A pesar de los tres paros, el vínculo no está roto
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A pesar de los tres paros, el vínculo no está roto

Pasó el tercer paro de la CGT contra el gobierno de Mauricio Macri y la Capital Federal estuvo semi desierta, pero mañana las partes tienen que recomenzar. El vínculo no está roto. Tanto a Cambiemos como al sindicalismo les conviene mantener la relación para evitar males mayores.

En el cálculo de la Casa Rosada, esta central es la mejor versión posible: combativa en términos razonables, sin la virulencia del moyanismo o las organizaciones de izquierda, que están siempre a la espera. A los dirigentes de la CGT, aunque jamás lo reconozcan, el Gobierno les permite mantener su status y mejorar algunas condiciones económicas de los gremios a través de las obras sociales y otros beneficios.

Es un baile complejo y delicado, pero lo saben bailar. Un paro de vez en cuando no está mal, mientras las paritarias se cierran a gusto del Gobierno. A su manera, la CGT marcó sus límites: apoyó la frustrada reforma laboral el año pasado pero rechazó la reforma jubilatoria (que terminó aprobada). Y paró cuando tuvo que hacerlo, en respuesta a la demanda de sus propias bases.

“Mañana sigue todo igual, hay cosas que gustan más o menos pero, cuando gobernás, no hay tiempo de rencores”, dijeron a A24.com desde el Gobierno, donde se muestran enfocados “en lo importante: el trabajo”. “Si tienen una propuesta o reclamo claro, las puertas del diálogo están siempre abiertas”, avisan.

Por ahora, Cambiemos agita la cifra de los 28 mil millones de pesos que se pierden con el paro. Sólo al sector comercial la protesta le costó 9.745 millones, según la CAME. Es una caída promedio del 50% para un lunes.

Pero al Gobierno le conviene este sindicalismo y no una CGT conducida por el moyanismo, por ejemplo, que está en una disputa política y judicial con la Casa Rosada. También apuesta, así, a mantener la fragmentación de los sindicatos (que se hace extensiva al resto del peronismo). ¿Una modalidad? La negociación por sectores. A la central, por su parte, le queda bien alimentar la relación tirante y no sucumbir a una nueva fractura interna de consecuencias imprevisibles.