En ese rango, agrega, el órgano puede trabajar adecuadamente sin generar molestias y producir una capa de moco protectora, comparable al barniz o la laca sobre la madera. A su vez, esta condición estimula la liberación de enzimas digestivas desde el páncreas y la vesícula.
De acuerdo con el especialista, el estrés y la nutrición inadecuada pueden reducir la acidez estomacal y elevar el pH hasta un nivel aproximado de 4.
Aunque continúa siendo ácido, ese nivel resulta inadecuado para el funcionamiento del órgano. El médico detalla que, en esas condiciones, el estómago deja de producir el moco protector, lo que provoca irritación, ardor y dolor cuando los alimentos entran en contacto con la mucosa.
Qué efecto tienen el bicarbonato y los antiácidos
Para Jaramillo, tanto el bicarbonato de sodio como los antiácidos farmacológicos, entre ellos el omeprazol, la ranitidina y el pantoprazol, bloquean la producción de ácido y llevan el pH estomacal a un rango de 8 o 9, es decir, alcalino.
El especialista plantea que allí aparece una paradoja: al alcalinizar el estómago, el dolor desaparece, pero el órgano deja de funcionar. De esta manera, se produce una sensación de alivio porque desaparece la molestia, aunque, según su explicación, la digestión haya quedado paralizada.
Qué consecuencias puede tener la falta de acidez
El médico advierte que mantener el estómago en un estado alcalino de manera recurrente puede generar distintos problemas de salud.
Uno de ellos es la deficiencia de minerales. Según señala, disminuye la absorción de calcio, lo que incrementa el riesgo de osteoporosis, y también se frena la asimilación de selenio y zinc, micronutrientes importantes para el cabello, las uñas, la piel y el metabolismo de la hormona tiroidea.
A esto se suman dificultades para procesar correctamente las proteínas y para asimilar la vitamina D.
Jaramillo también advierte sobre las consecuencias que tendría la pérdida de la barrera ácida frente a determinadas bacterias. La falta de esta protección, sostiene, facilita la colonización de microorganismos patógenos como Helicobacter pylori y Clostridium difficile.
El mito de "alcalinizar el cuerpo" con bicarbonato
Otro de los puntos que plantea el especialista es la creencia de que el organismo necesita ser alcalinizado mediante el consumo de bicarbonato.
En este sentido, explica que cada órgano requiere su propio pH. Si bien la sangre debe mantenerse ligeramente alcalina, con un nivel de entre 7,35 y 7,45, esto no significa que todo el organismo deba presentar esas mismas condiciones.
El estómago, por el contrario, necesita un ambiente ácido, con un pH de 1 a 2, mientras que el intestino debe presentar un nivel cercano a 7.
Por eso, Jaramillo sostiene que consumir bicarbonato no alcaliniza correctamente el cuerpo, sino que destruye el pH del estómago e interfiere con el equilibrio metabólico general.
Para el médico, la verdadera alcalinidad saludable de la sangre se alcanza mediante un estilo de vida adecuado, que incluya buena alimentación, ejercicio, descanso reparador y control del estrés.
Qué recomienda el médico para cuidar el estómago
Jaramillo también se refiere a una combinación que suele utilizarse como remedio casero: limón con bicarbonato. Según explica, al mezclar una sustancia ácida con otra alcalina, ambas compiten y se neutralizan entre sí, por lo que pierden su efecto.
En cambio, sugiere consumir agua con limón sola, dado que, de acuerdo con su planteo, ayuda a estimular y recuperar paulatinamente la acidez natural del estómago.