Lula en Argentina

"Sur", la moneda común entre la Argentina y Brasil: qué significa y cual sería su utilidad

Podría formar el bloque monetario más grande del mundo luego del euro y reducir la dependencia del dólar en operaciones regionales.
Roberto Adrián Maidana
por Roberto Adrián Maidana |
¿Brasil y Argentina pueden tener una moneda en común? (Foto: archivo).

¿Brasil y Argentina pueden tener una moneda en común? (Foto: archivo).

"Comenzar a estudiar los parámetros necesarios para una moneda común, que incluye todo, desde cuestiones fiscales hasta el tamaño de la economía y el papel de los bancos centrales”. La definición recogida por los medios brasileños corresponde al ministro de Economía argentino, Sergio Massa. En esa frase, se resumen los propósitos de esa posible unión monetaria, pero también los múltiples temas que deben estudiarse y compensarse para que eso se logre.

En Brasil, los economistas del Partido de los Trabajadores (PT) y el ministro de economía designado por Lula da Silva, Fernando Haddad, hace tiempo que tienen una idea similar. Esto serviría para potenciar un mercado común en el ámbito de la macroeconomía. Pero el papel que puede jugar Brasil en ese nuevo parámetro -de nuevo, a futuro- le podría dar un papel mucho más determinante que el que Alemania tiene en la Unión Europea y la “administración” del euro.

Previo a la llegada del flamante presidente brasileño a la Argentina, diferentes medios adelantaron que de Buenos Aires pueda surgir un compromiso en esa dirección. Entre ellos, el Financial Times. Pero, ¿cuán rápido se puede avanzar para que sea una realidad?

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Sergio Massa y Fernando Haddad, ministros de economía de Argentina y Brasil. ¿Una moneda común para ambos y luego para la región (Foto: gentileza LVC).

Sergio Massa y Fernando Haddad, ministros de economía de Argentina y Brasil. ¿Una moneda común para ambos y luego para la región (Foto: gentileza LVC).

¿Adiós al peso y al real?

El plan de una moneda común, por el momento, solo podría aplicarse para tener como base de transacciones económicas entre ambos países, sean los Estados o las empresas. Si se impusiera el nombre sugerido “Sur” esto no significa que tendría el mismo valor o cumpliría la misma función que el euro en la Unión Europea. No es posible pensar -ni es el objetivo ahora- tener una monda común que elimine a las monedas nacionales como sucedió en el Viejo Continente.

El propósito de "Sur" (tomemos ese nombre como válido en esta nota) estaría aplicado en un principio a las cuestiones macro del intercambio entre ambos países, para establecer mecanismos de compensación o relación entre las economías sin tener que "pasar por el filtro del dólar". Pero esto supone una serie de pasos que llevan tiempo. Mucho más cuando hay tanta asimetría entre el valor de la moneda de uno y otro país. Además de la desproporción que también existe entre la inflación de Brasil y la de la Argentina.

Hace un año, en el verano pasado, la cotización del real sobre el peso era de 30 a 1. En este 2023, la cotización es más del doble. Un real equivale a 70 pesos en el mercado blue.

Los indicadores económicos de un país y otro son muy diferentes. Algunos datos básicos:

  • Inflación anual: Brasil 5,9%. La Argentina, 94,8%.
  • Reservas: la Argentina, en el inicio de 2023, tiene US$ 8.400 millones. Este monto se compone por 3.695 millones de dólares en oro y un remanente de 5.886 millones de dólares en concepto de Derechos Especiales de Giro (DEG) del FMI (es el 1% del PBI). Las reservas estrictamente líquidas fueron negativas en 1.158 millones de dólares.

Brasil acumula reservas por 353.169 millones de dólares, que representan el 24,4% del PBI.

  • Exportación: la Argentina exporta a Brasil el 15,1% de su producción, es el principal mercado. En cambio, Brasil solo exporta el 4,2% de su producción a nuestro país.
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Alberto Fernández y Lula da Silva, los presidentes de Argentina y Brasil, relanzan la relación bilateral (Foto: Télam).

Alberto Fernández y Lula da Silva, los presidentes de Argentina y Brasil, relanzan la relación bilateral (Foto: Télam).

Un proceso lento con múltiples negociaciones.

Fernando Haddad escribió hace un año un artículo en el influyente Folha de Sao Paulo sobre esta chance de ir hacia una moneda común para determinadas operaciones. Esto tendría que desembocar en la necesaria creación de un Banco Central Sudamericano. Un organismo supranacional que regulara las distorsiones entre las diferentes economías de la región, no solo ya de Brasil y Argentina. Si el proyecto se realizara, podría extenderse primero al Mercosur y luego a los demás países de esta parte del mundo.

Pero para conformar ese Banco Central, como el que establece parámetros económicos en la UE, se haría por el aporte de "cuotas" acorde a la capacidad de la economía de cada país. Brasil, lógicamente, sería el principal aportante a ese banco común.

Pero el autor de esa idea, Haddad, lanzó en julio de 2022 su candidatura para ser gobernador de San Pablo. Por lo que olvidó la iniciativa durante la segunda mitad del año pasado.

Tras perder los comicios, Lula da Silva lo rescató para su gabinete nacional. Desde el 1 de enero de este año, se transformó en el ministro de economía de Brasil. Puede retomar su papel de trabajo, aunque ya avisó que ese proceso demandará mucho tiempo.

La moneda común y la estabilidad política regional

La nueva moneda podría ser utilizada tanto para flujos comerciales y financieros entre países de la región. Con parámetros propios -no ya el dólar- para establecer el valor de las transacciones. Pero de nuevo, vale tener en cuenta la experiencia europea.

No solo se trata de tener una moneda "común". El "Sur"- si ese llega a ser el nombre que se imponga- no puede quedar aislado de valores que están más allá de un alineamiento ideológico. Para unirse a la Unión Europea hay estándares mínimos de desarrollo o estabilidad que cumplir. Y eso no cambia, aunque gobiernen fuerzas políticas de derecha o de izquierda en el Viejo Continente.

Además, otro compromiso es fundamental: la democracia, el respeto por la división de poderes y el estado de derecho es previo a cualquier compromiso económico. Este también es un desafío antes de poder plantear un "Sur" o moneda común que no sea un deseo voluntarista.

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