En otras palabras, si se cumplen los requisitos, el monto aparece directamente en la cuenta, junto con el resto de las prestaciones.
Ese detalle explica por qué muchas personas no terminan de dimensionar cuánto están cobrando realmente. En la práctica, el ingreso mensual no depende solo de la AUH, sino de la combinación de beneficios. Y ahí es donde este refuerzo adquiere protagonismo.
Por ejemplo, una familia con tres hijos que percibe la AUH puede recibir más de $339.000 en concepto de asignación, si se toma el 80% que se paga mensualmente. A eso se le suma la Tarjeta Alimentar, que aporta otros $108.062, lo que lleva el total a una cifra que supera ampliamente los $440.000.
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Por qué no todos lo cobran y qué hay que revisar
Sin embargo, no todos logran acceder a este monto. En algunos casos, el problema no está en los requisitos sino en cuestiones administrativas. Datos familiares desactualizados, hijos que no figuran correctamente registrados o inconsistencias en la base pueden hacer que el beneficio no se liquide, incluso cuando corresponde.
También influye el desconocimiento. Como la Tarjeta Alimentar no siempre aparece diferenciada o no se comunica como un “extra” independiente, muchos beneficiarios no la identifican como parte de su ingreso o no saben que podrían estar cobrando más.
Este refuerzo está destinado específicamente a la compra de alimentos y forma parte de una política que busca garantizar el acceso a la canasta básica. Se acredita junto con la AUH y puede utilizarse con tarjeta de débito en comercios, sin necesidad de ningún trámite adicional.
Mientras tanto, los aumentos mensuales de ANSES suelen llevarse toda la atención, pero el impacto real en el bolsillo aparece cuando se observa el conjunto. En ese esquema, este ingreso automático se convierte en uno de los componentes más importantes.