Evitar la pena de muerte

Leopold y Loeb pensaron que habían cometido el crimen perfecto: cómo fue su defensa en "el juicio del siglo"

¿Se puede cometer el asesinato perfecto? Leopold y Loeb eran dos genios universitarios que mataron por su creencia de que eran hombres superiores. Conocé el caso que impactó en la sociedad estadounidense y el conmovedor alegato contra la pena de muerte.
Leopold y Loeb planificaron un asesinato que impactó en la sociedad estadounidense. 

Leopold y Loeb planificaron un asesinato que impactó en la sociedad estadounidense. 

Estaban seguros que jamás serían descubiertos. Nathan Leopold, de 19 años, y Richard Loeb, de 18, pensaron que habían cometido el crimen perfecto. Nada los hacía dudar. Sus familias eran dueñas de grandes fortunas y los dos estaban convencidos de que podían actuar con total impunidad. Otra triste historia de una cruel planificación.

Fue el 21 de mayo de 1924 cuando los dos jóvenes protagonizaron un asesinato que impactó en la sociedad estadounidense. Ambos secuestraron a Bobby Franks, de 14 años y lo golpearon hasta dejarlo sin vida. Después arrojaron el cuerpo en una alcantarilla. Con toda la inocencia, seguían pensando que su plan era el correcto. Sin embargo, Leopold y Loeb cometieron una seguidilla de errores que llevaron a que la policía diera directamente con ellos.

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Leopold y Loeb en prisión.

Leopold y Loeb en prisión.

A los pocos días, ambos fueron detenidos y después enfrentaron el proceso judicial más conocido como “el juicio del siglo” en la que el fiscal solicitó en un principio la pena de muerte. ¿Cómo dos jóvenes cultos y de familias prestigiosas cometieron un asesinato por simple diversión? El interrogante nunca pudo responderse.

¿Quiénes eran Leopold y Loeb?

Nathan Leopold tenía una mente brillante con un coeficiente intelectual de más de 200. El joven siempre se destacó en la escuela y a los 19 años ya se había graduado de la Universidad. Además, era un fanático de las aves y, a pesar de ser brillante, le costaba mucho establecer amistades.

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El caso ocupó las primeras planas de todos los periódicos en Estados Unidos. 

El caso ocupó las primeras planas de todos los periódicos en Estados Unidos.

Richard Loeb también era muy inteligente y había sido enviado a la universidad a una edad muy temprana. Pero Loeb no se destacó, él tenía muy buenas habilidades para hacer amistades y se ganaba rápido la confianza de la gente.

Richard y Leopold se hicieron amigos íntimos en la universidad. Su relación siempre estuvo llena de secretos. Cada uno había encontrado un fiel amigo para sus arriesgadas aventuras.

La planificación del “crimen perfecto”

Se desconoce quien tuvo la idea original, pero los dos participaron en la planificación. Richard y Leopold alquilaron un auto, modificaron la patente y se dirigieron al barrio de Kenwood. De inmediato, el vehículo llamó la atención de Bobby, que solía ir a la casa de Loeb a jugar al tenis. Loeb lo invitó a entrar al auto para ver una raqueta nueva. Y ahí comenzó el horror. Lo golpearon repetidas veces en la cabeza, lo amordazaron y finalmente lanzaron su cuerpo en una alcantarilla junto a un lago. Tras el crimen, enviaron a los padres una nota en la que pedían un rescate.

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La víctima fue Bobby Franks, de 14 años.

La víctima fue Bobby Franks, de 14 años.

Sobre el rostro y los genitales de Bobby pusieron ácido, quemaron toda sus ropas y se preocuparon de limpiar cualquier mancha de sangre que podía haber en el auto. También destruyeron la máquina de escribir en la que se había redactado la nota. Pero jamás contaban que un hombre encontrara el cuerpo de la víctima y unos anteojos. Con ese objeto, la policía logró identificar la óptica e identificaron que Leopold era su dueño. El llamado “crimen perfecto” les había quedado muy lejos.

El momento que dejan el cuerpo

Leopold y Loeb encontraron una alcantarilla y allí empujaron el cuerpo de Bobby. Antes le habían puesto ácido clorhídrico en la cara y en los genitales de Franks para ocultar la verdadera identidad del cuerpo.

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Los jóvenes escribieron a la familia del niño que asesinaron una carta de rescate en la que pedían dinero para devolver al menor. 

Los jóvenes escribieron a la familia del niño que asesinaron una carta de rescate en la que pedían dinero para devolver al menor.

En el retorno a sus casas, Leopold y Loeb se detuvieron y llamaron a la casa de los Frank para decirle a la familia que Bobby había sido secuestrado. Y después fueron hasta el correo para enviar la carta de rescate. En sus cabezas, seguían pensando que habían cometido el crimen perfecto. Lo que no sabían era que esa mañana el cuerpo de Bobby Franks había sido descubierto y la policía ya estaba tras sus pasos.

Los errores que cometieron

Estuvieron seis meses planificando el crimen y cuando tiraron el cuerpo por la alcantarilla, pensaron que se mantendría oculto. Sin embargo, en la oscuridad de la noche, Leopold y Loeb no se dieron cuenta de que habían colocado el cuerpo de Franks con los pies asomando. A la mañana siguiente, el cuerpo fue descubierto e identificado rápidamente.

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Estuvieron seis meses para planificar el crimen. 

Estuvieron seis meses para planificar el crimen.

Con el cuerpo, ahora la policía tenía un lugar para comenzar a buscar. Cerca de la alcantarilla, la policía encontró un par de anteojos, que resultaron ser lo suficientemente específicos como para ser rastreados hasta Leopold. Cuando se enfrentó a las gafas, Leopold explicó que los anteojos pudieron haberse caído durante una excavación de observación de aves. Aunque la explicación de Leopold parecía creíble, la policía siguió investigando.

Las cantidad de excusas de Leopold y Loeb no tardaron en desmoronarse. Se descubrió que el auto de Leopold, que habían dicho que habían conducido todo el día, había estado en su casa en todo momento. El 31 de mayo, diez días después del cruel asesinato, Loeb y Leopold se animaron y confesaron todo.

"El juicio del siglo"

Por la edad de la víctima y la brutalidad del crimen, el trágico asesinato de Bobby fue tapa de todos los periódicos. La opinión pública exigía y reclamaba que reciban la pena de muerte. Incluso era lo que pensaba el fiscal del caso Robert Crowe.

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En pleno juicio. Gracias a un alegato de su abogado que los declaró culpables, los jóvenes pudieron evitar la pena de muerte. 

En pleno juicio. Gracias a un alegato de su abogado que los declaró culpables, los jóvenes pudieron evitar la pena de muerte.

El tío de Loeb empezó a temer por la vida de su sobrino. Se imaginaba lo peor y por eso fue a buscar a Clarence Darrow, un famoso abogado para que se hiciera cargo del caso. Jamás se le encargó a Darrow que liberara a los chicos: nadie podía dudar de la culpabilidad de los chicos. Solo se le suplicó que salvara la vida de los chicos y que fuera cadena perpetua en lugar de pena de muerte. Darrow fue un defensor contra la pena de muerte y se obsesionó con el caso.

El 21 de julio de 1924 comenzó el juicio contra Leopold y Loeb. La mayoría de la gente pensaba que Darrow los iba a declarar inocentes. Nada de eso sucedió. De inmediato, se encargó de declararlos culpables. El juicio presidido por el juez John Caverly transcurrió en una sala colmada por 300 personas, 200 de ellas periodistas de muchos países. Se lo denominó “el juicio del siglo”. La fiscalía tuvo más de 80 testigos. El 22 de agosto, un mes después de iniciado el juicio, Clarence Darrow dio un discurso de dos horas que conmovió a los presentes y se convirtió en un contundente mensaje contra la pena de muerte.

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Clarence Darrow, legendario defensor de los condenados. Ningún cliente suyo murió en la silla eléctrica.

Clarence Darrow, legendario defensor de los condenados. Ningún cliente suyo murió en la silla eléctrica.

"Estoy suplicando por el futuro, por un tiempo en el que el odio y la crueldad no controlen los corazones de los hombres. Un tiempo en el que podamos aprender mediante la razón y la fe, que toda vida vale la pena de ser salvada. No estoy suplicando por estos jóvenes pero sí por el infinito número de los que vendrán después", señaló Darrow. El silencio aturdió a todos. Al final del alegato, John Caverly, el juez del caso, tenía lágrimas en los ojos.

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John Caverly, el juez que se emocionó al escuchar el alegato de Darrow.

John Caverly, el juez que se emocionó al escuchar el alegato de Darrow.

Después de escuchar todas las pruebas presentadas y pensar detenidamente sobre el asunto, el juez Caverly anunció su decisión el 19 de septiembre de 1924. El juez condenó a Leopold y a Loeb a 99 años de cárcel por secuestro y asesinato. También recomendó que nunca fueran elegibles para la libertad condicional.

Las muertes de Leopold y Loeb

Leopold y Loeb se separaron y en 1931 volvieron a estar cerca. Hasta llegaron a abrir una escuela en la cárcel con el fin de educar a otros presos. El 28 de enero de 1936, Loeb, de 30 años, fue atacado en la ducha por su compañero de celda. Fue cortado más de 50 veces con una navaja de afeitar y murió a causa de sus heridas.

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Nathan Leopold pasó 33 años preso y habló el día que abandonó la prisión. 

Nathan Leopold pasó 33 años preso y habló el día que abandonó la prisión.

Leopold permaneció en prisión y escribió una autobiografía, Life Plus 99 Years. Tuvo siempre una vida activa y dinámica. Se encargó de criar pájaros en prisión, aprendió 15 idiomas extranjeros, de los cuales llegó a manejar cinco con fluidez. Se convirtió en fumador empedernido. Aunque le estaba vedada la libertad condicional, el abogado Elmer Gertz logró que lo beneficiaran y recuperó su libertad.

Después de 33 años de prisión, Leopold salió a la calle en marzo de 1958. Se fue a Puerto Rico con el fin de evitar a la prensa y tener una vida tranquila. Se dedicó a trabajar como técnico de laboratorio en un hospital y a los 53 años se casó con Trudi García. Así fue la vida de Natahan Leopold hasta los 66 años, cuando murió en 1971 de un ataque al corazón.

En su casa había dos únicos cuadros que él se encargó de colocar. Uno era con la imagen del abogado que le consiguió la libertad. El otro con la cara de Richard Loeb.

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