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Perotti y Rodenas
Perotti y Rodenas
Consultado por A24.com, Romero analiza que este fenómeno podría llevarlos a “tomar cierta distancia” del poder central si “el perfil de gobierno de Alberto Fernández se kirchneriza, porque sus electorados van a hacer esa lectura”.
Al albertismo no le preocupan estas interferencias. El acto en Tucumán con Juan Manzur y el dispositivo del peronismo no K pareció dar pistas respecto de que el objetivo no es "kirchnerizar". Pero el debate está abierto.
Romero pone el foco en que “para conservar el electorado que mayoritariamente los llevó al poder, los gobernadores necesitan mantener un perfil diferenciado”. Y recuerda que ese distanciamiento fue la “clave” para que los peronismos provinciales ganaran las elecciones desdobladas que hubo a lo largo del año.
“A los peronistas que se identificaban con el kirchnerismo les fue mal”, dice y puntea las derrotas de Ramón Rioseco (Neuquén), Martín Soria (Río Negro), Anabel Fernández Sagasti (Mendoza) y Sergio Leavy (salió segundo en las PASO de Salta). “Los que ganaron fueron los que se diferenciaron. Alberto no desconoce esa tensión, y administrarla va a ser clave para la gobernabilidad”, anticipa.
Caso Córdoba
Una lectura similar tiene el peronismo cordobés. “Si Schiaretti hubiera jugado con Alberto, que era lo lógico, se hubiera encontrado con ese 60% que el domingo votó a Macri, y que no fue tanto un voto a Macri sino más bien un voto antikirchnerista”, reconocen ante A24.com desde el PJ cordobés.
Pasada la elección, el interrogante en Córdoba está puesto en el “reacomodamiento” que tendrá el peronismo a partir del rol que podrían tener algunos de sus exponentes, como el senador Carlos Caserio, en el esquema nacional (de hecho, los justicialistas anticipan la llegada de muchos cordobeses al nuevo gabinete).
Además, el PJ provincial apuesta a que la relación de Alberto Fernández y Schiaretti sea “buena” porque el nuevo presidente, dicen, “necesita revertir la imagen del kirchnerismo” antes de las elecciones legislativas de medio término. Y el “puente” para esa gesta, apuestan, no será otro que el propio Schiaretti, que tiene estructura y armado. “Cada vez que el kirchnerismo buscó otros interlocutores, le fue mal”, cierran.
¿Cómo sigue? Para Romero, estos gobernadores peronistas “van a tener una actitud de apoyo pero querrán ver, primero, cómo se termina de conformar el nuevo gobierno, qué espacio les dan y qué rol tendrán en la toma de decisiones, y ahí se juega la historia de la relación entre las provincias del interior y la provincia de Buenos Aires”.
La autonomía del flamante presidente, explica, “depende de que administren esas tensiones y se ponga por encima. Si se inclina por un sector, es posible que lesione la armonía”. Un delicado juego de equilibrios que, además de la gestión económica, será una prueba determinante para la gobernabilidad del nuevo presidente.