede hacerlo porque Israel continúa atacando a otro país y a sus aliados. Mientras tanto, Pakistán y los mercados esperan.
islamabad espera
El palacio presidencial de Pakistán. Islamabad confía en que, pese a todo, este viernes dialoguen en esa ciudad los Estados Unidos e Irán. (Foto: Reuters)
Pakistán y el crudo, el crédito para el mundo
El gobierno de Islamabad apareció como un actor que mediaba en las sombras e irrumpió con un plan de paz que, a 90 minutos del tiempo límite, logró postergar por 14 días la amenaza de Trump. Al mismo tiempo, ese solo anuncio hizo bajar casi 20 dólares el precio del barril de crudo: de 110 dólares a 92. Es lo que el mundo quiere que suceda.
Antes de la guerra, el 27 de febrero de este año, el crudo Brent -la referencia internacional- estaba en torno a los US$70 por barril. Sí, ese precio, aunque ahora parezca un error al escribirlo. Trepó rápidamente a 80 dólares o más y desde entonces osciló hasta los US$114. Pero ya no baja de los US$90. Un problema para el mundo.
La tregua anunciada permitió imaginar que, de a poco, el tráfico marítimo por el Golfo Pérsico se normalizaría. El precio del Brent bajó 20 dólares. Pero la decisión de Irán de mantener el cierre de Ormuz volvió a empujar el barril de crudo casi hasta los US$100.
El petróleo vuelve a subir, Israel sigue atacando en el Líbano contra Hezbollah, Irán usa ese hecho para poner el acuerdo de paz “en revisión” y Trump renueva sus amenazas apocalípticas. Pese a todo, los pakistaníes se mantienen en calma, esperando a las delegaciones en Islamabad.
¿Detrás está China? Los medios norteamericanos aseguran que Beijing “asesora” a Islamabad. La CNN reveló que fuentes de inteligencia sostienen que desde la Cancillería china, en estas horas, se hicieron unas 30 llamadas rápidas y continuadas a todos los actores del conflicto. La duda es qué mueve a China: la paz mundial o la necesidad de normalizar el comercio internacional que tanto la beneficia.
La tregua es tan frágil que el motivo real ya no importa demasiado. El mundo espera que las amenazas de Trump sean apenas los gritos de alerta del “pastorcito mentiroso”. Va por ese camino quien decía merecer, de sobra, el Premio Nobel de la Paz.