La opción siempre fue cerrar las vallas y dispersar con la policía a los manifestantes de manera pacífica, pero esta vez, ganaron los hinchas.
Las fuerzas de seguridad de la Ciudad reprimieron en las calles, mientras en la Casa Rosada los custodios de Casa Militar, dependientes del Ejército, se vieron desbordadas por una horda de hinchas que según admitió el propio Gobierno, violentaron las rejas y entraron sin límite, coparon el histórico Patio de las Palmeras para cantar "Diego no se murió" y "El que no salta es un inglés".
El embajador de Gran Bretaña, Mark Kent, como todos los ministros, el Presidente, la Vice, el titular de la Cámara de Diputados, el gobernador bonaerense, es decir, la máxima cúpula del Gobierno, se encontraba a metros de esa horda sin saber qué hacer.
Cristina estaba reunida en la oficina de su ministro favorito, el titular de Interior, Wado De Pedro, junto a Kicillof, en el despacho de la planta baja.
Mientras esperábamos la salida de la Vicepresidenta para intentar hablar unas palabras, esta cronista comenzó a ver cómo primero 2 hinchas, después 5, después 10 hasta llegar de repente a unos 300 que vestidos en su mayoría con camisetas de fútbol ingresaban sin control al Patio de las Palmeras desde la entrada de Balcarce 24.
La seguridad de la Casa Rosada en ese momento se replegó para evitar cualquier tipo de enfrentamientos, y se escudó detrás de las puertas rodeando para cubrir el Salón de los Patriotas, donde se velaban los restos de Maradona.
Ingresaban en columnas cada vez más numerosas al Patio de las Palmeras y salían emocionados, cantando y riéndose, por el histórico Salón de los Bustos, la puerta de ingreso del Presidente.
"Fueron momentos de tensión de los hinchas, en respuesta a los gases pimienta disparados en la puerta de la Casa Rosada, por la Policía de la Ciudad", responsabilizaron en Presidencia.
La tensión manifestada en las caras de los propios funcionarios hicieron temer lo peor. En el medio, se llevaron puesta una de las estatuas históricas de la Casa Rosada: el busto del ex presidente radical Hipólito Yrigoyen, que finalmente, según aseguraron desde Presidencia, resultó ileso. Ya fue repuesto a su lugar, cerca de Perón, Alfonsín, Néstor Kirchner y todos los ex presidentes de la Democracia.
En más de una década de estar acreditada como periodista de medios independientes en la Casa Rosada (ex Agencia DyN, pasando por LetraP, ahora por A24.com) nunca imaginé la rebelión de los hinchas, ni el día en que ellos, controlarían por un rato, el poder.
Hasta se refrescaron en la fuente que ocupa el centro de la Rosada y la vicepresidenta tuvo que salir por la puerta de atrás. ¿Qué habrá pensado Diego de su tumultuosa despedida? Fue un funeral punk, casi a la altura de su leyenda.