Irreconocible

La delgada línea amarilla: el equilibrio de los gobernadores del PJ en las provincias donde ganó Macri

Nicolás Poggi
por Nicolás Poggi |
La delgada línea amarilla: el equilibrio de los gobernadores del PJ en las provincias donde ganó Macri

De la franja amarilla del centro del país (Mendoza, San Luis, Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos), cuatro de esas provincias pertenecen al peronismo y afrontan el dilema de tener un electorado que eligió a Mauricio Macri en las elecciones del domingo. La fórmula “gobernadores del PJ + Macri ganador” va a obligar a esos jefes territoriales a desplegar las dosis justas de equilibrio entre las preferencias de sus bases sociales y la relación política con Alberto Fernández. La táctica que ejecutó exitosamente el cordobés Juan Schiaretti.

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Mapa País
Mapa País

Fueron triunfos ajustados de Cambiemos, pero triunfos al fin. En Santa Fe, que en junio eligió al peronista Omar Perotti para desbancar al socialismo, la fórmula Macri-Pichetto ganó el domingo con el 43,50% de los votos, seguidos por el 42,64% de los Fernández. En Entre Ríos, que también le dio la reelección al pejotista Gustavo Bordet, Juntos por el Cambio obtuvo el 44,49% y el Frente de Todos el 44,32%, según el escrutinio provisorio. Y en San Luis, donde Alberto Rodríguez Saá fue reelecto en junio, la victoria macrista fue de 45,09% a 41,59%. Empates técnicos o victorias llanas, dependiendo del prisma con que se lo vea. Son todas provincias históricamente antikirchneristas.

En Córdoba, la provincia donde manda Schiaretti, el electorado se inclinó por Macri en un 61,30%, apenas 9 puntos menos que el 70% que el presidente obtuvo en el balotaje de 2015. Más allá de la contundencia de esos guarismos, Schiaretti no escapa a la tensión de tener que gobernar, desde el peronismo, una sociedad que elige la alternativa contraria.

Lo explica Lucas Romero, director de la consultora Synopsis: “Tres de los cuatro gobernadores de las provincias más grandes en manos del PJ comparten haber tenido una tradición diferenciada del kirchnerismo. Por eso, si se kirchnerizan, terminan sometidos a una minoría dentro de su base electoral, que además no dominan porque no le es propia”.

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Perotti y Rodenas
Perotti y Rodenas

Consultado por A24.com, Romero analiza que este fenómeno podría llevarlos a “tomar cierta distancia” del poder central si “el perfil de gobierno de Alberto Fernández se kirchneriza, porque sus electorados van a hacer esa lectura”.

Al albertismo no le preocupan estas interferencias. El acto en Tucumán con Juan Manzur y el dispositivo del peronismo no K pareció dar pistas respecto de que el objetivo no es "kirchnerizar". Pero el debate está abierto.

Romero pone el foco en que “para conservar el electorado que mayoritariamente los llevó al poder, los gobernadores necesitan mantener un perfil diferenciado”. Y recuerda que ese distanciamiento fue la “clave” para que los peronismos provinciales ganaran las elecciones desdobladas que hubo a lo largo del año.

“A los peronistas que se identificaban con el kirchnerismo les fue mal”, dice y puntea las derrotas de Ramón Rioseco (Neuquén), Martín Soria (Río Negro), Anabel Fernández Sagasti (Mendoza) y Sergio Leavy (salió segundo en las PASO de Salta). “Los que ganaron fueron los que se diferenciaron. Alberto no desconoce esa tensión, y administrarla va a ser clave para la gobernabilidad”, anticipa.

Caso Córdoba

Una lectura similar tiene el peronismo cordobés. “Si Schiaretti hubiera jugado con Alberto, que era lo lógico, se hubiera encontrado con ese 60% que el domingo votó a Macri, y que no fue tanto un voto a Macri sino más bien un voto antikirchnerista”, reconocen ante A24.com desde el PJ cordobés.

Pasada la elección, el interrogante en Córdoba está puesto en el “reacomodamiento” que tendrá el peronismo a partir del rol que podrían tener algunos de sus exponentes, como el senador Carlos Caserio, en el esquema nacional (de hecho, los justicialistas anticipan la llegada de muchos cordobeses al nuevo gabinete).

Además, el PJ provincial apuesta a que la relación de Alberto Fernández y Schiaretti sea “buena” porque el nuevo presidente, dicen, “necesita revertir la imagen del kirchnerismo” antes de las elecciones legislativas de medio término. Y el “puente” para esa gesta, apuestan, no será otro que el propio Schiaretti, que tiene estructura y armado. “Cada vez que el kirchnerismo buscó otros interlocutores, le fue mal”, cierran.

¿Cómo sigue? Para Romero, estos gobernadores peronistas “van a tener una actitud de apoyo pero querrán ver, primero, cómo se termina de conformar el nuevo gobierno, qué espacio les dan y qué rol tendrán en la toma de decisiones, y ahí se juega la historia de la relación entre las provincias del interior y la provincia de Buenos Aires”.

La autonomía del flamante presidente, explica, “depende de que administren esas tensiones y se ponga por encima. Si se inclina por un sector, es posible que lesione la armonía”. Un delicado juego de equilibrios que, además de la gestión económica, será una prueba determinante para la gobernabilidad del nuevo presidente.

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