Pocos días después, la noticia del asesinato de Kim Gómez la sacudió. Uno de los delincuentes que la asaltó estaba implicado en el crimen de la nena. "Cada vez que salgo a la calle tengo pánico, porque me da miedo que me vuelva a pasar lo mismo. Y esto no hay que normalizarlo", expresó Martina, visiblemente afectada por la inseguridad que se vive día a día.
El joven de 17 años, identificado como T. G., ya había sido arrestado antes del crimen por “tentativa de robo”, pero su detención duró apenas unas horas. La fiscal Sabrina Cladera ordenó su restitución a los padres, decisión que ahora está en el ojo de la tormenta tras la brutal muerte de Kim.
La impunidad con la que actuaba este delincuente deja en evidencia las fallas del sistema judicial, que permitió que, a pesar de sus antecedentes, quedara en libertad y terminara cometiendo un crimen que conmocionó al país.
El caso de Kim Gómez despertó una ola de indignación, no solo en la sociedad, sino también dentro de la propia familia del acusado. El padre del joven de 17 años rompió el silencio y pidió un castigo ejemplar para su hijo.
"Es una mierda de persona. Con lo que hizo es una mierda de persona y va a pagar lo que hizo", declaró Héctor en diálogo con TN, sin ocultar su furia y dolor.
Además, dejó en claro que no intentará ayudar a su hijo a salir de prisión. "Ya le dije que no lo pienso sacar, que se pudra adentro y que pague lo que hizo. Si se tiene que pudrir en la cárcel, que se pudra", sentenció con contundencia.
Las palabras del padre reflejan el nivel de brutalidad del crimen y la desesperación de una sociedad que pide justicia para Kim.
El caso de Kim Gómez no solo desató indignación, sino que reavivó el debate sobre la edad de imputabilidad y la impunidad con la que actúan muchos delincuentes menores de edad.
Por su parte, Martina, la joven que fue asaltada días antes del crimen, también se sumó al reclamo: "Esto no puede seguir pasando. No podemos seguir viviendo con miedo. Basta de impunidad", dijo con la voz entrecortada.
Mientras tanto, la sociedad sigue exigiendo respuestas y una condena ejemplar para los responsables. La muerte de Kim dejó una marca imborrable y una pregunta que resuena en todos: ¿Cuántas tragedias más tienen que ocurrir para que algo cambie?