Hay una vieja publicidad en el Brasil de la década del 80, que dice: “Eu sou voce amanhã” (Yo soy vos mañana). Jair Bolsonaro cree que eso es lo que Venezuela le está diciendo a la Argentina, tras las elecciones presidenciales del último domingo.
Hay una vieja publicidad en el Brasil de la década del 80, que dice: “Eu sou voce amanhã” (Yo soy vos mañana). Jair Bolsonaro cree que eso es lo que Venezuela le está diciendo a la Argentina, tras las elecciones presidenciales del último domingo.
Bolsonaro se mete, equivocadamente, en la política interna de Argentina porque entiende que no va a haber kirchnerismo moderado, ni siquiera lo llama peronismo. Para él quien va a manejar a Argentina es Cristina Fernández.
Durante el gobierno de Cristina, con Guillermo Moreno en la secretaría de Comercio, Brasil sufrió mucho, sobre todo en lo relacionado con la exportación de trigo.
Pero hoy tiene una política de apertura hacia el mundo, con una propuesta de reducción de aranceles de diez mil productos, para que aumente la competitividad local y para que el consumidor pague menos.
Por otra parte, Bolsonaro propuso una reducción de la tarifa externa común para los vehículos que no tengan origen en el Mercosur, del 35% al 12%. Esto significa que un auto argentino tendría que competir con otro de cualquier parte del mundo.
Del mismo modo, busca abrir la economía de Brasil al mundo a través de acuerdos bilaterales, algo que hoy el Mercosur no permite.
En este contexto, la situación futura será claramente de rispidez. Y hay cuestiones que Bolsonaro interpreta como un agravio, como la foto de Alberto con un grupo de gente en su casa y atrás la imagen de la “L” de Lula Libre, que apareció en el diario Folha de Sao Paulo.
Los dos se equivocan: Bolsonaro al meterse en la política interna de Argentina y Alberto, al entrometerse en la justicia brasileña.
A esto se agrega que la semana que viene, el 6 de noviembre, habrá una decisión de la Corte Suprema brasileña sobre la vigencia de la prisión preventiva para condenados en segunda instancia, como es el caso de Lula.
Si se llega a cancelar la prisión preventiva en segunda instancia, es probable que Lula salga en libertad y esto va a generar un problema mayor a la relación, porque muchos van a salir a festejar en una clara provocación a Bolsonaro.
Mientras tanto, Argentina precisa de Brasil mucho más de lo que Brasil necesita de Argentina, porque es el principal destino de sus exportaciones.
Las exportaciones de productos argentinos hacia el territorio brasileño son del 36%, mientras que las inversas son del 6% y bajaron violentamente desde el año 2000.
De cada 100 dólares que Brasil exporta al mundo, hoy sólo 4,60 dólares son hacia Argentina.
Otro dato relevante es que Brasil es uno de los pocos países del mundo que tiene superávit comercial con China: 17.000 millones de dólares. Y cuenta con un comercio equilibrado con Estados Unidos.
Con Argentina, Brasil tiene déficit comercial simplemente porque ésta no le compra productos. La cantidad de empresas exportadoras de Argentina a Brasil es muy baja, sólo 2.684 sobre un total de 814.000 existentes. Y apenas cuatro empresas (Volkswagen, Toyota, YPF y Ford) concentran el 29% de las operaciones.
Por todo esto, para Bolsonaro, Argentina corre otra vez el riesgo de seguir los pasos del chavismo en Venezuela.
(*) Analista internacional, consultor y director CEO de Center Group