Para poder pasar las noches en el negocio, Juan contó que tuvo que dejar inutilizada la cámara frigorífica y acondicionarla de manera precaria para dormir allí.
"Me quedo, duermo y como acá. Carne para cocinar, tengo, así que no hay problema con eso”, expresó el comerciante que vive junto a su esposa, Teresa, y sus hijos de 13 años, Fiorela y Juan Pablo. Según explicó, el adolescente atraviesa un delicado cuadro de salud debido a una doble displasia de cadera y ya fue sometido a nueve cirugías.
“Este trabajo es mi vida, me arruina la vida y la de la familia (si me roban). Tengo que arriesgarme, no me queda otra porque no hay policía ni patrullero”, sostuvo.
A pesar de los reiterados intentos de robo, Juan aseguró que intenta mantenerse firme frente a la situación. Al ser consultado sobre la angustia que atraviesa, el hombre respondió: “No voy a llorar porque me siento capaz de defenderme".
Según contó, su permanencia dentro del local es hoy la única forma que encuentra para evitar nuevos hechos de inseguridad. Además, tal como indicó, mantiene una barreta cerca por si alguien intenta ingresar durante la madrugada.
El hombre, llegado desde Paraguay en 2013, también se refirió a la actual situación del rubro. “En este momento, todos sabemos que la carne es incomible (sic) casi para todos. Está muy difícil”, concluyó.