“¡Gracias, Ginés! Sé que te vuelvo a meter en un bodrio, pero que tenés enorme capacidad de sobrellevarlo”. Así presentaba Alberto Fernández a su ministro de Salud en 2019. Nunca pensó que sería el ministro de la pandemia.
“¡Gracias, Ginés! Sé que te vuelvo a meter en un bodrio, pero que tenés enorme capacidad de sobrellevarlo”. Así presentaba Alberto Fernández a su ministro de Salud en 2019. Nunca pensó que sería el ministro de la pandemia.
Ginés nunca terminó de entender la magnitud de la pandemia que le tocaba transitar. No lo entendió en el verano de 2020, cuando explicaba que la gripe común era mucho peor que el coronavirus; o cuando decía que su preocupación eran el dengue y el sarampión. Por supuesto, no fue el único que lo expresaba, pero él tenía la máxima responsabilidad.
Ginés delegó el manejo de la pandemia en su viceministra Carla Vizzotti. El equipo de Presidencia decidió aislarlo para evitar que hiciera declaraciones a la prensa. Cada vez que hablaba dejaba un título poco feliz para la estrategia del Gobierno: “Yo no creía que el coronavirus iba a llegar tan rápido, nos sorprendió”, fue una de las frases que más desconcertó en La Rosada.
Otro exabrupto se dio cuando acusó a la clase media por la difusión del virus: "La epidemia del coronavirus comenzó con la clase media y media alta que viajaba. Fueron ellos los que hicieron que llegara el virus a nuestro país”.
Ginés era inmanejable. Solo Alberto podía aplacarlo en parte, pero no respondía al resto de la línea jerárquica del Gobierno. “Es un viejo soberbio que cree que se las sabe todas”, explicaba una dirigente que transitó de cerca sus gestiones anteriores.
Venía con la chapa de haber sido el “mejor ministro de la historia”, como lo calificaban dentro del peronismo. Especialmente en su primera gestión, junto a Eduardo Duhalde, cuando había sido el impulsor de la ley de medicamentos genéricos, la de salud reproductiva y procreación responsable, el plan Remediar, entre otros.
Luego, en la campaña 2019, había tenido a su cargo todos los equipos técnicos para la elaboración de programas de gobierno del PJ.
Su llegada al ministerio había sido celebrada como una reivindicación de sus políticas en aquellos años de 2002 a 2007. "El ministro de Salud, como es obvio, tiene que ser Ginés", lo había presentado Alberto Fernández el día que anunció su gabinete. Hubo risas. “Es como aquella propaganda que decía, ‘uno camina y camina y al final siempre termina en…’; uno siempre camina y camina y siempre termina en Ginés porque nadie conoce lo que pasa en la salud argentina como Ginés González García”.
Pero algo cambió en esta etapa. Quizás por su edad, no estaba en condiciones de hacerse cargo de una pandemia. Su política sanitaria, la del Gobierno, tuvo más oscuros que claros y en general no le acertaron a los pronósticos.
Mientras todo esto pasaba, Ginés seguía enfocado en otros temas laterales como el sarampión, la obesidad infantil o en denunciar la gestión macrista.
En su renuncia también dedicó varios párrafos a eso.
Ginés se fue de la peor manera. Acusado de corrupción en el manejo de las vacunas contra el Covid. Corrupción es, por definición, “hacer uso privado de los bienes públicos”: Ginés uso su poder para vacunar amigos. Vale recordar que la Argentina no vacunó aún al 1% de la población.
Alberto –rápido de reflejos- puso en su lugar a Carla Vizzotti, su viceministra. Podrá haber un cambio de caras, pero difícilmente cambie el fondo: Vizzotti fue la autora intelectual y material de todo el proyecto del Gobierno para combatir la pandemia. Y los resultados están lejos de ser alentadores.