Las conversaciones entre Paraná y Rusia ya estaban en marcha desde julio, cuando las autoridades del sureño estado entregaron un protocolo de intenciones al embajador ruso para la fabricación del fármaco, el cual fue aprobado sin haber completado todos los ensayos previstos.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) recibió con cautela la noticia y señaló que la vacuna rusa, como el resto de las que se desarrollan, deberá seguir los trámites de precalificación y revisión que marca el organismo.
Pese al recelo internacional, Putin indicó que tiene conocimiento de que la vacuna registrada hoy en el Ministerio de Sanidad de Rusia es "suficientemente eficaz, crea una inmunidad estable" y "ha superado todas la verificaciones necesarias".
El mandatario ruso reveló incluso que una de sus hijas participó en los ensayos clínicos de la vacuna, elaborada por el Centro de Epidemiología y Microbiología Gamaleya.
Brasil ya comenzó a testar en voluntarios la vacuna desarrollada por la Universidad de Oxford junto con el grupo farmacéutico británico AstraZeneca, así como la fabricada por el laboratorio chino Sinovac Biotech.
Una de las razones de la elección del país como centro de pruebas y producción de las vacunas es el elevado número de contagios registrados, más 3 millones, incluido el presidente Jair Bolsonaro.