Pandemia

Alberto quedó acorralado entre la segunda ola de Covid-19, la economía y Cristina Kirchner

Según pudo confirmar A24.com, renacieron todas las tensiones entre el Instituto Patria y el ministro de Economía, Martín Guzmán.
por Mariano Obarrio | 08 de abr de 2021 - 20:20
Alberto Fernández y Cristina Kirchner (Foto: archivo).

Alberto Fernández y Cristina Kirchner (Foto: archivo).

La segunda ola del Covid-19 puede arrastrar las esperanzas electorales del Frente de Todos. El presidente Alberto Fernández está acorralado entre el virus, la economía y la vicepresidenta Cristina Kirchner. Tal como predica su jefa política, el Presidente debió adoptar una restricción dura para desacelerar los contagios del virus, perdió los estribos con la oposición, pidió postergar los plazos de pago al FMI y retrasará el aumento de tarifas públicas.

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Presidente Alberto Fernández, condicionado por Cristina

Presidente Alberto Fernández, condicionado por Cristina

Según pudo confirmar A24.com, renacieron todas las tensiones entre el Instituto Patria y el ministro de Economía, Martín Guzmán. El bunker kirchnerista quiere alentar el distribucionismo en plena pandemia con los sectores medios y bajos para asegurar un triunfo electoral en las PASO de agosto. Guzmán -que aún tiene apoyo de Alberto- resiste por ahora la presión para auxiliar a los damnificados de la cuarentena de 3 semanas que comienza hoy. No habrá IFE, ni ATP, solo planes Repro.

En plenas tensiones internas, el gobierno bonaerense de Axel Kicillof -de la línea dura K- arrastró a la Casa Rosada a dictar un DNU con medidas drásticas de restricciones nocturnas, prohibición de circulación de 0 a 6, limitación de reuniones sociales y actividades recreativas para contener el virus que ya bate récords de contagios y ayer alcanzó los 23.683 casos positivos diarios.

La oposición criticó las restricciones a las libertades y a la economía, con mucho de oportunismo político: la pandemia descontrolada no sólo alarma al Gobierno, sino a infectólogos, médicos y clínicas.

Pero la sola reacción opositora le hizo volar los pájaros al Presidente, que perdió más de lo que ganó.

“Hay que ser un imbécil profundo o una muy mala persona. Ayer leí a un imbécil que me llamaba dictador. ¿Cuál es la dictadura que estoy ejerciendo, cuidar a la gente? Miren los números, 20 mil contagiados diarios. Escuché a otros imbéciles que dijeron que los contagios son una solución política”, dijo el Presidente. Y tras cartón, desnudó su máxima preocupación y la de Cristina Kirchner. “Si tengo que perder una elección por esto, la pierdo”.

En la Casa Rosada comienzan a temer una derrota electoral. El plan para dividir a la oposición no estaría resultando. El Frente de Todos apostaba a que la coalición liberal de José Luis Espert, Luis Rosales y Javier Milei le sacara votos a Juntos por el Cambio. Sin embargo, la semana última la presidenta del PRO, Patricia Bullrich, se reunió con Milei en la casa de un amigo común: Marcelo Peretta, secretario general del Sindicato de Farmacéuticos y Bioquímicos.

Acorde al anfitrión, hubo precisamente mucha química entre Bullrich y Milei. No harán un frente electoral común para 2021. Pero unificarán políticas en el Parlamento una vez que lleguen a sus bancas de diputados, en contra del adversario común: el Frente de Todos. Y para 2023, podrían negociar una coalición.

Otro peligro que atormenta a Alberto, según pudo saber A24.com, es la conformación de un frente peronista del centro, compuesto entre el economista Roberto Lavagna, Graciela Camaño y Florencio Randazzo. Ese experimento le comería votos peronistas al FDT. Para peor, Miguel Pichetto podría lanzar su Peronismo Republicano por fuera de Juntos por el Cambio para captar más peronistas descontentos y sumar bancas para unirlas a la coalición opositora. De todo esto se habla en la oposición y en el oficialismo.

Pese a que el Covid ocupa la primera plana de los diarios y de los noticieros, el debate electoral está instalado en los pasillos de la política. De hecho, el ministro del Interior, Eduardo “Wado” de Pedro, y el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, recibieron este jueves a los bloques opositores para convencerlos de la postergación por un mes de las PASO. El Gobierno presume que con este nivel de contagios, la escasa vacunación y la economía tambaleante no podrá ganar las elecciones legislativas y retener las bancas parlamentarias para avanzar en sus reformas.

Esto inquieta especialmente a Cristina por la reforma judicial. Una derrota en las urnas, supone la expresidenta, significaría la aceleración de las causas judiciales en su contra y un triunfo del lawfare, esa presunción de persecución político-judicial que imagina la jefa.

“Alberto está debilitado y en su discurso pos-DNU mostró soberbia. Apeló al ‘yo les avisé’ y al insulto a la oposición, lo cual es una muestra de debilidad e impotencia”, señaló un dirigente del FDT que conoce bien al Presidente, a Cristina y a Máximo.

En el kirchnerismo se comenta que hace tres semanas se desató una dura discusión entre Alberto y Cristina en el marco de la definición el nombramiento de Martín Soria como ministro de Justicia. La vicepresidenta destrató tanto al Presidente que éste reaccionó y le contestó: “Si hago todo mal, me voy”. Fue otro arranque visceral del primer mandatario que no piensa cumplir.

Sin embargo, en medio del aumento de casos de Covid, Alberto se subordina a las premisas económicas electorales de Cristina. La expresidenta presionó a Guzmán hace un mes para extender los plazos de negociación con el FMI de la reprogramación de la deuda de 44.000 millones de dólares y para que ese acuerdo de facilidades extendidas –con un duro ajuste fiscal- se firme después de las elecciones. El Fondo respondió que la postergación de plazos a 20 años es inadmisible; 10 años es la norma. La firma posterior a los comicios de octubre será aceptada. Cristina también le marcó la cancha a Guzmán con los aumentos de tarifas: durante el año electoral no pueden superar el dígito. El ministro de Economía quería que acompañaran a la suba de inflación prevista de 29% para poder eliminar algo del gasto en subsidios. Pero ganó Cristina.

En estas horas, el Gobierno anunció que analiza postergar la suba de tarifas hasta fin de año, o sea luego de las elecciones. El ajuste no se tiene que sentir durante la campaña, es la receta cristinista. La excusa es el coronavirus, igual que para postergar las PASO. El subsecretario de Energía Eléctrica, Federico Basualdo, un K, dijo que el alza irá entre el 7 y el 9%. Nada del 29% como decía Guzmán. "Puede ser de un 7% o un 9% o puede directamente no ser", expresó.

Alberto Fernández acompañó la decisión K. “Para mí, el tarifario es un tema delicado y cualquier modificación debe hacerse teniendo en cuenta la situación que atraviesan los argentinos. Un argentino no puede más tener que elegir entre comprar remedios y pagar la luz", dijo el jefe del Estado en su incursión mediática de ayer. También se embanderó con la causa cristinista contra el FMI. “No debería ser tan complicado revisar los plazos de pago”, dijo durante un panel del Consejo Económico y Social.

"Aspiro a que se revisen las tasas y los tiempos. Revisar los tiempos es una cuestión contable, ampliar tiempos no quiere decir ni quitas ni demoras. Quiere decir dar más tiempo para pagar, simplemente”, abundó. Ante la presión del kirchnerismo para extender más ayuda de dinero a los sectores afectados por la nueva restricción del Covid, el Presidente defendió la postura fiscalista y responsable de Guzmán. "No creo que haga falta hoy. Si hiciera falta en algún momento, voy a ayudar a salir a los argentinos de esto. La mejor forma de ayudar es que la economía crezca, y viene sucediendo eso", dijo el Presidente.

Guzmán quiere mantener bajo control algunas variables fiscales. No solo para la negociación con el Fondo sino también para controlar la inflación. “Martín sabe que hay un límite presupuestario, que no se puede repetir el nivel de ayuda del año pasado. Que fue mientras se armaban los protocolos, en el marco de una economía paralizada. Sólo habrá ayudas puntuales en caso de extrema urgencia. Nada generalizado”, señalan en la Casa Rosada los amigos de Guzmán. Para el Instituto Patria, ese es un exceso de fiscalismo y el kirchnerismo reclama más distribucionismo, control de precios y mayor cuidado del poder adquisitivo con mano dura.

“Al fin y al cabo, Guzmán es un economista de la Universidad de Columbia, no es Axel Kicillof”, se quejan en el kirchnerismo. Kicillof, precisamente, es cada vez más crítico de Guzmán. La inflación preocupa mucho porque se comió el salario de los sectores medios bajos y disparó el índice de pobreza al 42%, allí donde Cristina y Kicillof deberán buscar el voto de agosto. Hay quienes señalan que cerca del gobernador imaginan un reemplazo de Guzmán por alguien más heterodoxo y distribucionista. Por ahora, Cristina y Máximo Kirchner respaldan a Guzmán, al igual que el Presidente. Pero nadie sabe cuándo dejarán de apoyarlo.

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