El resto del peronismo se mantiene cauto. Massa -golpeado el fin de semana, cuando parecía que se quedaba con todo- fue a la asunción de Batakis y aplaudió. Los gobernadores se juntaron en Formosa y dejaron trascender que tenían buena relación con la nueva ministra, que se encargaba de la articulación económica con las provincias. Pero no hubo un documento contundente de apoyo. Quieren que el apoyo lo den Cristina y Alberto.
La CGT también muestra disidencias. “Hay una crisis política que profundiza la crisis económica”, planteó Jorge Sola, secretario de prensa de la central de trabajadores. Van a marchar al Congreso a pedirle “a todo el arco político la necesidad de una urgente revisión de lo que se viene haciendo para lograr encarrilar la situación económica", planteó Sola. Una manera elegante de no ir a Plaza de Mayo.
Batakis se tomó tres días para armar su equipo. Mientras tanto no hay definiciones económicas. Nadie sabe qué precios ponerle a las cosas; no hay precios, no se sabe qué va a pasar con el dólar, si la nueva ministra va a seguir con el acuerdo con el FMI, ni qué va a pasar con las tarifas energéticas, si va a haber retenciones o si le van a poner plata en el bolsillo a la gente. Mucho menos cómo se resuelve la crisis del gasoil.
Por las dudas, todos se cubren y aumentan; el Gobierno no dice nada. Y si dijera, nadie le creería.
Todos quieren saber qué quiere Cristina, que tiene el poder de fuego. Porque mal que mal es la que tiene los votos, aunque sean cada vez menos. Y en el conurbano le garantiza un triunfo a cualquiera. Y nadie quiere perder. Una especulación táctica sin mucho sentido de futuro.
El viernes Cristina habla desde el Calafate. Quizás ahí se empiecen a ver las primeras pistas del futuro. Faltan todavía unos días: un tiempo eterno para un país que no encuentra el rumbo.