La Jungla del Poder

Cristina, Alberto y el "objetivo central": plan táctico para las elecciones

En medio de la crisis sanitaria, los líderes del Frente de Todos buscan su lugar para intentar ganar las elecciones 2021.
por Pablo Winokur | 08 de mayo de 2021 - 01:36
Alberto y Cristina

Alberto y Cristina, el día de la asunción en el gobierno (Foto: archivo Presidencia).

En la teoría de la administración pública se habla de objetivos primarios y objetivos secundarios o “centrales” e “intermedios”.

Esta idea que desarrollaron teóricos como Aaron Wildavsky o Joseph Wholey plantea que en política nunca se van a poder resolver todos los problemas a la vez, sino que hay que identificar el problema “principal”, definir un “objetivo primario” y después plantear las posibles acciones para cumplir esa meta. Los “objetivos secundarios” son otras cuestiones que se pueden resolver lateralmente, pero que pueden quedar siempre relegadas por restricciones presupuestarias, falta de consensos o por un cambio de contexto.

Hoy el Frente de Todos, la coalición de gobierno que dirige a la Argentina, tiene un único objetivo primario: ganar las elecciones en el conurbano bonaerense. Todo lo demás –la pandemia, el plan de vacunación, la economía, la educación…- son objetivos secundarios, que solo se atacan si ayudan a cumplir el objetivo primario.

Recapitulando. El Frente de Todos existe como tal porque Alberto sabía que para ganarle a Macri “con Cristina sola no alcanzaba y sin Cristina no se podía”. Convenció de esa idea a los gobernadores peronistas y a Sergio Massa. Cristina es, básicamente, la dirigente imbatible en el conurbano bonaerense, donde tiene su principal bastión.

Un recordatorio: salvo pocas excepciones, el que gana el conurbano, gana la provincia; y el que gana la provincia, gana el país. Los incentivos selectivos para favorecer ese territorio en detrimento de otros son demasiado grandes.

Es cierto que también en otros puntos del país arrastra votos, pero en el resto de las provincias mandan los gobernadores, especialmente en una elección intermedia.

Cristina y Máximo Kirchner extienden todo su poder a la mayor parte de ese territorio bonaerense, donde tienen votos, mística y militancia.

Para ganar las elecciones, el oficialismo necesita vacunar y que no estalle el conurbano. En función de ese “objetivo primario” se va construyendo el resto:

  • No se puede aumentar tarifas porque el conurbano explotaría.
  • Hay que limitar la movilidad al máximo, incluyendo el cierre de escuelas, para proteger al conurbano de los efectos de la pandemia.
  • Hay que poner plata en los bolsillos de los sectores populares (especialmente del conurbano) para que se queden en sus casas y no tengan necesidad de salir a buscar al virus.
  • Si para financiar eso hay que emitir con el riesgo de ir a una hiperinflación, no debería ser un problema. El objetivo primario es otro.
  • Si hay que sacarle recursos materiales o inmateriales al territorio enemigo, se hace.
  • Si hay que cerrar las escuelas en territorio enemigo, se cierran…

La prioridad, siempre, es ganar la elección.

En el medio, la mística

El cierre de escuelas se transformó en el oficialismo en un mantra, un himno contra los gorilas, los antivacunas, los negacionistas de la pandemia.

Toman esa bandera, aunque nadie en el Gobierno esté convencido de que sea la estrategia adecuada para contener al virus.

Los miembros del gabinete (muchos con hijos en edad escolar) están en contra del cierre de clases presenciales.

En Provincia de Buenos Aires insistían en que había que cerrar todo. No se imaginaron que Alberto, improvisadamente, iba a dejar casi todo abierto menos las escuelas. Hasta los más fanáticos de las restricciones dicen en off que prefieren que en este contexto de cierres leves las escuelas estén abiertas.

A pesar de las críticas internas, en voz alta se buscan las teorías más insólitas para justificar el cierre. Por ejemplo, hace unos días la diputada ultra K Fernanda Vallejos dijo que la presencialidad educativa “es una pretensión del poder económico”. Según su mirada, son las corporaciones las que “exigen” la presencialidad escolar “para que los padres y madres se alisten en sus puestos de trabajo”.

Indica entre los responsables de esa campaña capitalista a la Sociedad Rural Argentina, la Cámara de Comercio de Estados Unidos, Clarín y Nación. Los enemigos de siempre. La diputada Vallejos no pronuncia una palabra sin el aval de Cristina Kirchner.

A todo esto, algunos datos publicados por A24.com el viernes muestran que no bajó sustancialmente la movilidad a partir del cierre de escuelas. Tanto Provincia (con escuelas cerradas) como Ciudad (con escuelas abiertas) disminuyeron la circulación en magnitudes parecidas.

En cuanto a los contagios, según reconoce el contador y legislador peronista Martín Barrionuevo la “velocidad de reducción de casos” es mayor en Provincia. Aunque las curvas son similares en ambos distritos. ¿Hay motivo real para mantener el cierre de escuelas?

El peronismo vs. Cristina

Es una pelea desigual. De un lado, hay un proyecto de poder; del otro, solo economía de subsistencia.

El control de La Cámpora sobre el peronismo es casi total. Aunque falta alguna formalidad, Máximo Kirchner ya es presidente del PJ bonaerense; Mariano Recalde es el presidente del PJ porteño, y relegó a históricos como Víctor Santa María y Juan Manuel Olmos. Los restos del acuerdo entre el PJ porteño y Larreta se resquebrajan. Quedaba algún puente por el lado de la justicia local, pero La Cámpora se anotó un poroto cuando Olmos no pudo frenar el fallo a favor de la continuidad de las clases presenciales.

A Alberto le dieron la formalidad del PJ nacional, un cargo que no parece estar ocupando en la práctica.

En los distintos estamentos del Estado, La Cámpora presiona para que se liberen cajas políticas. Hace unos días, un funcionario renunció por no querer entregar unos fondos de capacitación a la Universidad Arturo Jauretche.

“Ellos tienen una cantera inagotable de gente para poner en los espacios que se generan. A nosotros no nos sobra nada”, se queja un dirigente peronista al que le gustaría poner a los suyos en puestos clave. Pero sabe que es imposible competir con La Cámpora, que para cada lugar vacante tiene un candidato. Mérito de Máximo.

Si el albertismo deja un cargo difícilmente pueda reemplazarlo. Por eso se abroquela sobre los que están. Para que no se note la carencia, Alberto instruye a los propios para que no hagan “albertismo” sino “frentetodismo”. Intenta hacer de la debilidad una fortaleza. Pocos compran el mensaje.

En el peronismo es un secreto a voces que después de las elecciones se viene una gran “limpieza étnica en el gabinete”. Si el Frente de Todos gana, va a ser gracias a Cristina; si pierde va a ser por culpa de Alberto. Va a un juego de suma cero.

Sectores del “albertismo que no fue” miran con pena el derrotero de su (¿ex?) líder político. Observan el rol desdibujado de Santiago Cafiero o de Gustavo Beliz, que tuvo a su cargo el abortado gran acuerdo nacional: ya se tomó la decisión de no avanzar con el Consejo Económico y Social, y solamente se va a ir a acuerdos sectoriales chicos como en la época de Macri.

Esta semana, la coalición selló una paz que no le cierra a nadie. El experimento del Frente de Todos es raro por donde se lo mire. Alberto es el miembro más débil de la coalición, pero tiene el cargo más importante… Quizás por eso lo eligió Cristina.

La tercera pata del frente, Sergio Massa, se llamó a silencio en los últimos días. Hablar no suma, cree. Teje por lo bajo intentando aportarle el “ala derecha” al Frente. En los últimos días redobló sus conversaciones con representantes norteamericanos: un grupo de demócratas presentó un proyecto para que se suspenda el pago de deuda hasta que termine la crisis del Covid-19.

Massa va a seguir con su agenda de recortes impositivos. Desmiente estar pasando un mal momento con Guzmán y repite en su entorno que las vacunas van a llegar y que la economía va a levantar. Su misión es mostrarle al establishment que el peronismo puede hacer las reformas que necesita la Argentina…

Aunque esa misión, como siempre, quedará para después de las elecciones, que hay que ganar como sea. Porque ese es el objetivo primario.