En La Matanza, donde suelen cocinarse los lanzamientos y cierres del peronismo, son taxativos. “Donde hay intendentes que reeligen, no va a haber internas”, aseguran ante este portal. Y arriesgan que las primarias podrían hacerse para gobernador y presidente si los distintos aspirantes no se ponen de acuerdo.
Pero hacen una salvedad. Forzosamente tendrá que haber lista única a nivel provincial porque nadie quiere repetir la tortuosa experiencia de Aníbal Fernández y Julián Domínguez en 2015 --con acusaciones que siguen rumiándose hasta hoy--. Al peronismo no le salen bien esas mezclas de republicanismo con sana competencia. “Es más, confío más en la unidad a nivel provincial que para la presidencial”, ensaya un pejotista al tanto de las conversaciones.
Todas estas hipótesis, sin embargo, quedan a merced de la oferta presidencial, que a su vez está condicionada por el frente judicial. El grueso del peronismo bonaerense se piensa el año que viene con Cristina candidata, lo que permitiría que la cadena de aspiraciones territoriales se acomodara casi de manera automática. Por eso el universo K (con apoyo de los intendentes) se esfuerza en construir Unidad Ciudadana en todo el país. Como si ya tuviera resuelto el enigma.