La influencia anarquista no sólo dejó rastros en la organización obrera sino también en los propios productos que se vendían en las panaderías. Como una forma de protesta frente a la represión policial los panaderos porteños bautizaron irónicamente a las facturas con nombres que pretendían ridiculizar a la Policía, el Ejército y la Iglesia; tres instituciones claves que sostienen al Estado.
¿Qué facturas llevan el nombre de estas tres instituciones?
La Policía, por ejemplo, quedó inmortalizada en las facturas “vigilantes” debido a que usaban el bastón para reprimir. El Ejército, por su parte, como “cañoncitos” y las “bombas” que son los profiteroles. Mientras que, para burlarse de la Iglesia, crearon las “bolas de fraile”, “suspiros de monja” y los “sacramentos” porque era la responsable de legitimar espiritualmente la desigualdad social planteando ideas como “las cosas son así porque Dios quiere”.