La Jungla del poder

La guerra política de las pecheras: "Vení, que yo te vacuno"

A las puertas de una catástrofe sanitaria, la dirigencia política está más preocupada por las elecciones y por quién aplica las vacunas.
por Pablo Winokur | 09 de abril de 2021 - 22:35
Larreta

Larreta, Axel, Alberto y Macri, entre operativos de vacunación, aislamiento y barbijos

La situación es dramática en el corto plazo y apocalíptica en el largo. Médicos advierten que faltan camas en el sector privado. El PAMI dice que se quedó sin lugar en la Ciudad y que está a punto de quedarse sin plazas en todo el AMBA. Aerolíneas suspendió vuelos porque tiene demasiado personal infectado o aislado. La ocupación promedio de camas en el AMBA alcanza el 69,2 %, cuando hace sólo dos semanas, era del 56,5%; en dos semanas más no va a haber camas en serio. Las nuevas cepas circulan cada vez con más fuerza, pero no explican el aumento de casos del último mes. Las restricciones no parecen estar funcionando y no queda claro si la caprichosa opinión pública toma dimensión de la gravedad de la situación.

En medio de esto, la política otra vez se prioriza a sí misma, como pasó el año pasado. En junio, cuando Horacio Rodríguez Larreta empezó a medir bien en las encuestas, salieron a “carpetear” los aumentos de casos en Ciudad de Buenos Aires, exhibiendo como un éxito propio los bajos contagios de cada una de las intendencias. Dos meses después se dio vuelta la tortilla.

Ahora, Horacio también mira las encuestas. En una interna contra Patricia Bullrich, cualquier nombre que él ponga como candidato en la ciudad de Buenos Aires perdería. Por eso no puede cerrar todo, por más que quiera. Y por más que presione su ministro de Salud, Fernán Quirós.

La Provincia de Buenos Aires mira encuestas. Creen que tienen margen para hacer un cierre mayor. Pero no están dispuestos a pagar el costo político de la represión. Por lo tanto, las restricciones son optativas en la práctica. “No ponemos un semáforo en cada esquina para que se cumpla la norma”, explican en Provincia. La diferencia es que hay consenso en que el semáforo es un ordenador del tránsito; no hay consenso social de que las restricciones vayan a ordenar la pandemia.

Larreta tiene más claro qué piensa la gente porque hace focus groups. En la Provincia descreen de ese método y solo miran encuestas. Difícil gobernar sin usar todas las herramientas de gestión.

La guerra de las pecheras

La Ciudad de Buenos Aires tiene una alta proporción de los adultos mayores del país y de los médicos. Pero las vacunas se distribuyen por habitantes, no por grupo de riesgo a inocular.

Larreta y Quirós lo plantearon varias veces. Alberto finalmente aceptó mandar más vacunas a CABA, pero con una condición: aplicarlas a través del PAMI, que dirige Luana Volnovich; o sea, vacunar con pechera celeste.

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Larreta quería vacunar siempre con la pechera amarilla del PRO. Venía rechazando la intervención del PAMI y tuvo que aceptar: no puede correr riesgos preelectorales en medio de la segunda ola.

El PAMI ya había vacunado en Provincia en distritos amarillos (y en algunos oficialistas también). Ya que todos reclaman, ahora los intendentes PRO también quieren vacunar con pechera amarilla y sacaron un comunicado pidiendo ser incluidos en el programa de vacunación: “Las intendencias que componen el Grupo Dorrego cuentan con más de 320 vacunatorios entre hospitales, centros de salud, polideportivos y otros espacios municipales, con una capacidad de vacunación de 250 dosis diarias por vacunatorio. Esto implica poder inocular en un mes a 2,4 millones de bonaerenses, que representan el 75% de la población de todos los municipios PRO”, escribieron. Nadie se quiere perder la foto.

Los gremios también quieren poder vacunar con sus pecheras. Esta semana salieron pedidos de todo tipo. El más insólito fue el de los panaderos. El gremio pidió que se les dé prioridad en la vacunación al grito de “somos esenciales, no descartables”. Dicen que alimentaron a la gente durante todo 2020 y que por eso deben saltearse la fila que armó el Gobierno en las prioridades de las poblaciones de riesgo.

No fueron los primeros. Antes había sido el gremio de los camioneros de Hugo Moyano, los taxistas, la Unión de Transporte Automotor (UTA), el de los capitanes de barco y los trabajadores de aduana, seguridad privada. También los trabajadores de la carne. Nadie se quiere perder su porción.

Hay más gente que reclama beneficios sectoriales. La jueza María Servini (de Cubría) –recientemente contagiada de Covid- acusó públicamente al Gobierno de la Ciudad por no gestionarle la segunda dosis de la vacuna. Recordatorio: el gobierno nacional definió que en los próximos meses no le va a dar la segunda dosis a nadie (¡A nadie!) más que al personal de salud.

Pero la jueza dijo que si no le dan la segunda dosis a ella y a su gente, no van a fiscalizar la próxima elección. Privilegios de clase.

A los partidos políticos (funcionarios, dirigentes y representantes del oficialismo y la oposición) les viene bien esta apretada porque no andan con ganas de hacer las PASO en agosto.

Ni un PASO atrás

La Política (con mayúscula) sigue hablando de las PASO. Quieren posponerlas. El peronismo porque cree que en septiembre va a hacer una mejor elección; la oposición, porque no le queda otra.

El Gobierno –con esfuerzo- tiene los números en el Congreso para imponer un cambio en la ley. Para Juntos por el Cambio es mejor pactar una tregua que forzar que el oficialismo les imponga algo peor. Es parte del legado de Raúl Alfonsín y su Pacto de Olivos.

La Política sigue jugando al juego electoral como si no pasara nada.

Mayra Mendoza, intendenta de Quilmes, sacó un tweet diciendo: “Se juntan sin distancia, se creen vivos por no ponerse barbijo”; “Tan grave como el coronavirus es el egoísmo de estas personas”. Llamó la atención leer a Mayra atacando a su propio espacio…

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Mayra Mendoza, junto a Wado de Pedro, Massa, Kicillof y Alberto, en una reunión de 2020 (Foto: archivo).

Mayra Mendoza, junto a Wado de Pedro, Massa, Kicillof y Alberto, en una reunión de 2020 (Foto: archivo).

¡Ah! No, ¡Perdón! La foto esa es de 2020. En aquel momento no dijo nada de la falta de barbijo ni de Alberto, ni de Axelito, ni de Sergio. Pero ahora, como los que andan sin barbijo son otros critica. La referencia era sobre la reunión que tuvo Macri con algunos dirigentes del PRO que militan en “La territorial”, que incluye a sectores del vidalismo en la Provincia. Alex Campbell (al lado de Macri) dio positivo de Covid y todos se tuvieron que aislar. Es cierto, como dice Mayra: ¿tanto costaba ponerse un barbijo?

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Alex Campbell, al lado de Macri, dio positivo por Covid y obligó al expresidente y otros dirigentes del PRO a aislarse (Foto: archivo).

Alex Campbell, al lado de Macri, dio positivo por Covid y obligó al expresidente y otros dirigentes del PRO a aislarse (Foto: archivo).

Néstor Grindetti, intendente PRO de Lanús, salió esta semana a pedir que paren los piquetes, en el marco de la emergencia epidemiológica. No es momento para marchas, dice.

Pero su espacio no fue tan contemplativo en 2020 con las marchas anticuarentena. Patricia Bullrich se pasea por los barrios arrogándose haber organizado todos los banderazos. Dice que ella fue la resistencia mientras Larreta integraba “la mesa de los tres chiflados”, como denominan “los patricios” a Alberto, Axel y Horacio.

Santiago Cafiero, jefe de gabinete, durante todo 2020 pedía cancelar los banderazos opositores a los que calificaba de irresponsables por manifestarse en medio de la pandemia. “Tienen que encontrar otro método para manifestar sus preocupaciones”, decía. Pero esta semana, el Movimiento Evita organizó en el pico de la segunda ola una marcha para pedir la liberación de Milagro Sala. Cafiero no dijo nada; tampoco Fernando “el Chino” Navarro, líder del Movimiento Evita y funcionario de la jefatura de Gabinete.

Patricia Bullrich pide (¡exige!) que el Gobierno nacional libere a las provincias para gestionar la compra de vacunas. Difícil imaginarse a los gobiernos de Formosa, Salta, Jujuy o Chubut yendo a negociar un insumo que no consiguen ni las naciones más poderosas del mundo.

El gobierno porteño también decía que era imposible hacer esa gestión. Al final, Nación autorizó a hacer esas gestiones y Larreta sacó un comunicado avisando que lo iban a intentar. Con suerte en 2022 lo consigan, pero por lo menos la callaron a Patricia.

Larreta también estaba preocupado por la suba de la positividad de los test de Covid en la Ciudad. Era un número que no lo favorecía. Por suerte, pudo solucionarlo: eliminó esa estadística del reporte diario que envía su gobierno y lo cambió por la “positividad media”, que lo prorratea con datos del verano cuando la cosa no estaba tan difícil.

Pandemia sin control

Así se gestiona entonces la segunda ola en la Argentina: con la política más preocupada por las elecciones y sus imágenes que por resolver una pandemia que seguramente termine en tragedia.

Las nuevas restricicones no implican más controles. Las fuerzas de seguridad están exhaustas, muchos no tienen vacaciones hace un año. Las restricciones del DNU de Alberto van a terminar siendo una sugerencia, como viene siendo la cuarentena desde junio del año pasado, por parte de un Estado que resignó el poder de policía. “Vamos a seguir como hasta ahora", dicen en Provincia. "El control es más ciudadano que local”, cuentan. “La gente no tiene vacaciones desde el año pasado. Recién ahora egresan cadetes…”, se quejan en Seguridad provincial. Las medidas sanitarias van a quedar en la nada.

  • Si no se toma ninguna medida (más) drástica, no van a bajar los contagios y los muertos se van a multiplicar. La primera semana de mayo seguramente vamos a estar en 600 muertos diarios, aun cuando las últimas restricciones sean efectivas.
  • Si se toman medidas más duras, van a cerrar más locales, va a haber más desocupación y más pobreza. El Estado no tiene un mango más para ayudar a nadie.

La gravedad de la situación es que con esta cantidad de contagios se satura el sistema de testeo, es casi imposible rastrear contactos estrechos, imposible controlar el aislamiento de esos contactos... y eso va a hacer que los casos aumenten exponencialmente. Vale recordar: el 20% de los contagiados necesita hospitalización y es imposible para el sistema de salud atender a todos.

A esto se suman los pacientes que van entrando al sistema de salud por la postergación de tratamientos de otras patologías durante la cuarentena 2020.

Y estamos en una etapa en que ya buena parte de la población no quiere aceptar restricciones, que son las únicas que podrían hacer ganar tiempo para evitar el desastre.

Solo queda rezar a que las vacunas lleguen y hagan el efecto esperado con la primera dosis: que se pueda evitar que los vacunados tengan una enfermedad grave y se baje la mortalidad.

Eso no va a permitir volver a la normalidad, pero por lo menos va a evitar la mayor de las tragedias. Todo eso va a depender del azar. Porque la dirigencia política está demasiado preocupada por ganar las elecciones.

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