A lo largo del año compartieron decenas de clases por videollamada, y también gestos de generosidad: “Laura me mandaba paquetes con ropa y libros para que pueda enseñar a chicos que no pueden pagar”, agregó.
El último contacto fue en marzo, poco antes de la tragedia. “Hablé con Adrián y me dijo que querían retomar las clases porque su hijo tenía exámenes. Todo era normal, nada fuera de lugar”, explicó con voz quebrada.
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Rolando nunca vio señales de conflicto ni tensión. “No me entra en la cabeza lo que pasó. Ella siempre se reía, nunca noté una sola actitud extraña. Era una familia normal, unida”, insistió.
Este testimonio se suma como un elemento clave para los investigadores, que buscan reconstruir el contexto previo al crimen. Mientras tanto, el país sigue conmocionado por una historia que, para quienes conocieron a sus protagonistas, aún resulta imposible de comprender.