Pero sus acusaciones no se detuvieron allí. También señaló al padrastro del menor como una figura clave dentro de un contexto que, según él, estaba marcado por el maltrato. “Mi hijo no hacía nada, era un nene bueno”, expresó, en un intento por desarmar cualquier posible argumento que intente justificar la violencia. Para López, no hay dudas: el niño fue víctima de agresiones.
En paralelo, el padre también dirigió sus críticas hacia el sistema judicial, particularmente hacia el fuero de familia. Cuestionó con firmeza la decisión que permitió que Ángel quedara bajo la custodia de su madre, una medida que, en su opinión, expuso al menor a una situación de riesgo. “No hicieron el trabajo que tenían que hacer”, afirmó, en referencia a los organismos que intervinieron en el proceso de tenencia.
El caso pone en el centro del debate el rol de las instituciones encargadas de proteger a los menores, especialmente en situaciones donde existen antecedentes de desvinculación o posibles conflictos familiares. Para López, hubo señales que no fueron atendidas a tiempo, y esa omisión terminó en tragedia. “Lo dejaron desprotegido”, repitió, con una mezcla de bronca e impotencia.
La investigación judicial avanzó en los últimos días con la detención de la madre del niño y su pareja, ambos imputados en una causa que, con el correr de las pericias, tomó un giro aún más grave. Los investigadores no descartan que se trate de un homicidio agravado, en función de las lesiones detectadas en el cuerpo del menor. Este dato fue confirmado por fuentes vinculadas al expediente, que indicaron que los informes preliminares abrieron nuevas líneas de investigación.
Tras conocerse estas detenciones, López reconoció haber experimentado una sensación mínima de alivio. “Por primera vez pude dormir más de tres horas”, confesó. No se trata de tranquilidad, aclara, sino de la percepción de que la causa comienza a moverse. Para él, la acumulación de pruebas es contundente: “Están todas las evidencias”, aseguró, convencido de que el proceso judicial avanzará hacia una condena.
Sin embargo, también denunció situaciones que, según su versión, ocurrieron en los momentos críticos previos a la muerte del niño. Afirmó que mientras Ángel permanecía internado, hubo maniobras irregulares por parte de los ahora detenidos. “Fueron a quemar ropa, hicieron lo que quisieron”, relató, sugiriendo que pudo haber intentos de manipular pruebas o encubrir responsabilidades.
Estas declaraciones agregan un nuevo nivel de complejidad al caso, que ya se encuentra bajo la lupa de la opinión pública. En Comodoro Rivadavia, la conmoción es evidente. Vecinos, organizaciones sociales y distintos sectores de la comunidad siguen de cerca cada avance de la causa, exigiendo respuestas claras y justicia para el niño.
Mientras tanto, los peritos continúan trabajando en la recolección y análisis de pruebas. Los informes forenses serán clave para determinar con precisión qué ocurrió en los días previos a la muerte de Ángel, así como para establecer responsabilidades penales. La fiscalía, por su parte, avanza en la reconstrucción de los hechos, apoyándose en testimonios, pericias médicas y evidencia material.
El caso también reabre una discusión más amplia: ¿qué mecanismos fallan cuando un menor termina en una situación de vulnerabilidad extrema?. Las palabras de López, más allá de su carga emocional, apuntan a posibles fallas estructurales en los sistemas de protección. Su reclamo no es solo personal, sino que busca instalar una pregunta incómoda pero necesaria.
En su testimonio, el padre deja en claro que su objetivo es uno solo: justicia. No habla de venganza, sino de verdad. Quiere saber qué pasó con su hijo, quiénes fueron responsables y por qué nadie intervino a tiempo. “Que esto no vuelva a pasar”, repite, como una consigna que trasciende su propio dolor.
La historia de Ángel, lamentablemente, se suma a una lista de casos que interpelan a la sociedad en su conjunto. La muerte de un niño nunca es un hecho aislado: es el resultado de múltiples factores, decisiones y omisiones. En este caso, la investigación judicial tendrá la tarea de desentrañar cada uno de esos elementos.
Por ahora, el expediente sigue su curso, con dos personas detenidas y una comunidad que exige respuestas. Luis López, en tanto, continúa levantando la voz, convencido de que el silencio no es una opción. Su testimonio, cargado de dolor pero también de determinación, se convirtió en una pieza central de un caso que promete seguir generando repercusiones.
La causa avanza lentamente, como suelen hacerlo los procesos judiciales complejos, pero con cada nueva prueba se acerca un poco más a la verdad. Y en ese camino, la figura de Ángel permanece como un recordatorio constante de lo que está en juego: no solo el esclarecimiento de un crimen, sino la posibilidad de evitar que una tragedia similar vuelva a repetirse.