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En la foto el vicepresidente estadounidense JD Vance estrechando la mano del primer ministro de Pakistán Shehbaz Sharif en Islamabad. AFP
Desde la administración de Donald Trump, en cambio, sostienen que existe una ventana para avanzar hacia un acuerdo. El mandatario confirmó el viaje de sus asesores Steve Witkoff y Jared Kushner con el objetivo de destrabar el diálogo y avanzar en una solución diplomática.
Según la Casa Blanca, Irán estaría dispuesto a explorar una salida negociada, aunque condicionada a exigencias como límites verificables a su programa nuclear.
Pakistán, clave como intermediario
El rol de Pakistán vuelve a ser central como mediador. A comienzos de abril, ya había albergado contactos entre ambas partes, aunque sin resultados concretos debido a diferencias sobre sanciones, el control del estrecho de Ormuz y el desarrollo nuclear iraní.
En este nuevo escenario, Islamabad actuaría como canal indirecto, transmitiendo propuestas entre ambas potencias sin necesidad de una mesa de negociación directa.
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Incertidumbre sobre las negociaciones entre EEUU e Irán. Foto Redes Agencia NA.Foto Redes Agencia NA.
Presión militar y económica en aumento
Mientras se multiplican las señales diplomáticas, Estados Unidos mantiene e incluso profundiza su estrategia de presión. En las últimas horas anunció nuevas sanciones contra empresas y buques vinculados al petróleo iraní, reforzando el cerco económico.
Además, el Pentágono confirmó que continúa el bloqueo naval en puertos iraníes, una medida que impacta en los mercados energéticos globales y mantiene en alerta a países dependientes del comercio que atraviesa el golfo Pérsico.
El factor Ormuz y la tensión global
El foco sigue puesto en el estrecho de Ormuz, un punto clave por donde circula gran parte del petróleo mundial. Las restricciones y la presencia militar en la zona impulsaron subas en el precio del crudo y alimentaron temores de inflación y desaceleración económica a nivel global.
En este contexto, la estrategia de Washington combina apertura al diálogo con endurecimiento de las medidas, mientras que Teherán opta por una postura más cautelosa, sin validar públicamente un canal directo de negociación bajo presión internacional.
El resultado es un escenario incierto, donde la diplomacia avanza con dificultad en paralelo a una escalada que mantiene en vilo a la comunidad internacional.