Trump admitió además que sondeos internos muestran escaso respaldo a la intervención —apenas 27 % de aprobación según Reuters y Ipsos—, pero restó relevancia a esas cifras y sostuvo que su obligación es impedir que “gente loca” acceda a armas nucleares. “No me importan las encuestas. Tengo que hacer lo correcto. Esto debería haberse hecho hace mucho tiempo”.
Impacto regional y víctimas
Mientras Washington expresa confianza, la reacción iraní y de sus aliados generó desestabilización en el Golfo y en los mercados energéticos. La compañía estatal QatarEnergy detuvo toda su producción de gas natural licuado tras ataques con drones contra sus plantas, lo que impulsó el precio del gas en Europa un 40 %. A la vez, la refinería saudí de Ras Tanura y buques petroleros en el Mar de Omán fueron alcanzados por proyectiles atribuidos a Teherán.
El saldo de muertos continúa en aumento. La Media Luna Roja iraní reportó al menos 555 fallecidos en territorio persa desde el sábado. En Israel, los ataques con misiles causaron 11 víctimas, entre ellas personas que se encontraban en una sinagoga de Beit Shemesh. El Pentágono confirmó también la muerte de un cuarto soldado estadounidense y la pérdida accidental de tres cazas F-15E, derribados por defensas antiaéreas de Kuwait durante la confusión de los combates.
Desde Teherán, el responsable de seguridad nacional Alí Larijani descartó negociaciones inmediatas y advirtió que el país se prepara para una guerra prolongada tras el vacío de poder generado por la muerte de Khamenei. China, por su parte, denunció que Occidente actúa bajo una “ley de la selva”. En Washington, el secretario de Estado Marco Rubio prevé defender este martes ante el Congreso de Estados Unidos la legalidad y los objetivos de la ofensiva.