La Jungla del Poder

Unidad nacional vs. conflicto permanente: las dos caras de una sociedad estancada

Los festejos por el Mundial se terminaron rápido para la política. Un inexplicable conflicto entre Nación y Ciudad enterró el sueño de achicar la grieta.
Pablo Winokur
por Pablo Winokur |
Unidad nacional vs conflicto permanente. (Foto: Telam)

Unidad nacional vs conflicto permanente. (Foto: Telam)

El martes por la mañana empezó a movilizarse la gente. Caminaban como zombies, hacia la nada. Fue un festejo raro porque a partir de esa hora el titular de la AFA, Claudio "Chiqui" Tapia -hoy convertido en Emperador-, decidía cambiar el recorrido del micro que llevaba a la Selección y dejó descolocada a toda la seguridad del evento. A partir de ahí todo fue confusión.

El recorrido original se había consensuado entre Nación, Ciudad y Provincia para hacer que la gente se disperse por todo el trayecto. Pero por algún inexplicable motivo, la AFA decidió que el micro solamente desfilaría por la 9 de Julio. El Obelisco colapsó y finalmente los jugadores ni pudieron entrar a Capital.

Pero la gente caminaba al ritmo de “Muchachos” en sus múltiples versiones. Caminaba de manera desorganizada, preguntándose unos a otros por dónde iba a pasar el micro y viendo a dónde los llevaba el viento. "¡Somos campeones!" No sé si importaba demasiado el micro. Encima, en algunos puntos de la concentración no había señal de celular así que todo era intuición y rumor.

¿Por qué todos salimos a las calles en los festejos desde el domingo hasta el martes? Una combinación de posibilidades:

  • Argentina hacía 36 años que no salía campeón.
  • Desde el último campeonato Mundial que ganó Argentina, el fútbol se masificó de una forma sin precedentes. Hasta el Mundial 90 no había cable y ni siquiera se televisaban todos los partidos.
  • Todo una generación, incluyendo la mía, no vio a la Argentina pasar de cuartos de finales hasta 2014 a pesar de que siempre éramos candidatos. Siempre alguna tragedia o casualidad del destino ahogaba la fiesta.
  • Era la última oportunidad del bueno de Messi de levantar la Copa.
  • Esta era una selección que entusiasmó desde sus figuras y por los resultados previos. Hasta había identificación con el cuerpo técnico.
  • Quizás cierto desahogo por la crisis económica recurrente que no nos permite festejar nunca nada (desde hace 8 u 12 años, según en qué lugar de la grieta te plantes).
  • Quizás el desahogo de volver a juntarse en un lugar público después de la pandemia.

Por todo eso, la selección fue durante todos estos años -y particularmente este mes- un símbolo de cohesión social que trascendió cualquier diferencia política, social, ideológica, de clase, de género, de equipo de fútbol. Por una vez todos queríamos lo mismo.

Viendo por TV esa movilización, un viejo dirigente político de casi 70 años se preguntaba por qué ya la política no tiene ese poder de movilización. Recordaba el recibimiento de Perón, las movilizaciones durante el primer peronismo, la vuelta a la democracia… Y lloraba por los tiempos perdidos.

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Una postal del masivo e histórico festejo tras la obtención del Mundial (Foto: archivo).

Una postal del masivo e histórico festejo tras la obtención del Mundial (Foto: archivo).

Es un error tremendo intentar politizar las movilizaciones. También es un error teñir de contenido político la negativa de los jugadores de visitar al Presidente. No solo no les interesó ese encuentro; tampoco se vieron con Macri, que estaba en Qatar en el mismo momento. Habla no solo de la relación de esa generación de 30 (promedio) con los políticos, sino también con las autoridades en general y con las instituciones. No está dentro de su radar. Esto no tiene carga valorativa, es una descripción de la realidad.

Por una inexplicable pelea política (entre Tapia y el Gobierno), el micro quedó estancado en General Paz y no pudo entrar a la Ciudad. Hubo que sacar a los jugadores en helicóptero. Estancado, como la Argentina, que otra vez volvió a quedar presa de (valga la redundancia) otra inexplicable pelea política...

De la multiplicación a la división

Mientras todos seguíamos mirando videítos con cortes de los homenajes a la Selección, la política volvió a meter la cola con una pelea inexplicable por la coparticipación de impuestos de la Ciudad.

Vamos a resumir el conflicto para que se entienda mejor sin meter números raros:

  • La Ciudad es “Autónoma” desde la Constitución del 94. Antes dependía de Nación. El jefe de gobierno lo elegía el Presidente y toda la plata que recibía salía del presupuesto nacional.
  • Había un debate pendiente sobre quién tenía que manejar la seguridad en el lugar después de que se “autonomizó”. En debate llevó más de 20 años.
  • Macri, al asumir como presidente, traspasó la seguridad a la Ciudad. La Constitución del 94 dice que si se transfiere una función de Nación a una provincia, tiene que ser con los recursos: esto lo tiene que aprobar el Congreso y “la Provincia interesada”.
  • Macri fijó un monto de plata para que la Ciudad se hiciera cargo de una parte de la Policía Federal. No queda del todo claro cómo se llega a ese número (3,75% de la recaudación). A24.com habló con distintos protagonistas de esa discusión y los argumentos son siempre difusos.
  • Al inicio de la gestión de Alberto Fernández, Larreta reconoce que el monto era exagerado y se abre una negociación. Según fuentes de ambos lados del mostrador, estaban cerca de acordar.
  • Alberto quita por decreto fondos -sin avisarle a Larreta- y se los da a la provincia de Buenos Aires, en medio de un conflicto por la seguridad en la Provincia. Larreta impugna el decreto en la Justicia. La Corte hace lugar al amparo esta semana y le devuelve a la Ciudad una parte de los fondos.
  • Alberto rechaza el fallo. Los gobernadores peronistas también. Dicen que no se puede cumplir y que perjudica a las provincias a las que supuestamente les deberían sacar la plata que iba para la Ciudad.
  • Larreta golpea la mesa y habla de que el kirchnerismo quiere “quebrar el orden constitucional, violar por completo el Estado de Derecho y atentar contra la democracia".

Esto es un conflicto político. El dinero no justifica tremenda lucha, por lo menos desde el punto de vista de Nación.

Un informe de IARAF (un think tank que se especializa en temas fiscales) dice que en 2023, sin la cautelar, la Ciudad recibiría unos $249.000 millones de coparticipación automática y unos 97 mil millones en un escenario optimista por transferencias por la Policía. “El saldo neto sería de $174.000 millones”, dice el trabajo. Equivale 0,13% del PBI.

Aunque es muchísimo dinero, en la distribución entre todas las provincias ese efecto queda licuado. Más cuando Nación también puede hacer su esfuerzo para poner una parte. Por eso la discusión es política y no solo económica: no hay voluntad de ponerse de acuerdo.

Peor todavía, el Gobierno podría no desconocer el fallo y aplicar un plan de pagos que termine licuando la medida. Elige confrontar. Elige pelearse con la oposición, con la Corte y -lo que es peor- con la Ciudad de Buenos Aires y el electorado porteño. Los legisladores de la Ciudad del Frente de Todos tienen que defender ese recorte, alejando más la posibilidad de que en la Ciudad cambie la mirada sobre el peronismo. Además, le allanan el camino a Javier Milei, que viene creciendo sostenidamente en el distrito.

Esa decisión política fue tomada por Cristina Kirchner en diciembre de 2019, cuando dijo en La Matanza:

"Yo me imagino lo mal que se pueden sentir los intendentes del conurbano cuando un bonaerense, como tantos otros, va a trabajar a la Ciudad y mira todas esas plazas, los helechos y los agapantos, que son esas flores celestes y blancas tan lindas que hay en la 9 de julio, junto al Metrobus. Después vuelven a la realidad de su barrio, donde les falta el gas o no pudieron hacer el pavimento”.

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Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta, en otros tiempos (Foto: Télam).

Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta, en otros tiempos (Foto: Télam).

¿Esto significa que la Ciudad tiene razón? No necesariamente. El problema es la manera en que se canalizan este tipo de conflictos, que terminan siempre en un callejón sin salida. Nadie quiere ceder nada. Y de esa manera el país se vuelve inviable.

Es interesante el comunicado que sacaron los gobernadores no alineados. Son mandatarios de 4 provincias -2 de ellas peronistas- pero que no integran el Frente de Todos. Habitualmente están alineadas con el Gobierno.

  • Reconoce que la Ciudad tiene que recibir fondos por el traspaso de la Policía.
  • Advierte que los fondos que se transfirieron originalmente fueron superiores "a la necesaria para absorber el traspaso policial".
  • Denuncia que los fondos "recuperados" por Nación al sacarle la plata a Ciudad solo fueron para un distrito: la Provincia de Buenos Aires.

"Sostenemos firmemente que esos fondos nacionales, al momento de ser retrotraídos deben indefectiblemente ser distribuidos de forma absolutamente federal", dice el comunicado. ¡Qué fácil es salta la grieta cuando hay voluntad política!

El país que no avanza

Ya que estamos, el kirchnerismo denuncia que la Corte Suprema de Justicia juega para Juntos por el Cambio. Pero:

  • 3 de sus miembros tienen pasado peronista. Hay dos de ellos que están peleados a muerte entre sí.
  • 1 es de extracción liberal.
  • El oficialismo podría resolver ese problema que denuncia nombrando a un nuevo juez de la Corte Suprema. Tendría que ser alguien verdaderamente independiente porque necesita los votos de la oposición en el Senado para poder designarlo. Hasta ahora no propuso ningún nombre.

No es el único problema que aparece por la falta de diálogo entre Gobierno y oposición, y adentro del mismo oficialismo:

  • Hace más de un año que la Corte está incompleta.
  • Hace casi cinco años que no hay Procurador General de la Nación.
  • No hay ley de Consejo de la Magistratura.
  • En 2022 no hubo Presupuesto.
  • El Congreso tocó su piso histórico de sesiones en año no electoral.

Solo como muestra de Diputados, para tener una idea, en 2022 hubo 15 reuniones.

  • 18 habían sido en 2020
  • 16, en 2018
  • 25, en 2016
  • 23, en 2014
  • 22, en 2012
  • Más atrás en el tiempo, en 2006, hubo 53 reuniones.

Es la crónica de un país ingobernable, en conflicto permanente. De la confrontación eterna que solo se cerró en un mínimo instante en que la gente cantaba “Muchachos” por las calles.

La política se encargó de apagar ese sueño. Y de volvernos a la realidad de un país que gira en redondo, hundiéndose cada vez más y sin capacidad de avanzar hacia ninguna parte.

Por suerte, la alegría mundialista es demasiado grande como para quedar aplacada por peleas menores entre políticos mediocres.

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