La novedad es que ahora la duda ya se instala en el Partido del Gobierno. Conocido por sus siglas como GOP ("Great Old Party", el "viejo gran partido") los republicanos comienzan a pedir más datos. En otras palabras, necesitan que los convenzan de que su presidente no hizo nada ilegal.
El adelantado es el gobernador de Vermont, Phil Scott. Republicano comoTrump, enciende las alarmas. "Creo que esto se trata de acusaciones serias", dice el hombre, para luego agregar: "Debemos asegurarnos de que estamos haciendo todo lo que nos permita determinar los hechos para saber exactamente qué pasó".
El Senado tiene mayoría republicana. Allí hacen falta los dos tercios de los votos favorables para que un juicio político destituya al presidente. Nunca pasó en la historia de EE.UU.
Trump, mientras tanto, contraataca en las redes: "Están intentando destruir al Partido Republicano. Manténganse juntos, jueguen su juego y peleen duro, republicanos. Nuestro país está en juego".
Más allá de las palabras, al presidente norteamericano le llegó el tiempo de hacer algo más que apelar al patriotismo. Debe convencer con hechos y no con arengas que su administración no hizo nada ilegal.