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POLÍTICA

El récord mínimo de sesiones en el Congreso y la fallida propuesta de "unir a los argentinos"

El récord mínimo de sesiones en el Congreso y la fallida propuesta de

Un Congreso abierto, donde los temas y proyectos se debaten con relativa libertad puede entenderse como una sociedad -que se expresa al votar- abierta al diálogo. Es más claro por la contraria: un Congreso cerrado -lo que implica mucho esfuerzo político- significa un diálogo que se busca no suceda, una grieta cada vez más grande. 

Siguiendo este análisis, debe revisarse la cantidad de sesiones que hubo por año, para así entender si la política está transmitiendo “unión“ o no a los argentinos. 

La construcción de consensos, al menos en la clase política, tocó fondo en 2018 tanto en la Cámara de Diputados como en el Senado. Hubo 6 sesiones en Diputados y 12 en el Senado, según los portales de datos abiertos de cada cámara. Son los números más bajos desde hace al menos 12 años.

Pero antes, hay que entender la dinámica del Congreso: los años de elección los legisladores hacen campaña en sus distritos, por lo que es normal que haya menos sesiones. En cambio, cuando no hay elecciones, hay más sesiones. 

Otro aspecto a entender es el tipo de sesión. En este análisis se incluyen tres:

  • Las ordinarias, en las que hay margen para debatir los proyectos de cualquier legislador, sea oficialismo u oposición. Son sesiones más abiertas. 
  • Las especiales, en las que se trata un tema prefijado a pedido de quien convoca a esa sesión (en general, de lo que quiere o necesita el Ejecutivo). No se puede abrir a otros proyectos que no estén en el temario.
  • Las extraordinarias, que son sesiones a las que convoca el Ejecutivo fuera del período de trabajo del Congreso (marzo-noviembre) con un temario acotado. Es decir, tampoco la oposición tiene la opción de incluir sus temas.

En este análisis no se incluyeron las sesiones de minoría (aquellas que no lograron quórum), las informativas (cuando el jefe de Gabinete visita alguna de las cámaras para informar sobre la gestión), ni las de homenaje. 

Por esto, los números de 2018 son alarmantes. A pesar de ser un año sin elecciones, en Diputados solo hubo 6 sesiones. Nunca hubo tan pocas sesiones, ni siquiera en los de elecciones.

En 2011, año en que el kirchnerismo aplicó la misma estrategia de clausurar el debate legislativo, hubo 9 sesiones. Se habían quemado con leche el año anterior, cuando la oposición le aprobó el 82% móvil para jubilados y Cristina tuvo que vetarla al día siguiente.  

El Senado tuvo 12 sesiones, el valor más bajo desde, al menos, 2003. En 2015 también hubo esta cantidad de sesiones, pero ese era un año de elecciones. 

Si tenemos en cuenta el tipo de sesión, el Senado muestra una caída constate de las sesiones con libre temario (las ordinarias). 

En 2018 hubo 5 sesiones de este tipo, el año anterior 6 y 2016, 14. Son números que muestran una fuerte caída del diálogo legislativo; caída que inició con el segundo gobierno kirchnerista, pero se profundizó con el gobierno de Cambiemos.

Índice de Confianza en el Gobierno

En tres años de gestión, el Gobierno perdió la confianza que había logrado durante campaña de 2015, según el Índice de Confianza en el Gobierno (ICG) elaborado por la Universidad Di Tella.

En noviembre, el índice fue de 1,77, cerca del mínimo obtenido por esta gestión en octubre. Ese mes fue de 1,75, el mismo resultado con el que Cristina Kirchner dejó el poder. 

Qué pasa con los promedios. Si comparamos el promedio de la confianza en este gobierno contra los anteriores, Macri pierde contra Néstor Kirchner, aunque le gana a Cristina. Para el ex presidente, el promedio de confianza durante su gobierno es de 2,49, mientras que para el actual presidente ese valor es de 2,43. Para la ex mandataria, los promedios fueron de 1,71 y 1,83, respectivamente.

Ignacio Ferreiro
por Ignacio Ferreiro @igncferreiro
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