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POLÍTICA

El "hilo fantasma" que une a Menem y Alberto: la apuesta por un peronismo que busca conciliar

El
Alberto Fernández y Carlos Sául Menem (Foto: Presidencia)

Como la mayoría de los peronistas de su generación, Alberto Fernández es otro de los (tantos) hijos políticos de Carlos Menem. Una camada de dirigentes pragmáticos, surgidos en su mayoría del estudio del Derecho y fogoneados en la primavera alfonsinista, hábiles con el discurso, maestros de ceremonia de café y con idéntica vocación de poder, punto este último que representa una herida abierta con el radicalismo y su ADN republicano.

Esa misma ambición fue la que llevó al peronismo al Consenso de Washington y combinó la alineación al establishment con la lengua popular. Menem representa el peronismo cultural. Y, como tal, fue el formador y conductor de numerosos exponentes que se criaron bajo su ala (Eduardo Duhalde, Felipe Solá, Néstor Kirchner, Daniel Scioli, Sergio Massa, Carlos Reutemann), aunque muchos encontraron su ocaso en el "Que se vayan todos" del 2001, la patria sublevada de la convertibilidad.

Socio de ese pelotón, Alberto Fernández debutó en las urnas como candidato a legislador porteño de la mano de Domingo Cavallo, quien a su vez era un exponente feroz (el más crudo) del libre mercado y la flexibilización de la economía. Antes, el actual presidente había sido funcionario de Raúl Alfonsín (subdirector general de Asuntos Jurídicos del Ministerio de Economía) y del propio Menem (superintendente de Seguros de la Nación).

Dejó el gobierno peronista en 1995. "Renuncié porque estaba en contra de la cláusula que modificaba la reelección", declaró Fernández en las últimas horas. Una marca en el calendario que resulta beneficiosa para la biografía revisionista: el actual presidente dejó el menemismo disconforme con la reforma de la Constitución que le permitió al riojano acceder a la reelección. Pero se refugió en el duhaldismo, la pata bonaerense del peronismo conservador.

Visto hoy, hay un "hilo fantasma" que une a Menem con Alberto Fernández. Como aquel, este presidente busca ser el conductor de un peronismo amplio, de corte conciliador, respetuoso de las diferencias, republicano hasta donde se pueda, abierto al periodismo y disponible para el veredicto ciudadano, del mismo modo que intenta, en esa misma tradición y con los matices lógicos, afianzarse como un peronista popular sin romper los puentes con el establishment.

Quizás ahí esté el eslabón que los enlaza. Menem entendió -equivocadamente- que el mercado, en su autorregulación y con sus propias reglas, podía sacar a los argentinos de la pobreza. Y este presidente, que viene de esa misma escuela, también se define como un "hombre del capitalismo", aunque ya haya comprendido el rol del Estado como árbitro en la economía global.

Durante su primer mandato, Cristina Kirchner también hablaba de un "capitalismo social e inclusivo". ¿Es un oxímoron? La diferencia entre la experiencia liberal de los ‘90 y la intervención del kirchnerismo post 2001 demuestra que ambos se referían a dos capitalismos distintos, pero capitalismo al fin.

Menem ya es historia y será el peronista que vino de la tierra roja para convocar a los trabajadores y traicionar su legado. El de las patillas de caudillo y el saco amarillo con los Rolling Stones. El presidente que sufrió la persecución de la dictadura y terminó celebrando las privatizaciones con champagne en el estudio de Bernardo Neustadt. En ese sentido, fue un fiel exponente de su tiempo. Ahora la Casa Rosada le debe su busto.

por Nicolás Poggi @PoggiNico
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