*Sobreestimó el voto popular y presentó una ley que era casi una reforma constitucional.
*Intentó apurar los tiempos legislativos desconociendo el rol de las comisiones
*Pensó que cerrando acuerdos con los jefes de bloque lograría la aprobación global de las leyes.
*Creyó que solo cerrando con los gobernadores ya tendría el camino allanado para aprobar cualquier cosa
*Pensó que cerrando con los Diputados, tendría garantizado el apoyo de los senadores.
Más duro que la realidad
En todos los casos se impuso la realidad. El Gobierno puede festejar este jueves. Va a seguir festejando con el anuncio de la inflación de mayo y la buena recepción de los mercados.
Pero al final de cuentas, la victoria es de corto plazo. Los 36 del Senado son casi el máximo que puede conseguir el Gobierno para garantizar la gobernabilidad. Varios de los senadores que apoyaron la ley bases ya avisaron que después de esto no habrá más apoyos a libro cerrado. Lo mismo pasa en Diputados.
El Gobierno logra ese resultado en su mejor momento y con una aprobación de imagen presidencial promediando el 50%. Es difícil que en el Congreso se vayan a aprobar nuevas reformas estructurales.
Así, Javier Milei va a tener que transitar los próximos dos años de gestión (por lo menos hasta las elecciones 2025) sin poder contar nuevamente con el Congreso.
Peor todavía: a principio de julio está prevista una sesión por la ley de financiamiento educativo y por la restitución del FONID; más gasto público que el presidente no podrá vetar y que pondrá en peligro las cuentas fiscales.
Milei tiene su ley. Pero lejos de ser un éxito, expone sus debilidades políticas más que nunca, incluso entre sus aliados. Los senadores del PRO que responden a Ignacio Torres votaron en contra de artículos clave del paquete fiscal.