Alberto Fernández es el nuevo presidente de los argentinos. Fue electo con el 48%, apenas 200 mil votos más que en las PASO. Macri en cambio, con una estrategia electoral renovada consiguió 2 millones de votos adicionales. Los demás, todos cayeron.
Alberto Fernández es el nuevo presidente de los argentinos. Fue electo con el 48%, apenas 200 mil votos más que en las PASO. Macri en cambio, con una estrategia electoral renovada consiguió 2 millones de votos adicionales. Los demás, todos cayeron.
La victoria fue contundente, pero Alberto quedó muy lejos del sueño de superar el 54% de Cristina Kirchner. Y la crecida de Macri deja al próximo presidente en una situación de gobernabilidad mucho menos cómoda de la que creía que iba a tener para conducir un país que está en llamas y que promete estar peor en los próximos dos meses: de movida arranca con un cepo mucho más duro del que había hasta el último viernes.
• Alberto queda preso de su líder política, Cristina Kirchner. Obviamente, sin sus votos no hubiera llegado. Pero tampoco pudo superar el umbral del 50% que lo podría haber hecho llegar con más espalda.
• Alberto queda preso de Massa. El cálculo aritmético es claro: si Massa iba por afuera, Alberto perdía. “Pagamos el costo de la decisión de abandonar la avenida del medio, pero eso sirvió para garantizar el triunfo en primera vuelta”, salieron a facturar desde el Frente Renovador.
• Alberto también queda preso de los gobernadores del PJ que van a querer su parte y que no quieren volver a quedar presos de la lógica K.
• Alberto no va a tener el control absoluto del Congreso. Por el sistema D’hondt de reparto de bancas -que favorece a las mayorías- Juntos por el Cambio mejoró mucho su performance: de acuerdo al cálculo propio de A24.com, la nueva oposición va a tener 116 diputados y el Frente de Todos 116. El nuevo oficialismo va a poder sumar a partidos provinciales como el Frente Cívico de Santiago, El Frente Renovador de Misiones o incluso a los cordobeses. Pero no es la comodidad que daban las PASO.
Lo que sigue es la dura pelea por la transición. Alberto va a intentar que Macri tome todas las decisiones más difíciles y que la bomba le termine de estallar al actual presidente. Para Alberto, “cuanto peor mejor”. Si recibe el país en un piso es más fácil hacerlo levantar.
El escenario de re-polarización (parecía que lo que venía era otra vez la hegemonía peronista) desincentiva la colaboración entre las partes. Juntos para el Cambio tiene que respetar el mandato de sus votantes que lo eligieron para que sea oposición; Alberto Fernández va a tener que redoblar el discurso incendiario de la pesada herencia. Tanto él como Cristina, como Axel Kicillof dieron muestras de eso.
En 2020, el país va a tener más inflación, más pobreza, más desocupación, menos crecimiento económico. “Ponerle plata en el bolsillo a la gente” –el principal lema de campaña- va a tener daños colaterales, aún si lo logra. En el medio va a tener que:
Desde lo político, la Argentina ingresa en un esquema que no conoció nunca en la historia de su democracia: la de un bipartidismo (que habíamos abandonado en la crisis de 2001) pero con dos coaliciones que se van a poner a prueba a partir del 10 de diciembre.
En esta grieta y re-polarización extrema no hay lugar para terceros. Eso sí: los equilibrios adentro de cada una de las coaliciones van a ser inestables y tumultuosos también.
La pregunta es si este nuevo mapa político va a servir para contener la crisis o si, por el contrario, la va a profundizar. Los próximos dos meses van a ser claves para conocer la respuesta a esos interrogantes.
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