2. Agregar yemas y saborizantes
Sumá las yemas, la esencia de vainilla y, si te gusta, un poco de ralladura de limón para darle un aroma fresco y clásico. Mezclá hasta integrar por completo.
3. Incorporar los secos
Tamizá la maicena, la harina y el polvo de hornear. Agregalos a la mezcla húmeda de a poco, formando una masa suave. No hace falta amasar, solo unir los ingredientes hasta que no se pegue en las manos. Si está muy blanda, podés llevarla a la heladera por 20 minutos.
4. Estirar y cortar
Sobre una mesada ligeramente enharinada, estirá la masa hasta que tenga un espesor de aproximadamente 0,5 cm. Cortá las tapitas con un cortante redondo de unos 5 a 6 cm de diámetro.
5. Hornear
Colocá las tapitas en una placa enmantecada o con papel manteca, dejando un poco de espacio entre cada una. Horneá en horno precalentado a 160°C por 10 a 12 minutos. No deben dorarse: el color debe permanecer claro. Dejá enfriar bien antes de manipularlas, ya que son frágiles cuando salen del horno.
6. Armar los alfajores
Uní las tapitas de a dos con una cucharada generosa de dulce de leche repostero. Luego, pasá los bordes por coco rallado para darles el clásico toque final.
Tips y variantes
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Usá dulce de leche repostero para evitar que se desparrame. Si solo tenés dulce de leche común, podés espesarlo un poco dejándolo al aire en la heladera.
No los cocines de más. El secreto de su textura está en que las tapas no se doren.
Podés conservarlos en un recipiente hermético por hasta 4 días (aunque rara vez duran tanto).
Si querés hacerlos sin TACC, existen versiones con premezclas sin gluten, pero recordá usar ingredientes certificados.
Con esta receta clásica y sencilla, podés preparar en casa unos alfajores de maicena dignos de vitrina de confitería. Son ideales para regalar, compartir o disfrutar en cualquier momento del día. Porque a veces, volver a lo simple es el mejor plan.