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¿Nuevo objetivo?

Tras el ataque a Venezuela, ¿por qué Donald Trump quiere tomar Groenlandia?

La enorme isla en el ártico está a mitad de camino entre Europa y Estados Unidos. Es una región autónoma pero dependiente de Dinamarca. El presidente de EE.UU. vuelve - en medio de la crisis de Venezuela - a decir que quiere ese territorio.

por Roberto Adrián Maidana | 07 de enero de 2026 - 08:17
Tras el ataque a Venezuela, ¿por qué Donald Trump quiere tomar Groenlandia?

Donald Trump y la obsesión por Groenlandia. Analiza desde ofrecer comprarla hasta una acción militar. (Foto: A24.com)

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a sacudir el tablero geopolítico internacional al insistir públicamente en la posibilidad de que su país compre Groenlandia, el gigantesco territorio autónomo que pertenece al Reino de Dinamarca. En declaraciones recientes, Trump fue incluso más allá y evitó descartar el uso de la fuerza para garantizar el control estadounidense sobre la isla, una afirmación que generó una ola inmediata de rechazo en Europa y reavivó un debate que parecía cerrado desde su primer intento, durante su anterior mandato.

Desde la Casa Blanca, funcionarios estadounidenses intentaron matizar los dichos, pero confirmaron que Groenlandia es considerada un “activo estratégico clave” para los intereses de seguridad nacional de Estados Unidos. La isla, ubicada entre el Atlántico Norte y el Ártico, ocupa una posición geográfica central en un contexto de creciente competencia global con Rusia y China, especialmente en la región ártica, donde el deshielo abre nuevas rutas marítimas y oportunidades económicas.

La reacción de Dinamarca fue contundente. La primera ministra danesa calificó la idea como “inaceptable” y recordó que Groenlandia “no está en venta”. Desde la Unión Europea, el mensaje fue similar: cualquier amenaza o insinuación de uso de la fuerza es incompatible con el derecho internacional y con los principios que rigen las relaciones entre aliados occidentales.

El interés de Estados Unidos en Groenlandia no es nuevo y responde a varios factores. Estados Unidos ya opera una base aérea clave en la isla que responde a Dinamarca (ambos son aliados militares).

Groenlandia posee importantes reservas de tierras raras (neodimio, disprosio, praseodimio), esenciales para fabricar chips, baterías, autos eléctricos, turbinas eólicas y armamento avanzado. También hay uranio, zinc, hierro, oro, cobre y níquel. Para Washington, estos recursos son estratégicos porque hoy dependen en gran medida de China para su suministro.

Dinamarca rechaza una y otra vez las declaraciones del presidente estadounidense y en la Unión Europea dicen que una acción sobre Groenlandia, por parte de Estados Unidos, supondría la disolución de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).

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Por qué el interés de Donald Trump por Groenlandia

Groenlandia es parte del Reino de Dinamarca desde hace más de tres siglos, una relación marcada por la colonización, la autonomía progresiva y, en los últimos años, por un creciente interés geopolítico internacional. El origen de ese vínculo se remonta a 1721, cuando el misionero danés-noruego Hans Egede estableció una colonia permanente en la isla. En ese entonces, Dinamarca y Noruega formaban un solo reino y Groenlandia quedó integrada como territorio colonial.

La situación cambió en 1814, tras las guerras napoleónicas. Con el Tratado de Kiel, Dinamarca perdió Noruega, pero conservó Groenlandia, Islandia y las Islas Feroe. Desde entonces, la isla quedó formalmente bajo soberanía danesa. Durante gran parte del siglo XIX y comienzos del XX, Groenlandia fue administrada como una colonia cerrada, con fuerte control desde Copenhague y escasa participación de la población inuit en las decisiones políticas.

Recién en 1953, Groenlandia dejó de ser colonia y pasó a ser parte integral del Reino de Dinamarca, con representación en el Parlamento danés. Sin embargo, las demandas de autogobierno siguieron creciendo. En 1979, Dinamarca otorgó un primer estatuto de autonomía, que fue ampliado de manera significativa en 2009, cuando entró en vigencia el Acta de Autogobierno.

Desde entonces, Groenlandia controla la mayoría de sus asuntos internos -incluidos recursos naturales, educación y justicia-, mientras que Dinamarca conserva la política exterior, la defensa y la moneda. Además, el acuerdo reconoce explícitamente el derecho de los groenlandeses a la autodeterminación, incluida una eventual independencia.

En ese contexto histórico aparece el interés de Estados Unidos. Groenlandia nunca fue un territorio marginal para Washington. Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos estableció presencia militar en la isla para evitar que cayera en manos nazis, y desde la Guerra Fría mantiene bases estratégicas clave. En 1946, el gobierno estadounidense ya había intentado comprar Groenlandia, ofreciendo 100 millones de dólares a Dinamarca. La respuesta fue negativa.

Las recientes declaraciones de Donald Trump, retomando la idea de comprar la isla e incluso sin descartar el uso de la fuerza, reactivaron una tensión que parecía impensada entre aliados. Desde Dinamarca y la Unión Europea, la reacción fue inmediata y contundente: Groenlandia no está en venta y cualquier amenaza viola el derecho internacional. Para Copenhague, la soberanía no se negocia; para Bruselas, el planteo resulta incompatible con los valores occidentales.

¿Qué puede pasar ahora?

En el corto plazo, una venta es políticamente inviable. Groenlandia no sólo depende de Dinamarca, sino que tiene voz propia y una sociedad mayoritariamente contraria a ser absorbida por otra potencia. Sin embargo, el escenario abre otras posibilidades: mayor presión diplomática, aumento de la presencia militar estadounidense, acuerdos económicos preferenciales o inversiones estratégicas para ganar influencia frente a China y Rusia.

A largo plazo, el factor clave será el proceso de autonomía e independencia de Groenlandia. Si la isla decide algún día separarse de Dinamarca, Estados Unidos buscará posicionarse como socio central. Las palabras de Trump, más allá de su tono, reflejan una realidad ineludible: Groenlandia se ha convertido en una de las piezas más codiciadas del nuevo mapa geopolítico global.

Tanto, que Donald Trump no le importaría, incluso, romper con la OTAN, con tal de quedarse con Groenlandia.

erik el rojo

Erik, el rojo. El vikingo que llegó a Islandia y Groenlandia y vio el potencial de ambas tierras y para confundir a los enemigos, les cambió los nombres. (Foto: Gentileza Nordic News)

Un secreto bien guardado por los vikingos

Groenlandia fue llamada “Greenland” (tierra verde) por una razón estratégica y propagandística, y el nombre estuvo directamente ligado a la intención de atraer colonos y alejar competidores.

El nombre fue impuesto alrededor del año 982 por el explorador vikingo Erik el Rojo, un islandés de origen noruego. Tras ser expulsado de Islandia por homicidio, Erik navegó hacia el oeste y llegó a la gran isla ártica. Al regresar, necesitaba convencer a otros vikingos de acompañarlo a establecerse allí. Eligió deliberadamente un nombre atractivo.

Según las sagas nórdicas, sostuvo que “la gente se sentiría más inclinada a ir a un lugar con un nombre agradable”. En ese período, conocido como el Óptimo Climático Medieval, las zonas del sur de Groenlandia tenían valles verdes en verano, aptos para la ganadería y pequeños cultivos, lo que hacía creíble la descripción.

A quiénes buscaba atraer

El nombre apuntaba principalmente a:

  • Colonos vikingos de Islandia y Noruega, que sufrían escasez de tierras fértiles.

  • Comerciantes y navegantes nórdicos, interesados en nuevas rutas y recursos.

Esta intención explícita de “espantar” a un enemigo concreto, el efecto práctico fue:

  • Desalentar a pueblos no nórdicos y potencias europeas posteriores, al consolidar la isla como territorio ya “ocupado” por colonos escandinavos.

  • Diferenciarla claramente de “Iceland” (Islandia), que tenía fama de inhóspita, invirtiendo simbólicamente esa percepción.

  • Groenlandia ( la "tierra verde") e Islandia ("la tierra del hielo") tienen intercambiados sus nombres. Para que nadie fuera a Islandia que tenía verde más tiempo durante el año. Pero luego, Erik, puso los nombres en orden para no estar solo en Groenlandia. Para que fueran colonos a vivir al lugar con tierra verde debajo del hielo. Pero no imaginó lo que sucedería más de 1.500 años más tarde.
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Las banderas de Groenlandia. Posesión de Dinamarca, en el medio su propia bandera y a la izquierda, el deseo de Trump. (Foto: A24.com)

Un nombre con impacto geopolítico duradero

El nombre Groenlandia funcionó como una herramienta temprana de marketing territorial y ayudó a legitimar la presencia nórdica durante siglos. Aunque las colonias vikingas desaparecieron hacia el siglo XV, el nombre perduró y fue heredado por Dinamarca, reforzando la idea de una continuidad histórica europea sobre el territorio.

En síntesis, Groenlandia fue llamada así para atraer colonos escandinavos, consolidar posesión y proyectar una imagen favorable de un territorio extremo, en una de las primeras maniobras de propaganda geográfica de la historia. El problema es que Donald Trump parece haber descubierto la vieja leyenda de los vikingos.

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