Los pilotos Tucker, Sanders y Peterson, que jamás sospecharon el calvario que vivirían, asumieron que Calloway era solo un empleado que hacía autostop, o un "jump-seater" en la jerga del sector aeronáutico. Es decir, alguien a quien se transportaba gratis.
El feroz ataque de Calloway alteró todo en pocos minutos. Golpeó a los miembros de la tripulación con un martillo. El primer golpe se lo dio a Tucker y le provocó una fractura de cráneo.
La tripulación dejó de ser agredida cuando Calloway salió de la cabina para buscar su fusil en el estuche de la guitarra. En ese momento, Peterson y Sanders se levantaron de sus asientos y trataron de disuadir al atacante.
"Esto es un fusil de verdad, los voy a matar si no hacen los que les digo, se los juro", ordenó Calloway.
"No era una situación en la que podíamos hablar, eso no nos iba a ayudar, debíamos luchar por nuestras vidas desde el primer momento", recordó Peterson. Así que él y Sanders decidieron pelear por sobrevivir.
El primero lo empujó a Calloway para aplicarle varias trompadas. Algo que logró recién, a duras penas, cuando se sumó el segundo. Mientras tanto, todavía con cierta movilidad tras el golpe, Tucker alertó al Centro de Control de Tráfico Aéreo de Memphis de lo que estaba ocurriendo. Algo extraordinario por su estado.
A continuación, Tucker realizó peligrosas maniobras aéreas con el DC-10 para desequilibrar a Calloway. El piloto lesionado dio vuelta al avión en pleno vuelo y llevó la situación al límite mientras perdía control de su propio cuerpo ya que hacía todo esto con fractura de cráneo.
"Tucker nos salvó la vida, lo que hizo con ese avión todavía no puedo creerlo", dijo Sanders acerca de la osada maniobra ejecutada por su compañero.
Luego, Tucker puso el avión a su posición habitual y llamó al centro de control para pedir una ambulancia y un apoyo de las fuerzas de seguridad para controlar a Calloway quien, luego de la maniobra del avión, se golpeó la cabeza.
Controlado el atacante, Sanders piloteó el avión hasta aterrizar en una pista de Memphis.