La DEA lo tenía localizado en las cercanías de la Laguna de Sayula, un espejo de agua rodeado por montañas que alcanzan unos 1.350 metros. Para su círculo de seguridad, el terreno jugaba a favor: altura, precipicios y accesos difíciles. Pero él no se sentía protegido. Cambiaba de residencia cada dos días, rotaba escoltas y usaba disfraces para bajar el perfil, incluso el de un anciano en silla de ruedas. Dormía poco, comía mal y viajaba de madrugada por caminos rurales para no ser detectado.
Su vida cotidiana no se parecía a la de un magnate. No podía viajar en avión, sentarse en un restaurante, ir a un concierto o caminar por la playa. La insuficiencia renal lo castigaba sin acceso a un centro médico privado; dependía de clínicas levantadas por su propia organización, sin equipamiento suficiente.
La presión, además, no se quedaba en el paisaje: la agencia antidrogas había intervenido teléfonos de operadores relevantes, y por esa vía conocía el estado de alerta que dominaba al entorno.
Paradójicamente, el hombre que construyó una de las estructuras criminales más expansivas del continente volvió en sus últimos meses a un entorno similar al de su infancia en Aguililla, Michoacán: territorios rurales, calor extremo y vigilancia permanente.
LA CAÍDA DEL "MENCHO" Y LA RELACIÓN DEL CÁRTEL DE JALISCO CON ARGENTINA
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A pesar del cerco que se cerraba, creía que no sería capturado en el corto plazo. En su entorno sostenían que existía una suerte de “equilibrio tácito” para evitar un estallido de violencia mayor en una etapa sensible para el país. Esa percepción de margen de maniobra habría sido clave en su decisión de bajar el perfil en Tapalpa y quedarse con menos escoltas de lo habitual.
Ese movimiento fue determinante. Con información compartida por la DEA y el Departamento de Justicia de Estados Unidos, fuerzas federales mexicanas desplegaron un operativo de precisión que lo tenía como objetivo principal.
El enfrentamiento y el final
Cuando fue rodeado, “El Mencho” intentó resistir junto a sus hombres. El intercambio armado fue intenso, pero la superioridad táctica del grupo de élite terminó inclinando la balanza. Herido de gravedad, fue evacuado por aire hacia la Ciudad de México.
No llegó con vida. Su estado físico, ya deteriorado, no resistió las heridas sufridas en el enfrentamiento.