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Opinión

Estrategias de comunicación y oportunidad 2022

En un escenario complejo por la pandemia y las elecciones hace falta equilibrio y un discurso integral y sostenido. Qué nos puede deparar el año próximo.
por Gabriel Slavinsky | 26 de mayo de 2021 - 01:41
Estrategias de comunicación y oportunidad 2022

Alberto Fernández y Cristina Kirchner, las figuras que se reparten el poder dentro del Frente de Todos (Foto: archivo).

Atravesamos momentos complicados. Viene el invierno, que implica más encierro, mayor nivel de contagiosidad, ocupaciones de UTI al borde del colapso, más fallecidos y, en definitiva, otros tres meses de mayor incertidumbre social.

Trama

Tenemos así dos temas principales en primer plano y varios otros sobre la mesa. A la pandemia, en términos sanitarios, se le adiciona la consecuencia económica.

El modo de abordar las constantes situaciones que propone el complejo escenario genera polémica porque inevitablemente trae consigo nuevas víctimas y el dilema (o falso dilema, depende de cómo se mire): cierre de la economía con más pobreza o contagios con más muertes.

En este contexto hace falta equilibrio y buena comunicación: integral, estratégica y sostenida.

Además, se suma…

Como todo año impar, es electoral. Se votará en el país, será en septiembre (las PASO) y en noviembre (las generales). Se trata de la renovación legislativa y en dos provincias se suman ejecutivas (Santiago del Estero y Corrientes). Eso parece no suspenderse.

Se suma que el Frente que gobierna, el de todos, todas y todes, tiene un poder muy importante en la figura de la vicepresidenta, también Máximo, La Cámpora, el kirchnerismo, gobernadores, intendentes, sindicalistas, massistas… Ah, y Alberto Fernández, que es nada menos que el Presidente que intenta unir esto.

Se suma que Juntos por el Cambio es otro frente heterógeneo que hace lo que puede para no dividirse en facciones. Sabe de la necesidad de congregar a toda la oposición, con el ala dura, la moderada, tibia, la de la gestión, la de la emoción, la de la república, los valores y la moral. Son demasiadas líneas y un liderazgo que aún no está claro. Recayó en Rodríguez Larreta, que es el único de alto perfil gobernando. ¿Es Macri, Bullrich o Vidal? ¿Es Lousteau o Cornejo? ¿Valdés o Morales?

Se suma que hay una importante reforma en la agenda del oficialismo, la judicial. Cada confrontación en este pandemonium parece innecesaria. Lo cierto es que el oficialismo avanza y se manifiestan dos antagonismos: desde JxC se espantan y preguntan con manipuladora incredulidad: ¿es el momento de hacerlo en medio de la crisis sanitaria? Y se responden a sí mismos que lo hacen para asegurar la impunidad de la vicepresidenta.

Desde el Frente de Todos contestan con dos afirmaciones: “La Justicia así no aguanta más (lenta, sin perspectiva de género, con fiscalías sin recursos, poco federal, etc)”. Y encima: “Estamos trabajando en una temática muy relevante que fue parte de nuestra campaña. Tenemos el derecho y la pandemia no puede frenar toda la agenda nacional”.

Se suma el debate por la educación, presencialidad en las aulas o virtualidad. Parece un cuento de no acabar tener que estar negociando a cada semana o mes cómo se desarrollará la escolaridad de nuestros hijos. Esto indica la falta de plan: no es una crítica al Presidente o a algún gobernador; es una clara incapacidad dirigencial de encontrar caminos comunes con criterios que trasciendan las ventajas políticas que se puedan sacar en el corto plazo.

Se suma que no hay vacunas o no se avizora una llegada masiva para dar un horizonte. El gobierno nacional, en este sentido, comunica de modo apresurado e imprudente, festeja lo que no debe con una mirada de corto plazo y carente de estrategia. Hay una intención constante de dar la buena noticia de la semana.

Es mayor el problema de comunicación que de la falta real de vacunas. Porque puede parecer hasta lógico que falten vacunas en un momento en el que el mundo entero las disputa. El conflicto es la promesa que será incumplida a las pocas semanas.

Se suma que llega el invierno y se incrementan los contagios, y como consecuencia aparecen más restricciones. Eso genera un hastío, cansancio y desagrado social lógico más allá de las diferencias partidarias o ideológicas. La culpa es de la pandemia, no es del Gobierno. Pero la responsabilidad de conducirla y comunicar las acciones para guiar a la población sí lo es.

Se suma que la oposición no permanece en un rol muy constructivo que digamos. El modelo de JxC en 2021 (recordemos que es año electoral) es combativo hacia casi todo y cuando puede, con las excepciones de las “palomas” moderadas relacionadas con los que deben gestionar distritos: Larreta, Valdés, Morales…

Se suman las negociaciones con el FMI, con Guzmán a la cabeza, que hace malabares para explicitar de buena fe que se quiere un acuerdo con todas las partes sentadas en la mesa. Con una interna en el FdT magnificada en esta cuestión puntualmente y con los del Fondo comprendiendo que negocian con las fortalezas de siempre, pero debilitadas como nunca.

Ahhh, no terminamos…

Se suman las contradicciones eternas de nuestro país. La falta de autocrítica; la fase 1 que viene pero que no; el feriado; las clases que por 3 días se suspenden en la Ciudad; “Pepín” Rodríguez Simón; las desafortunadas declaraciones sobre la desproporcionalidad del Estado de Israel; Berni en formato Rocky Balboa; los controles de tránsito que simulan ser sanitarios; el Fútbol que para; Showmatch; la Copa América (sí, la Copa América. ¿Seguimos?

Demasiados temas, demasiados frentes, demasiado conflicto abierto.

Conclusiones

El consenso va y viene. Mucho ruido constante. La población se siente confundida cuando debiera primar la claridad. Kiciloff, combativo y larguero. Alberto, vago en sus cadenas nacionales, profesor sin autocrítica cuando podría concentrarse en las decisiones, en un plan de certidumbre; Larreta, en el transcurso de 15 días, pasó de la sedición y el desafío a la autoridad presidencial, al “sí, sí, sí, Mr. President”.

Ciudadanía anonadada, confundida, con miedo al virus y al padecer económico.

2022

Es un año que seguramente nos deje secuelas duras de sobrellevar, heridas de una guerra. El desastre cuando se va el agua luego de una “mega” inundación, pero que también dejará la enorme y gigantesca oportunidad de que en la debilidad se puedan establecer acuerdos entre espacios y dirigentes que causen orgullo. Que tramiten sus diferencias, releguen egos personales y consigan de una vez y por fin el tan ansiado y necesario gran pacto nacional.

(*) Psicólogo. Consultor en opinión pública.

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