Dos modelos de país que no dialogan entre sí se enfrentan otra vez en las urnas. Esta vez sin incertidumbre posible porque el resultado de las PASO fue más que claro: Macri no acertó en sus recetas y fue castigado en las urnas.
Dos modelos de país que no dialogan entre sí se enfrentan otra vez en las urnas. Esta vez sin incertidumbre posible porque el resultado de las PASO fue más que claro: Macri no acertó en sus recetas y fue castigado en las urnas.
El Gobierno se dio cuenta tarde y pegó un volantazo. Tomó medidas de urgencia para contener la situación social y desarrolló una extensa épica campaña para intentar posicionarse como la contracara de la “barbarie K”. Macri vs. Alberto; el kirchnerismo vs. Cambiemos; Macri contra Cristina.
Casi 34 millones de electores ahora tienen que votar. ¿Lo harán igual que en las PASO? ¿Va a haber gente que no fue a votar y que pueda re-inclinar la balanza? Alguien que votó a Alberto, podría haberse arrepentido y votar por Macri. ¿Qué van a hacer los que en las PASO votaron por Lavagna, Espert y Gómez Centurión pero le tienen más miedo a los Fernández que a Macri?
Macri se va con los mismos problemas con los que asumió: inflación, economía estancada (en caída ahora), pobreza de más de un tercio, cepo al dólar, presión impositiva récord, déficit fiscal. Le dejaron una economía al borde del colapso; entrega una economía colapsada.
Según datos del Centro de Economía Política de la Argentina (CEPA), el salario real en la gestión M cayó un 20%; la jubilación mínima, un 27%; la inflación de este año será de un 55% y la proyectada para diciembre es de 3,2%.
El empleo registrado privado cayó en 183 mil puestos y cerraron 22.411 empresas de menos de 100 trabajadores entre diciembre de 2015 y agosto de 2019. La desocupación superó los 10 puntos por primera vez en al menos una década. La deuda sobre PBI subió de 52,6% a 80,7%.
El que elabora estos números es un centro de estudio ligado al Frente de Todos, pero son números procesados en base a información pública. Incluso son benévolos: no mide los efectos que tendrá sobre esa variable la última gran devaluación.
En ese contexto, la Argentina elige presidente. Macri asegura que los problemas no los generó él, que los heredó. Y probablemente sea cierto, así como que él los agravó por problemas en la gestión.
No logró imponer ninguno de los objetivos que se planteó para su programa económico. Apenas pudo reordenar las tarifas ridículas de servicios públicos que se pagaban en el kirchnerismo, mejoró las relaciones con el mundo y logró instalar las aerolíneas low cost. El resto de los objetivos naufragó: no hay equilibrio fiscal, siguen las retenciones, no se aplicó la reforma impositiva, el sistema jubilatorio es inviable, no hubo reforma laboral y todavía no está solucionado el retraso tarifario. Se habla de resultados en Vaca Muerta, lucha contra el narcotráfico, energía... aunque es muy lejano para los simples mortales. El legado es pobre.
Desde lo político, Macri amplió la grieta por conveniencia electoral. No estableció un acuerdo político ni social. Se peleó con los gremios y también con parte del empresariado. Y aunque todo el tiempo negoció con los gobernadores, lo hizo más por necesidad política que por convicción. Le costó construir cuadros políticos que sostuvieran su gestión y se encargó (con Peña a la cabeza) de cortarle las alas a cualquier funcionario o dirigente que quisiera levantar un poco de vuelo.
La oposición no se la hizo fácil. Mientras el ala “racional” del peronismo aceptaba ciertas concesiones, el kirchnerismo duro se replegaba sobre sí mismo para volver, metiéndole más ruido a una economía que ya habían dejado en terapia intensiva.
Tras el resultado de las PASO, Macri se vio obligado a endurecer su discurso. Repetir que en caso de ser reelecto va a "hacer lo mismo pero más rápido”. Alberto Fernández, en cambio, dice que va a hacer todo lo contrario a lo que hizo Macri. ¿Será eso volver a las políticas del kirchnerismo? Él dice que no.
Alberto propone volver a “ponerle plata en el bolsillo a la gente”. No explica cómo. Habla de un gran acuerdo, aunque solo lo limita a lo social y económico: no plantea en su (escaso) programa ningún acuerdo político con la oposición.
Macri en cambio, dice que en su próximo mandato (“ahora sí”) estará dispuesto a acordar. Siempre y cuando ellos (la oposición) entiendan que “el principal problema del país es el déficit fiscal”. Mirada que el kirchnerismo no comparte.
Difícil hacer un acuerdo político, si ni siquiera hay consenso sobre el diagnóstico de los problemas.
Alberto, en caso de ratificar los resultados de las PASO, no estará necesitado en lo formal de ese acuerdo. Recordatorio: se vota además 24 senadores y 130 diputados nacionales.
Si el Frente de Todos repite el resultado de las PASO, va a tener mayoría propia en el Congreso para imponer las leyes que necesite; siempre y cuando se mantenga su alianza con Cristina Kirchner. Ellos dicen que “son lo mismo”. Pero todavía no gestionan y no tienen que tomar decisiones todos los días.
Alberto va a representar, si gana, la tercera versión del peronismo sin Perón. Lejos del menemismo privatista y de la última etapa del populismo kirchnerista, Alberto se plantea como un moderado que viene a reimponer el programa del primer Néstor Kirchner. Ese diagrama político "nestorista" no tenía en cuenta a la oposición.
Más allá de lo que pase este domingo en las urnas, la Argentina necesita un acuerdo político que le dé previsibilidad. Las lunas de miel duran cada vez menos en todo el mundo; basta ver lo que pasó con Bolsonaro.
Quien resulte electo tendrá apenas unos meses para imponer sus políticas y mostrar resultados. Difícil que lo logre. Por eso, el sistema político necesita de acuerdos para no autofagocitarse.
Según la mayoría de los analistas, 2020 nos encontrará con más inflación, más pobreza, más caída, dólar más alto, más caída… incluso no se descarta un escenario hiperinflacionario.
El próximo presidente va a necesitar precisión quirúrgica y espalda política para implementar las soluciones necesarias. Sea quien sea, un hombre solo no puede.