A pesar de que el momento era de pura alegría, el piloto no perdió de vista la seguridad y le advirtió cariñosamente al pequeño: “¡Guarda con los autos!”. Mientras tanto, los vehículos que circulaban por la avenida comenzaron a tocar bocina para intentar pasar, generando un clima de tensión que no logró empañar la felicidad de Ian. Ninguna queja de los conductores locales pudo arruinar el recuerdo imborrable que el corredor le estaba regalando a su compatriota.
El piloto no se encontraba solo en el vehículo. En la camioneta también estaban presentes sus representantes, Jamie Campbell-Walter y María Catarineu, quienes presenciaron la calidez con la que Franco interactuó con el niño. La actitud del pilarense refuerza la imagen que ha construido desde su llegada a la máxima categoría: la de un deportista auténtico que no olvida sus raíces ni el esfuerzo de los fanáticos por apoyarlo.
Para cerrar el encuentro, el corredor de Alpine elogió la gorra que le acababa de firmar al nene con su estilo característico. “Chau pa, disfrutá el finde. ¡Te queda fachera eh!”, lanzó antes de reincorporarse a la camioneta. Ian, con su gorra firmada y una foto que guardará para siempre, se quedó en la vereda tras haber cumplido el sueño por el que cruzó todo el continente.
La viralización del contenido no se debió solo a la fama del piloto, sino a la autenticidad de la reacción. En un entorno tan profesionalizado y a veces distante como la F1, que un piloto detenga el tránsito y baje de su vehículo para abrazar a un seguidor es una rareza. Este tipo de gestos han convertido a Franco Colapinto en uno de los deportistas más queridos por el público argentino, logrando que cada una de sus apariciones fuera de la pista genere tanto impacto como sus maniobras en el asfalto.