Mi hermana está viva de casualidad”, aseguró Noelia Knorr a C5N este lunes luego de conocerse el caso de Alejandro.
No es el primer hecho de violencia en la comisaría de San Clemente
En ese momento, Gisela luchaba contra la adicción a la drogas y para ello seguía un tratamiento que incluía el suministro de medicación psiquiátrica. Al verse encerrada y esposada, la mujer empezó a pedir desesperadamente a los gritos que necesitaba cuanto antes sus remedios.
La única manera que encontró de llamar la atención de los efectivos de la comisaria fue golpeando de puño y patadas la puerta de la celda. Nada servía hasta que de un momento a otro se dio inicio a una secuencia -siempre según el relato que dio ante la Justicia- llena de violencia.
“Quién es la loquita que grita”, habría dicho el comisario Romero para luego ingresar, furioso, al calabozo y golpear varias veces el rostro de la detenida. “Gisela quedó de rodillas y luego le dio no sé cuántas piñas más. Le desfiguró la cara”, relató en su momento Noelia, la hermana de la víctima, quien hizo la denuncia por “violencia institucional” ante la UFID N° 1 de la jurisdicción a cargo del fiscal Gustavo Mascioli, quien calificó por los delitos de vejaciones y apremios ilegales. La causa recién comienza.
“Yo te voy a enseñar cómo se respeta a la comisaría, yegua hija de puta, drogona de mierda”, fueron parte de los insultos que presuntamente le profirió mientras la golpeaba salvajemente, de acuerdo con la denuncia hecha por la hermana. En ese momento, la mujer perdió prácticamente el conocimiento y finalmente fue llevada al Hospital Municipal de esa localidad, donde quedó internada y fue entrevistada por un equipo de psicólogos.
Los mismos policías llevaron a la joven al hospital cuando perdió el conocimiento pero al ser interrogados por los signos evidentes de violencia que presentaba la mujer, dijeron que las lesiones habían sido autoinflingidas “golpeando con su cabeza y con patadas las puertas de reja del calabozo”.