MUNDO

Tras 55 años, cerró una de las fábricas más importantes del país y echó a 40 personas

La industria española pierde uno de sus establecimientos más representativos. La planta vinculada a la producción del tradicional jabón Lagarto en Zaragoza dejará de funcionar de manera definitiva, poniendo fin a una trayectoria que se extendió durante más de cinco décadas y que marcó el desarrollo industrial de la región.

Banner Seguinos en google DESK
Tras 55 años, cerró una de las fábricas más importantes del país y echó a 40 personas

La industria española pierde uno de sus establecimientos más representativos. La planta vinculada a la producción del tradicional jabón Lagarto en Zaragoza dejará de funcionar de manera definitiva, poniendo fin a una trayectoria que se extendió durante más de cinco décadas y que marcó el desarrollo industrial de la región.

La decisión fue adoptada por el grupo Euroquímica, propietario de la conocida marca de detergentes y jabones, que resolvió reorganizar su estructura productiva y trasladar la totalidad de la fabricación a sus instalaciones de Illescas, en la provincia de Toledo. El anuncio supone un cambio profundo para la empresa y genera preocupación entre los trabajadores que durante años desarrollaron sus tareas en la histórica planta aragonesa.

El cierre representa mucho más que el fin de una fábrica. Para numerosos vecinos y empleados, significa la despedida de un símbolo industrial que acompañó varias generaciones y contribuyó al crecimiento económico de Zaragoza desde comienzos de la década de 1970.

Una decisión empresarial que transforma el mapa productivo de Euroquímica

La estrategia diseñada por Euroquímica apunta a concentrar todas sus operaciones industriales en un único complejo productivo. La compañía considera que esta medida permitirá optimizar recursos, reducir costos operativos y simplificar procesos logísticos en un contexto cada vez más competitivo.

Durante años, la empresa mantuvo actividad tanto en Zaragoza como en Illescas. Sin embargo, la planta toledana fue ganando protagonismo progresivamente hasta convertirse en el principal centro de producción del grupo. Además, allí se encuentra instalada la sede corporativa desde donde se coordinan las principales decisiones empresariales.

La centralización permitirá que las líneas de fabricación actualmente distribuidas entre ambas instalaciones pasen a funcionar bajo una misma estructura operativa. Aunque desde la compañía destacan las ventajas organizativas de esta medida, el impacto social del cierre genera preocupación entre sindicatos y trabajadores.

La planta ubicada en el polígono industrial Malpica había logrado mantener su actividad durante décadas, incluso atravesando diferentes ciclos económicos. Su clausura marca el final de una etapa que parecía consolidada dentro del tejido productivo aragonés.

Incertidumbre para decenas de trabajadores

Uno de los aspectos más sensibles de la decisión está relacionado con el futuro de los empleados afectados.

Según la información difundida por representantes sindicales, alrededor de cuarenta trabajadores forman parte de la plantilla directamente alcanzada por el proceso de cierre. Para ellos comienza ahora un período de negociaciones en el que deberán definirse las condiciones laborales que acompañarán la reestructuración.

La empresa inició el procedimiento previsto en el artículo 40 del Estatuto de los Trabajadores, mecanismo que regula los procesos de movilidad geográfica dentro de una misma compañía. En términos prácticos, esto implica la posibilidad de ofrecer traslados hacia el nuevo centro de producción ubicado en Toledo.

Sin embargo, no todos los empleados se encuentran en condiciones de aceptar un cambio de residencia. Entre los trabajadores conviven perfiles muy diversos: desde operarios jóvenes hasta empleados con varias décadas de antigüedad que construyeron toda su carrera profesional en Zaragoza.

La incertidumbre aumenta debido a que todavía no se completó la constitución formal de la mesa negociadora entre empresa y representantes sindicales. Los gremios sostienen que aún falta documentación relevante para evaluar el alcance real de la medida y sus consecuencias laborales.

Durante las próximas semanas se desarrollará el período de consultas previsto por la legislación vigente. Ese espacio será determinante para establecer compensaciones, posibles incentivos y alternativas para quienes no puedan o no deseen trasladarse a Toledo.

image

El traslado de la producción comenzaría en el segundo semestre de 2026

Los planes empresariales contemplan que el proceso de mudanza industrial se concrete gradualmente durante la segunda mitad de 2026.

La transferencia de maquinaria, líneas de producción y procesos técnicos requerirá una planificación compleja. Aunque el cierre definitivo no será inmediato, la decisión ya fue comunicada y marca el comienzo de una transición que culminará con la desaparición de la actividad manufacturera en Zaragoza.

Especialistas del sector señalan que este tipo de operaciones suelen extenderse durante varios meses debido a la necesidad de mantener el abastecimiento comercial mientras se reorganiza la producción.

Para la empresa, el objetivo consiste en evitar interrupciones en el suministro de sus productos más reconocidos, entre ellos el histórico jabón Lagarto, además de detergentes y otros artículos de limpieza que forman parte de su catálogo.

El peso histórico de la planta de Zaragoza

La fábrica que ahora se prepara para cerrar abrió sus puertas en 1971, en un momento de fuerte expansión industrial en España.

Desde sus primeros años logró consolidarse como una instalación estratégica dentro del grupo empresarial. Su ubicación permitía abastecer con eficiencia numerosos mercados del norte de la península ibérica y facilitaba las operaciones de exportación hacia distintos destinos internacionales.

Con el paso de las décadas, la planta se convirtió en una referencia industrial dentro de Aragón. Numerosas familias encontraron allí una fuente estable de empleo y varias generaciones de trabajadores pasaron por sus líneas de producción.

Además de su importancia económica, la fábrica desarrolló una fuerte identidad local. Su presencia formó parte del paisaje industrial zaragozano durante más de medio siglo y quedó asociada al crecimiento de una marca profundamente arraigada en los hogares españoles.

Por ese motivo, el anuncio del cierre provocó una fuerte repercusión entre trabajadores, vecinos y representantes políticos vinculados al ámbito industrial de la región.

Los años difíciles que atravesó Euroquímica

La decisión de centralizar la producción no puede analizarse sin considerar la situación financiera que atravesó la empresa durante los últimos años.

Euroquímica enfrentó un escenario complejo que obligó a implementar importantes medidas de reestructuración. En 2022 la compañía tuvo que acogerse a un procedimiento concursal debido a las dificultades económicas acumuladas.

Aquella situación encendió las alarmas sobre la continuidad del negocio. Sin embargo, la empresa logró evitar la quiebra gracias a una operación financiera que permitió la entrada de nuevos inversores.

La incorporación del fondo luxemburgués Tertius Capital fue determinante para garantizar la continuidad de la actividad y proporcionar los recursos necesarios para ejecutar un plan de recuperación empresarial.

A partir de entonces comenzó una profunda reorganización interna orientada a mejorar la rentabilidad y asegurar la viabilidad futura del grupo.

Dentro de ese proceso también se implementaron medidas laborales. Durante 2024 se impulsó un expediente de regulación de empleo que inicialmente contemplaba una reducción significativa de personal.

Finalmente, buena parte de los ajustes fueron gestionados mediante bajas incentivadas y acuerdos voluntarios, evitando despidos masivos de carácter forzoso. No obstante, la reducción de plantilla confirmó que la empresa se encontraba inmersa en un proceso de transformación estructural.

El cierre de Zaragoza aparece ahora como un nuevo capítulo dentro de esa estrategia de reorganización.

La historia centenaria detrás del jabón Lagarto

Mientras la fábrica se prepara para bajar sus persianas, la marca Lagarto continúa siendo uno de los activos más valiosos de la compañía.

Su origen se remonta a principios del siglo XX. La historia comenzó cuando un empresario dedicado a la fabricación de velas decidió reinventar su negocio ante los cambios tecnológicos que transformaban la vida cotidiana.

La expansión de la electricidad reducía progresivamente la demanda de velas y obligaba a buscar nuevas oportunidades comerciales. Fue entonces cuando la producción de jabón apareció como una alternativa con gran potencial de crecimiento.

Con el tiempo, aquella iniciativa empresarial se convirtió en una de las marcas más reconocidas del mercado español.

La tradicional pastilla de jabón identificada por su característico diseño y sus letras rojas logró mantenerse vigente generación tras generación. Durante décadas fue utilizada en millones de hogares y adquirió una reputación asociada a la limpieza doméstica y al cuidado de la ropa.

Pocas marcas lograron conservar una presencia tan sólida en la memoria colectiva de los consumidores españoles.

El curioso origen del nombre “Lagarto”

Entre las anécdotas más llamativas relacionadas con la marca destaca la explicación sobre el origen de su nombre.

Según la tradición empresarial, los primeros operarios que observaban el funcionamiento de las nuevas máquinas manifestaban cierta desconfianza ante aquellos mecanismos desconocidos. Durante las jornadas de trabajo era frecuente escuchar expresiones populares como “¡Lagarto, lagarto!”, utilizadas antiguamente para ahuyentar la mala suerte o expresar sorpresa frente a algo inquietante.

Con el tiempo, aquella frase quedó asociada al producto y terminó convirtiéndose en la identidad comercial de una marca que décadas después alcanzaría reconocimiento nacional.

La anécdota forma parte del patrimonio histórico de la empresa y suele ser recordada cada vez que se repasa la evolución del jabón más emblemático de España.

Una marca que sigue siendo el principal activo de la compañía

Pese al cierre de la planta zaragozana, la empresa insiste en que la marca Lagarto continuará desempeñando un papel central dentro de su estrategia comercial.

Desde la dirección consideran que el prestigio acumulado durante más de cien años constituye una ventaja competitiva fundamental. De hecho, los responsables de la compañía reconocen que el valor de la marca fue decisivo para superar los momentos más difíciles atravesados en los últimos años.

La fidelidad de los consumidores permitió mantener niveles de demanda suficientes para sostener la actividad y facilitar el proceso de recuperación financiera.

Por ello, aunque desaparezca una de sus fábricas históricas, el objetivo empresarial pasa por reforzar la presencia comercial del producto y garantizar la continuidad de su fabricación desde las instalaciones de Illescas.

El fin de una era para la industria aragonesa

La clausura definitiva de la planta de Zaragoza simboliza el cierre de un capítulo importante dentro de la historia industrial española.

Durante 55 años, miles de toneladas de jabón y productos de limpieza salieron de sus instalaciones rumbo a supermercados, comercios y hogares de todo el país. Su actividad generó empleo, impulsó la economía local y consolidó una marca que logró atravesar generaciones.

Ahora, la actividad productiva se trasladará completamente a Toledo, mientras trabajadores y representantes sindicales negocian las condiciones de una transición que todavía deja numerosos interrogantes abiertos.

Lo que parece seguro es que la desaparición de la histórica fábrica del jabón Lagarto dejará una huella profunda en Zaragoza, una ciudad que durante más de medio siglo convivió con una de las instalaciones industriales más reconocidas de su territorio. Aunque la marca continuará existiendo y produciéndose en otro lugar, para muchos el cierre supone el final de una época difícil de reemplazar.

image