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POLÍTICA

Lo que dejó el escándalo en Diputados: duros, moderados y chicanas en el peor momento de la pandemia

Lo que dejó el escándalo en Diputados: duros, moderados y chicanas en el peor momento de la pandemia
La última sesión en la Cámara. Más allá de que terminó en escándalo, los puentes no están rotos (Foto: Cámara de Diputados).

"Nosotros queremos seguir sesionando. Pero la agenda de gobierno la propone el que gobierna. Si ustedes quieren venir a imponer una agenda, tienen que ir a elecciones". Palabras más, palabras menos, así dio por terminada Máximo Kirchner la reunión de labor parlamentaria que hizo que el Congreso se fracturara el último martes.

Las dos partes (oficialismo, oposición y también el resto de los bloques minoritarios) estaban de acuerdo en prorrogar hasta por 30 días las sesiones virtuales con temas consensuados. Sergio Massa prometió que la reforma judicial no se podría tratar en menos de ese tiempo. Tampoco darían los tiempos para tratar el Presupuesto ni la reforma jubilatoria.

Pero la oposición exigía que esas excepciones figuraran en el documento de prórroga. No confiaban en la buena voluntad del Frente de Todos.

“Lo apretaron a Sergio. Le pedían que ponga en el acta cosas”, relata a A24.com un aliado del oficialismo. "Se bancó 5 horas y negoció hasta el final", insiste.

La decisión de Juntos por el Cambio de no aceptar el compromiso de palabra de Massa se tomó en conjunto en el chat de WhatsApp por el que se comunica el interbloque. Macri no intervino en la decisión, aseguran los principales actores de ese espacio.

“En el zoom del lunes (el día anterior) Macri estuvo, acompañó la postura del bloque, pero estaba muy tranquilo”, dijo uno de los participantes.

“No limitábamos los temas a tratar, pero pedíamos que algunos temas se hagan de manera presencial con excepciones”, aclara una autoridad de uno de los partidos que integra JxC.

Casi 100 diputados acompañaron por WhatsApp la posición dura de no aceptar sesionar de manera virtual y de ir directamente al recinto. Hubo otros que dudaron: fundamentalmente los del ala blanda del PRO que responden a Rogelio Frigerio y Emilio Monzó; y los radicales de Evolución (Martín Lousteau), que sostenían que no hay que romper los puentes y que las imágenes del martes perjudican a todos y no solo al oficialismo.

Días más tarde, se sumaron más voces similares en el bloque. Todos acordaron bajar las tensiones y acordar una solución. “Es un escándalo que no ande el Congreso”, reconocieron fuentes de Juntos por el Cambio a A24.com.

“Las leyes que no afecten a instituciones van a seguir. Y a futuro están buscando algún tipo de acuerdo: puede ser sesionando en otro lugar o habilitando un número representativo de diputados adentro del recinto”, aseguran.

Lo de trasladar la sesión a otro lugar está complicado. Los empleados del Congreso no lo verían con buenos ojos. La otra opción tiene un poco más de sentido.

Alberto también metió la cuchara. No le gustó lo que vio en el Congreso el martes por la madrugada. Quizás sus palabras posteriores (cuando dijo que no se votó la ley de Turismo) no fueron solo un error. Hubo charlas entre líderes opositores y asesores de Alberto Fernández.

El diálogo entre Massa y Cristian Ritondo, jefe de bloque del PRO, sigue siendo bueno. Son amigos personales. Con Mario Negri, jefe del interbloque de JxC en Diputados, también es correcto. Hubo un reconocimiento de que sesionar sin la oposición es complicado.

Más allá de que terminó en escándalo, la negociación sigue abierta y los puentes no están rotos en lo más mínimo. Incluso, frente a las amenazas que recibió Massa todos salieron a solidarizarse.

La situación contrasta con la del Senado. Ahí no hay reuniones de labor parlamentaria desde diciembre. “La única vez que charlamos con Cristina todos los bloque fue apenas asumió y 10 minutos. La segunda vez fue con Mayans (jefe de bloque oficialista) y nunca más. No tengo diálogo con la Presidenta”, se queja el jefe del interbloque opositor, Luis Naidenoff.

Las sesiones se hacen a través de un pedido especial de la Presidencia (Cristina) y hasta ahora no habilitó temas que estén en la agenda de la oposición. Naidenoff señala, por ejemplo, la ley de economía del conocimiento que podría generar 200 mil puestos de trabajo o la ley de concursos y quiebras para el sector privado. “No nos permiten poner la agenda de la sociedad en discusión. Y eso que la presidenta es una parlamentaria con experiencia”, se plantea.

El Senado, que fue la institución más abierta y democrática en los últimos 18 años, hoy se convirtió en un lugar difícil de transitar. “Los senadores se pelean para ver quién dice más 'Néstor y Cristina'”, ironiza una senadora con años en la Cámara alta.

Cristina aburrida en la sesión (Captura Senado TV)
Cristina aburrida en la sesión (Captura Senado TV)

En medio del discurso de cierre de Mayans durante de la última sesión, Cristina se paró con cara de fastidio ante los largos discursos. “Entiendo que usted se pare y la comprendo porque está ahí trabajando todo el día. Hace bien a la circulación de la sangre”, la elogió Mayans. Nadie pide tanto.

Cristina aburrida en la sesión (Captura Senado TV)
Cristina aburrida en la sesión (Captura Senado TV)

Números que preocupan

Mientras la política discute nimiedades del poder, la pandemia evoluciona y preocupa. Y no hay demasiados resortes para pensar alternativas. Ya no hay energía para más cuarentena, ni plata para pagar IFE, ni margen para que la policía contenga. El personal de Salud también salió a plantear que tampoco aguanta.

Alberto está en el dilema de cuándo apretar el “botón rojo”. Aunque no queda claro que ese botón sirva para algo ahora.

El ministro de Salud de la Ciudad, Fernán Quirós, pareció contestarle: "La capacidad de hacer cumplir las reglas a 3 millones de personas es limitada. Llenar a Buenos Aires de policía para hacer que cada uno cumpla no es una estrategia efectiva”, dijo.

“Cuando a la ciudadanía hay algunas cosas que les cuesta cumplir, hay que generar políticas que le permitan descomprimir la situación sin aumentar mucho el riesgo. Y eso es lo que hemos hecho”, insistió. Salidas recreativas, autorización a reuniones en lugares públicos y apertura de gastronomía van en ese camino. Aunque parece difícil garantizar que se cumplan los protocolos.

Mientras, la situación social se sigue desbordando. Las tomas de terrenos preocupan a los intendentes. No tanto por la violación a la propiedad privada, sino porque esos terrenos que la gente va tomando, en muchos casos, no están aptos para la construcción de viviendas ni para poder urbanizar en un futuro.

El miedo es que muchos estén especulando con ofrecer esos terrenos para hacer un posterior negocio. Una vez que las familias se instalan ahí, los que se quedan con el problema son los intendentes, que después no tienen como resolverles cuestiones básicas como el acceso a agua potable, electricidad o –incluso- seguridad.

“La única política seria fue el Procrear, que fue para la clase media. No hubo una política habitacional en 30 años. Por lo tanto, va a haber oleadas donde esta situación se exprese. Cualquiera que busca una salida represiva tiene un balde en la cabeza. No ve la realidad", dice a A24.com un funcionario del Ejecutivo con injerencia en el tema y que conoce muy de cerca los barrios populares.

Una consultora de primer nivel que anticipó internamente la debacle en la opinión pública respecto de Macri en diciembre de 2017 (cuando Cambiemos acababa de ganar las elecciones intermedias) observa que ahora Alberto está transitando un momento similar. Todavía está alto en las encuestas, con índices de aprobación por encima del 50%.

Pero creen que lo que hay que mirar (como pasó en 2017) no es la imagen del dirigente sino el “humor social”, que es lo que permite leer la expectativa a futuro. Alberto sostuvo altas expectativas durante mucho tiempo y ahora están cayendo. “Hoy es más la gente que no le cree, que la que sí le cree”, explican en off.

El humor social favorece, en cambio, a Horacio Rodríguez Larreta. Su debilidad es su estrategia de “asimilación con Alberto”, que hoy es bien leída por la opinión pública pero puede destruirse si se desmadra la pandemia.

Larreta juega al equilibrio, pero todavía no se anima a darle "volumen político al centro". Algunos operadores quieren convencerlo de que genere una gran foto con Vidal, Lousteau, Monzó, Frigerio, sectores moderados del radicialismo. Sueñan con sumar a Stolbizer y Urtubey... Al jefe de gobierno le gusta la idea, pero no es el tiempo de presentarla en sociedad.

Alberto es un gestor de ambiciones ajenas. Siempre lo fue. Con Cristina encerrada en el Senado y los gobernadores abroquelados sobre sus propios problemas sanitarios, el Presidente queda con pocos resortes políticos para poder plantear un volantazo.

Con la pandemia que no da respiro, la economía en knock out, la situación social cada vez más complicada y sin acuerdos políticos, el futuro puede ser cada vez más oscuro.

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por Pablo Winokur @pablowino
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